29.05.2020

Esta entrevista fue realizada el 20 de mayo de 2020.

Conversamos con David Cantero Pérez, economista especializado en ayuda humanitaria y ex director de la oficina de Médicos Sin Fronteras (MSF) para América del Sur de habla hispana entre 2013-2018 y actualmente coordinador de la respuesta de MSF en Venezuela ante la COVID-19.

David, estás en Venezuela coordinando un proyecto para dar respuesta a la COVID-19. ¿Cómo llegaste allí?

Cuando acabé mi contrato en Buenos Aires a finales del 2018, mi mujer empezó a trabajar en un proyecto de MSF en Amán, Jordania. En 2013, ella y mis hijas me acompañaron a mí cuando nos instalamos en Buenos Aires, Argentina, por mi trabajo. Ahora, era mi turno de acompañarla a ella por su nueva posición y fuimos como familia hacia Jordania. Durante unos cuantos meses me encargué de las cuestiones domésticas, descansé del trabajo en MSF, tomé clases de árabe, un gran pendiente que tenía desde hacía 20 años, cuando trabajé en Palestina.

Al tiempo, tenía ganas de reactivarme laboralmente de algún modo. Me puse a buscar trabajo y fui seleccionado por MSF para hacer una consultoría en Venezuela. No dudé: era algo de pocas semanas que no me alejaría demasiado tiempo de mi familia, era un reto bonito e interesante. En la consultoría yo tenía que ayudar a encontrar un modelo de mayor coordinación entre los equipos de de MSF en Venezuela, buscando ser aún más eficientes, o sea, más baratos y eficaces. ¡Irresistible desde mi punto de vista! Así que volé a principios de marzo.

Pero llegó el nuevo coronavirus… ¿y qué pasó?

Llegó la COVID-19 y… bueno, nos confinaron a todos. Para hacer mi consultoría necesitaba entrevistarme con los miembros del equipo, pero ellos se pusieron a trabajar en la posible respuesta a la pandemia y “cariñosamente” me fueron dejando de lado. A la par, las fronteras del mundo se cerraron: no podía salir de Venezuela ni entrar a Jordania. Quedé atrapado. Al principio fue más o menos fácil de digerir, uno piensa que serán unas semanas, quizás un mes… pero según se alarga la cosa y se cancelan los vuelos de vuelta a casa una y otra vez… se empieza a hacer cuesta arriba. Yo tendría que ser el amo de casa y, de alguna manera, dejé colgada a mi mujer, que como responsable médica en Amán está con muchísimo trabajo y encargándose de las niñas -en un confinamiento que comenzó mucho antes en esa parte del mundo-.

¿Cómo fue que asumiste la posición de Coordinador del proyecto que da respuesta a la Covid-19 en Venezuela?

MSF trabaja en Venezuela desde 2015 y cuando surgió la COVID-19, diseñó rápidamente un proyecto para responder a lo que podría ser una catástrofe grande en un país con un sistema de salud castigado. Armaron un equipo y me preguntaron si quería coordinarlo. De nuevo, ¡otra propuesta irresistible! Mentiría si dijera que no me sentía un poco oxidado después de siete años alejado de la gestión de operaciones, y la COVID-19… es algo nuevo para todos, pero acepté contento de volver a ser parte de nuestra acción directa y porque hago equipo con una médica con mucha experiencia en epidemias. En MSF todos tuvimos que pasar al “modo emergencia” de un día para el otro. En mi caso, supuso cambiar mis días de calma, entrevistas y reflexión por la acción.

¿Cómo es un día típico de tu vida actual?

Me mudé del hotel en el que me alojaba a un apartamento con parte del equipo. Por ser trabajadores humanitarios podemos movernos para trabajar: salir de casa, ir al hospital, a la oficina. Eso nos ayuda a pasarla mejor, sumado a que los días se hacen largos porque estamos muy ocupados, casi sin tiempo de pensar en otras cosas que no sea poner en marcha lo antes posible el centro de COVID-19 que estamos montando en el Hospital Pérez de León II, en Petare, uno de los barrios más poblados de Caracas. Aunque en Venezuela, hasta el momento no se ha registrado un gran número de casos, nos cuidamos para no caer enfermos. Sería terrible. Vivimos juntos y si uno se enfermara habría que aislarlo junto a todos sus compañeros de piso, lo que tendría mucho impacto en el proyecto. Pero el gran reto vendrá cuando empecemos las actividades en el hospital, ya tenemos personal seleccionado y listo para comenzar a trabajar.

¿Cuáles son los objetivos del proyecto COVID-19 en Venezuela? ¿A qué poblaciones apunta y dónde?

El proyecto de MSF en Venezuela tiene como objetivo disminuir la morbi-mortalidad por COVID-19.

En Caracas elegimos trabajar en el Hospital Pérez de León II porque además de haber sido nombrado hospital “centinela” para la COVID-19 por el Ministerio de Salud, está ubicado cerca de Petare, una de las barriadas populares con mayor población en América Latina y, por ello, una zona de mucho riesgo si estallaran los casos de COVID-19. Nos enfocaremos en tratamiento de casos, apoyo en salud mental a pacientes, familiares y equipo sanitario, promoción de salud y a trabajar con la comunidad para ayudar en la identificación, seguimiento y traslado de casos con tres ambulancias. Además, si nos acercásemos a un colapso, tenemos un plan de contingencia que consiste en una estructura peri-hospitalaria para descongestionar los hospitales, algo similar a lo que hemos hecho en otros países como España. Pero tenemos que ser claros: todo está sujeto a que tengamos equipos de protección personal suficientes. Tenemos stock para arrancar y se están viendo todas las posibilidades de compras locales, regionales e internacionales, pero hoy en día ese material crítico es muy escaso y estamos compitiendo por su compra en todos los mercados del mundo y a unos precios desorbitantes. Esto me preocupa mucho.

Además en Venezuela estamos adaptando los proyectos en los seis estados donde venimos trabajando hace tiempo, preparándonos en cada proyecto para la posible llegada de casos con material, formaciones y diseño de nuevos circuitos de atención a pacientes.

¿Sientes alguna diferencia entre esta experiencia y las anteriores que has hecho con MSF?

Las cosas han cambiado mucho desde que comencé a trabajar con MSF en 1996, sobre todo en cuanto a la especialización y las comunicaciones. Ahora tenemos perfiles especializados para todo, alguien que solo se ocupa de recursos humanos, finanzas, logística; antes eran tareas que se combinaban en un solo puesto. En cuanto a las comunicaciones, ahora, o eres capaz de responder mails mientras chequeas tu WhatsApp y lees el Twitter, o te quedas atrás en las discusiones.

Esta emergencia además trajo novedades: somos muchas personas trabajando de forma remota y eso dificulta a veces la comunicación y la rapidez. El cara a cara tan importante en muchas ocasiones, se ha sustituido por centenares de mails y teleconferencias online interminables que se cortan una y otra vez… muchas veces son una pesadilla.

En lo personal, la diferencia es mi programación mental: si sé que vengo para seis meses o un año, me programo y ya. Pero esta vez venía un mes, era algo que me alejaba de mi familia un corto periodo, y ya van dos y serán mínimo tres meses afuera. Eso implica estar lejos de mi familia mucho más de lo previsto justo en este momento. Eso es lo que más me pesa. Aunque, por otro lado, me reconforta saber que estoy siendo útil en esta situación excepcional.