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22.07.2021
 
* Por Patricia Martínez Rodríguez, psicóloga mexicana de MSF que junto con un equipo médico y de enfermería visitan comunidades de la Sierra de Guerrero afectadas por la violencia para brindar atención médica.
 
La Sierra de Guerrero es majestuosa e imponente, a veces te da la impresión de que puedes tocar el cielo o que puedes perderte en la neblina que va bajando mientras la recorres, pero esos caminos de tierra con pastos verdes, animales de granja y flores multicolores son también intransitables y muy peligrosos, especialmente para las mujeres, quienes saben muy bien que el tener que ir a ordeñar la vaca, a pastorear al rebaño, cosechar o conseguir la madera para el fogón, puede significar no volver a casa. 
 
Una madre con la voz quebrada me dice: “sé que cualquier día, cuando mi hija salga por algo, puede que no regrese, me la paso intranquila hasta que la escucho llegar”.
 
Esta preocupación la acompaña todos los días pues sabe que otras mujeres de la comunidad han sido agredidas sexualmente.  La desesperanza la inunda, “no hay con quién acudir, aquí no hay ley”, me dice. 
 
Me confiesa que desde hace tiempo no siente paz. El ruido de detonaciones de armas y las voces amenazantes forman parte de su cotidianidad en la Costa Grande de Guerrero. Esta desesperación, miedo y hartazgo la comparte con otras mujeres. 
 
En sus pensamientos están sus alternativas, sus opciones, sus resistencias. Su intuición construye la idea de migrar, migrar para sobrevivir, migrar del escenario sin ley. Esta no sería la primera vez. 
“Tendremos que dejar todo, sólo nos iríamos con la ropa que llevemos puesta y algunas pequeñas cosas que podamos cargar”, ¿A dónde? No está claro, ¿Cómo?, tampoco. El objetivo es salir caminar senderos nuevos. 
 
¿Cómo manejar esta incertidumbre? ¿Cómo empezar de cero una vez más? ¿Cómo sobrevivir? son las primeras preguntas que me surgen al escucharla, inmediatamente me vienen las respuestas; las mujeres que viven en la Sierra de Guerrero, en medio de las “guerras que no acaban”, existen, resisten, se organizan y juntas, ella y yo, creemos en lo imposible.
 
“Hablarlo con usted, para mí es una manera de saber que por lo menos hay alguien en el mundo que sabría de mí, de mi historia y eso me hace sentirme protegida”.