11.05.2020

Frederic *, sobreviviente de tortura, vive en un campo de refugiados en Grecia. Habló con Médicos Sin Fronteras sobre cómo utiliza lo que aprendió en su recuperación después de ser torturado para hacer frente al encierro y la amenaza por COVID-19. 

“Al comienzo de esta situación con el coronavirus, pensé que todo terminaría en una o dos semanas. Luego de descubrir más sobre la enfermedad y cómo se propaga, me di cuenta de que era mucho más grave de lo que pensaba.

El número de muertos se disparó de la noche a la mañana. No lo vi venir, me causó mucho estrés. Cuando la cantidad de muertes llegó a 600-700 por día en Italia y España, me costó mucho, psicológicamente hablando. Recuerdo que hablé con mi psicóloga porque estaba realmente asustado. 

Escuché historias de personas que gozaban de buena salud un día y al siguiente estaban muertos. Los médicos y los trabajadores de la salud también estaban siendo víctimas de la enfermedad; parecía destruir todo a su paso.

 

Entonces el gobierno griego anunció el cierre. Tuve que quedarme y dejar de trabajar; mi jefe nos pidió a todos que dejáramos de trabajar. Entonces, me di cuenta que la enfermedad tendría un impacto real en mí. Pasé mucho tiempo pensando sólo en la enfermedad: cuándo terminaría, si yo o las personas cercanas a mí moriríamos en la pandemia.

Pensaba en eso cada vez más. Muchos pensamientos negativos aparecieron en mi cabeza y tuve muchos flashbacks. Ya había sufrido lo suficiente y ahora parecía que el sufrimiento comenzaría de nuevo. Me preguntaba cómo podría escapar esta vez. 

Ya había experimentado tortura antes de salir de mi país y de cruzar el mar. Ya había experimentado un momento en que estaba realmente enfermo y preocupado por mi futuro. Pasé por esto y luego, gracias a Dios, después de un largo período de tratamiento médico, me recuperé.

Cuando mejoré, me prometí que usaría mi experiencia pasada para ayudarme a lidiar con la pandemia. Me di cuenta de que las dificultades que había superado en el pasado eran mayores que esta pandemia. Así es como me convencí a mí mismo de que el bloqueo no era motivo para detenerme y superar esta situación.

El único momento en que me invade el miedo es cuando estoy encerrado en mi contenedor. En el campo vivimos cinco o seis personas por contenedor. Sé que no puedo evitar que la gente venga a ver a mi compañero de cuarto y no tengo más remedio que hacerles un gesto para que se mantengan alejado. Pero eso es todo lo que hago.  

No tenemos alternativa: este es el único espacio que tenemos para vivir. Al mismo tiempo, somos conscientes de que hay otras personas con necesidades aún mayores, personas que tienen menos espacio, por lo que debemos aprovechar al máximo el lugar limitado que tenemos. 

Me siento afortunado porque al menos estoy en un campo, con un lugar para vivir. También tenemos un estadio donde podemos hacer ejercicio. Eso me hace estar en una mejor posición que las personas confinadas en departamentos sin espacio para hacer ejercicio. 

 

Estoy en proceso de recuperación porque me lastimé la rodilla después de las experiencias que viví en mi país. Mi consulta médica está actualmente interrumpida por esta situación, pero mi médico me llama a menudo para verificar cómo estoy.  Sé que todo el planeta está experimentando lo mismo, pero lo que es diferente para nosotros, como refugiados, es que nuestras condiciones de vida, combinadas con el bloqueo y la amenaza del virus, imponen un doble estrés. 

Es difícil no tener personas con las que puedas hablar. Cuando no tienes personas a tu alrededor en las que puedas confiar, no es fácil relajarse. Mi psicóloga, Zoe, es una de las pocas personas con las que realmente puedo hablar. Desde que comenzó el cierre, he hablado con ella la mayoría de las semanas. 

Quiero agradecer a todo el personal de Médicos Sin Fronteras por la ayuda que nos brindaron porque, en realidad, no es fácil. No te puedes imaginar la diferencia que tiene tener este apoyo”.

 

* El nombre ha sido cambiado

 

Desde 2014, la clínica de rehabilitación víctimas de la tortura de Médicos Sin Fronteras en Atenas ofrece atención médica y apoyo psicosocial a los migrantes y refugiados que han sobrevivido a la tortura u otras formas de maltrato en su país de origen, durante el viaje, o en su estadía en Grecia.