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14.06.2016

Hay más de 3.3 millones de iraquíes desplazados en su propio país, y Bagdad alberga a más de 600,000 personas desplazadas. 

Estas son familias que vivían en ciudades y aldeas y que ahora perdieron todo. Muchos viven en edificios sin terminar, en escuelas, mezquitas o asentamientos improvisados, a menudo en condiciones muy difíciles y deficientes. Especialmente en Abu Ghraib, vemos a personas sufriendo debido a la falta de acceso a agua potable, por las deficientes instalaciones sanitarias y las hacinadas viviendas. Estas condiciones se exacerban por el mortal verano, cuando las temperaturas alcanzan los 50 grados. 

Mohammad Ahmed Wasmy: “Mi sueño es regresar a la escuela”

 
Mohammad Ahmed Wasmy tiene 13 años. Después de que ISIS tomará el control de Mosul en junio de 2014, huyó a Abu Ghraib, un distrito al oeste de Bagdad, y se mudó con su tío.
 
No puede asistir a la escuela en Abu-Ghraib porque no tiene una identificación. La perdió cuando huyó de Mosul con su familia.
 
Desatendido por un padre que tomó a dos nuevas esposas cuando murió su madre, Mohamed Ahmed Wasmy ha estado viviendo con sus hermanos en un vecindario de Abu Ghraib. 
 
Mohamed sufre de una rara enfermedad que provoca niveles elevados de zinc en su sangre e impide que lleve una vida normal como cualquier otro niño de su edad. 
En Bagdad, él debe visitar regularmente la clínica de MSF para recibir el tratamiento necesario, sin el cual su salud se deterioraría. 
 
Su sueño es regresar a la escuela para aprender a leer, escribir y “a crecer”, como él dice. 
 
El niño también desea regresar a vivir en Mosul, pero teme no encontrar los medicamentos necesarios para tratar su enfermedad. “Espero algún día encontrarme de nuevo con mis amigos y jugar fútbol juntos,” dice Mohammad. 
 
 

Baroj: “Dejé todos mis recuerdos en Mosul”

 
Antes de huir de los avances del Estado Islámico, Baroj trabajó como enfermero especializada en la sala de cuidados intensivos en el Hospital Salam en Mosul, al norte de Irak. Cuando el grupo militante arrasó con su ciudad en junio de 2014, él y su familia huyeron a 75 kilómetros al norte de Dohuk. Ahora Baroj es asistente del coordinador de proyecto de MSF en Ninewa. 
 
“Dejar Mosul fue una de las decisiones más difíciles de toda mi vida. Implicó dejar todo atrás: mis amigos, mi trabajo, la ciudad en la que nací, mi vida en ese lugar, incluso mis recuerdos.
 
En 2013, fui seleccionado para ir al Reino Unido a recibir capacitación en el Hospital Sheffield Halam. De los 400 enfermeros de Irak, yo estaba dentro de los 13 candidatos con mejores calificaciones en los exámenes. Pero pasaron los meses y mi solicitud de visado seguía sin respuesta. Exactamente una semana antes de que el Estado Islámico tomara control de la ciudad, me dijeron que el Reino Unido había rechazado mi solicitud. 
 
Era principio de junio, se había declarado un toque de queda y yo estaba atrapado en casa. A la mañana siguiente, mi jefe me habló y me pidió que fuera a trabajar. Me dijo que enviaría a una ambulancia para recogerme. Un hospital no puede dejar de funcionar nunca, incluso durante una guerra. Unos días después, desperté en medio de la noche a causa de una gran conmoción en la calle. Todos estaban en la calle, y había rumores de que el Estado Islámico había entrado a la ciudad sin fuerza que se le opusiera. 
 
La gente comenzó a huir. No sabía qué hacer: estaba indeciso entre ir por mi familia y llevarlos a un lugar seguro y mi compromiso con el hospital. Fue un momento de gran incertidumbre. No estábamos seguros de quién tenía el control hasta la mañana siguiente, cuando vimos que las barricadas habían sido evacuadas: el ejército iraquí había desaparecido. 
 
 
Así que decidimos huir. Mi esposa estaba embarazada de nuestro primer hijo, y estaba peligrosamente cerca de la fecha de parto. Ella debería estar en labor de parto en Dohuk en este momento. 
 
Durante un tiempo, me mantuve en contacto con mis vecinos de Mosul, eso fue antes de que ISIS prohibiera los celulares. Ahora sólo podemos usar Facebook, pero con mucha precaución. Saquearon mi hogar, así que decidí dejárselo a un amigo de mi hermano, sin que éste tuviera que pagar renta. No tenemos noticias de ellos, pero supongo que la familia sigue viviendo allí o probablemente ya hubiéramos sabido algo. 
 
Recientemente, estaba viendo las noticias en la televisión y en las redes sociales, preguntándome si reconocería a alguien entre las miles de personas que huyen de los enfrentamientos en el oeste de Makhmour. Fue entonces que encontré en Facebook una foto de uno de mis vecinos más cercanos. 
 
Esta mujer, Sara, una viuda en sus cincuentas, estaba siendo sostenida por sus parientes mientras caminaba a través de un área militarizada. Fue un alivio ver que ella estaba a salvo, pero también fue triste verla sufrir tanto. 
 
Previamente, ella había perdido a una hija a causa del cáncer, y sólo tenía un hijo, que fue mi mejor amigo durante más de 10 años. Él era policía, casado y con dos hijos pequeños. Un día, no mucho después de que IS tomará control de la ciudad, dos jóvenes tocaron a su puerta pidiendo ver a su hijo. Ella lo llamó y, cuando él salió, fue baleado en frente de su madre. Cuando intentó sostenerlo, se lo impidieron agresivamente. Le mostré la publicación a mi madre, que la conocía bien, y los recuerdos la hicieron llorar. 
 
Me gustaría ponerme en contacto con ella para saber si puedo ayudarla con algo. Estoy seguro de que cuando huyeron, tuvieron que dejar todo atrás.”
 

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