15.04.2015
A finales de 2014, miles de habitantes del área de Kouango, en el sur de la República Centroafricana (RCA), empezaron a cruzar el río Ubangui buscando seguridad en la vecina República Democrática del Congo (DRC) tras meses de choques armados entre milicias rivales en la región.
 
Más de 20.000 personas huyeron a la DRC y otros miles se fueron a las cercanas localidades de Bambari y Grimari, al norte de Kouango. Todos buscaban protección tras meses de muertes, de robos y de que sus viviendas fueran saqueadas y quemadas.
 
Mientras equipos de MSF en la DRC han dado asistencia a los refugiados que llegaban, el equipo de emergencia en CAR ha empezado una intervención centrada en niños, mujeres y víctimas de violencia en la zona de Kouango. Allí el acceso a la atención sanitaria básica es muy limitado o totalmente inexistente, y los habitantes del área sufren graves carencias en cuanto a comida y saneamiento. Muchos, además, no tienen casa o la han abandonado por miedo y han ido a vivir en el bosque por miedo a los abusos de las milicias.
 
 
“Todavía hay algunos choques armados, pero a veces un simple rumor es suficiente para atemorizar a la gente y hacerla huir”, afirma Jana Brandt, coordinadora del equipo de emergencias de MSF.
 
“Hemos hallado áreas en las que todo lo que vemos son casas quemadas. La gente se esconde en el bosque por miedo a la presencia de los grupos armados”, añade. “No hay fuerzas de seguridad ni actores que presten atención sanitaria. La gente está viviendo en condiciones muy duras que pueden incluso empeorar en cualquier momento si se mantiene la inseguridad. Y además de todo esto, la estación lluviosa está a punto de comenzar y la gente que vive a la intemperie está totalmente expuesta a los aguaceros. Incluso más casas pueden quedar inservibles si los vecinos no pueden volver a prepararlas para las lluvias que empezarán a caer”.
 
“Lo que vemos aquí es un ejemplo que la situación que cientos de miles de personas sufren en la RCA cada día: una terrible mezcla de violencia, desplazamiento y falta de acceso a la atención sanitaria más elemental”, denuncia Brandt.
 
En la primera semana de actividad, las clínicas móviles puesta en marcha por MSF atendieron más de 400 consultas, la mayoría de ellas por malaria.
 
Los movimientos en el área son muy difíciles por la falta de una red de rutas mínimamente acondicionadas, y esa misma falta de conexiones es una dificultad añadida para el comercio y la llegada de suministros en la región. Incluso los transportes fluviales tienen que afrontar las barreras instaladas pro los grupos armados para extorsionar a los comerciantes.
 
Otro problema adicional se presenta por el hecho de que los grupos de pastores nómadas que tradicionalmente vienen al área para alimentar a sus rebaños tienen que huir ahora de la acción de algunas milicias, por lo que se acercan más de lo habitual a los pueblos y sus reses pastan en las tierras de cultivo, con lo que la falta de alimento empeora aún más.
 
“Es muy difícil para los agricultores trabajar en sus campos, y los pastores encuentran todo tipo de obstáculos. Con este escenario es previsible una situación de inseguridad alimentaria en el medio plazo”, afirmó la coordinadora de MSF.
 
 
Las clínicas móviles de MSF están prestando atención primaria ambulatoria varios puntos de la zona con especial atención a los casos de malaria, diarreas e infecciones respiratorias. También se pondrá en marcha una unidad de emergencias de 24 horas en Kouango y un bloque quirúrgico para los casos urgentes que no pueden ser evacuados por cuestiones médicas o de seguridad.
 
MSF trabaja en República Centroafricana desde 1997 y, actualmente, cuenta con más de 300 trabajadores internacionales y más de 2.000 trabajadores centroafricanos en el país. Desde diciembre de 2013, MSF ha doblado su nivel de asistencia médica como respuesta a la crisis. Actualmente desarrolla una veintena de proyectos, incluidas varios para atender a los refugiados centroafricanos en los países vecinos de Chad, Camerún y la República Democrática del Congo.
 
En la provincia de Equateur (DRC), los equipos de MSF centran su atención a los refugiados centroafricanos en asistencia primaria y salud mental. En el hospital de la localidad de Bili se da apoyo a las áreas de pediatría y maternidad. En marzo se llevaron a cabo cerca de 7.500 consultas, y la mitad de ellas para refugiados. También se ha realizado una vacunación contra el sarampión que cubrió a 43.000 niños y otra contra la polio que llegó a 20.000 más.