16.08.2019
Las llamadas “ciudades de guarnición” se encuentran en todo el campo del noreste de Nigeria, donde ciudades enteras o enclaves ahora son coordinadas por militares. Allí se han establecido campos para personas desplazadas. Desde diciembre de 2016, MSF ha brindado servicios de salud y protección en las ciudades de Gwoza y Pulka, en el estado de Borno, para personas que han huido del conflicto entre los militares y los grupos opositores armados, además de la terrible violencia que se ha desatado en esta región por una década.
 
Severine Courtiol Eguiluz, quien trabaja con MSF en Nigeria, habla sobre las necesidades urgentes de las personas desplazadas y los desafíos que MSF enfrenta para brindarles la protección necesaria, especialmente a los niños que han vivido la mayor parte de sus vidas en el conflicto prolongado.
 
“Junto con el agua, el refugio, la alimentación y la atención médica, la protección es una necesidad básica para las personas desplazadas. Cuando llegan al campos, ya han pasado por muchos eventos traumáticos. Han sido víctimas de violencia y sobrevivieron a agresiones sexuales. Han sido testigos de abusos y asesinatos de seres queridos; sus casas han sido dañadas y quemadas; y las familias se han separado unas de otras. Para grupos especialmente vulnerables, como las familias encabezadas por mujeres o los niños no acompañados, se necesita protección inmediata, tan pronto como llegan, para evitar exponerlos a otros riesgos de violencia”.
 
Para los niños, crecer en medio de un conflicto cambia completamente sus vidas a largo plazo. No tienen acceso a la escuela ni a la atención médica, y no reciben una nutrición o vacunas adecuadas. También existe la posibilidad de quedar huérfanos, y las niñas corren el peligro de verse obligadas a casarse, y el riesgo adicional de tener partos difíciles si quedan embarazadas.
 
 
 
“En un campo en Pulka, conocí a dos niñas, de 15 y 16 años, que eran del mismo pueblo y habían llegado juntas. La primera estaba embarazada y la segunda ya tenía un bebé de seis meses. Se vieron forzadas a casarse con miembros de un grupo armado. No tenían familiares para unirse al campo. Todo lo que tenían era la ropa que llevaban puesta; una de ellas no tenía zapatos. Parecían perdidas. No tenían idea de cómo sobrevivir solas en tal situación. Fue muy desgarrador verlas. Lo que es más desgarrador es que son víctimas continúas. Se vieron obligadas a casarse cuando tenían alrededor de 12 años o incluso menos, y han sido abusadas desde entonces.
 
Las identificamos en un campo de tránsito, les dimos comida y las llevamos a un hospital de MSF en la ciudad, donde recibieron atención prenatal, apoyo nutricional y apoyo de salud mental. Pero no hubo refugio privado disponible para ellas en los primeros días y no se pudo identificar a ningún cuidador. Como resultado, se quedaron en medio del campo de tránsito abarrotado, con otras 12,000 personas, en su mayoría mujeres y niños. Cuando los niños no tienen o no pueden encontrar una familia para unirse, las familias anfitrionas pueden ser una opción. Remitimos a las dos niñas a otra organización para que tomaran más medidas de protección, pero fue difícil encontrar familias de acogida para ambas, porque una de ellas estaba embarazada y la otra tenía un bebé. Eventualmente, y afortunadamente, encontraron personas de la misma aldea que aceptaron a cada niña en su familia”.
 
De enero a junio de 2019, MSF identificó a 320 niños no acompañados entre las personas que habían llegado recientemente a Pulka, desde áreas controladas por grupos armados, otros campos o que regresaban de Camerún, que necesitan protección y otra asistencia urgente. Identificar a los niños no acompañados es clave para garantizar su bienestar: si no se identifican cuando llegan, pueden perder un apoyo importante y estarán expuestos a todo tipo de riesgos asociados con su vulnerabilidad. Tendrán dificultades para acceder a la atención médica y a los alimentos; pueden tener objetos robados y experimentar violencia y explotación sexual.
 
Cualquier niño, en cualquier país y en cualquier situación, debe ser protegido con cuidado, amor y dignidad. Como se adoptó claramente en la Convención sobre los Derechos del Niño: es el derecho de cualquier niño a recibir toda la protección necesaria, incluso en un conflicto. Se debe hacer más para ayudarlos a vivir una “vida normal”, incluso en una situación que está muy lejos de lo normal “.