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15.04.2021

La falta de voluntad política para proporcionar una respuesta adecuada está costando la vida a miles de brasileños. Ha pasado más de un año desde el inicio de la pandemia de COVID-19 y en Brasil todavía no hay una respuesta de salud pública a la emergencia que sea eficaz, que esté centralizada y que se lleve a cabo de manera coordinada. Para que no sigan produciéndose más muertes que serían evitables, Médicos Sin Fronteras (MSF) pide a las autoridades brasileñas que reconozcan urgentemente la gravedad de la crisis y que pongan en marcha un sistema central de coordinación y respuesta frente a la COVID-19.

La semana pasada, la población brasileña representó el 11 por ciento de los nuevos contagios mundiales por COVID-19 y el 26,2 por ciento de las muertes confirmadas por esta enfermedad. El 8 de abril se registraron 4,249 muertes por COVID-19 en un periodo de 24 horas, así como 86,652 nuevos contagios. Estas inaceptables cifras son una clara evidencia de la incapacidad de las autoridades para gestionar la crisis de salud pública y humanitaria en el país para proteger a los brasileños, especialmente a los más vulnerables.

"Las medidas de salud pública se han convertido en un campo de batalla político en Brasil", afirma el Dr. Christos Christou, Presidente Internacional de MSF. "Como resultado, las políticas basadas en la ciencia se asocian a las opiniones políticas, en lugar de la necesidad de proteger a las personas y a sus comunidades frente a la COVID-19". 

 

 

"El Gobierno Federal de Brasil ha rechazado adoptar directrices integrales de salud pública basadas en la evidencia, dejando que el personal médico de Brasil maneje a los más enfermos en las unidades de cuidados intensivos (UCI) e improvise soluciones cuando no hay camas disponibles", continúa el Dr. Christou. "Esto ha puesto a Brasil en un estado de luto permanente y ha llevado casi al colapso del sistema salud en el país".

"La respuesta a la COVID-19 en Brasil debe comenzar en las comunidades, no en la UCI", dice Meinie Nicolai, directora general de MSF. "No sólo los suministros médicos como el oxígeno, sedantes y equipos de protección personal (EPP) deben llegar a donde se necesitan, sino que el uso de mascarillas, el distanciamiento físico, las estrictas medidas de higiene y la restricción de movimientos y actividades no esenciales deben promoverse y aplicarse en la comunidad de acuerdo con la situación epidemiológica local". 

"Las pautas de tratamiento de la COVID-19 deben ser actualizadas e incluir en ellas las últimas investigaciones médicas y las pruebas rápidas de antígenos deben estar ampliamente disponibles para facilitar tanto la atención al paciente como el control del brote", afirma Nicolai. 

 

 

La semana pasada, las unidades de cuidados intensivos (UCI) estaban llenas en 21 de las 27 capitales de Brasil. Además, el 38% de las muertes por COVID-19 en 2021 se debieron a personas que no pudieron acceder a una cama en la UCI. En los hospitales de todo el país existe una escasez constante de oxígeno, elemento completamente necesario para tratar a los pacientes que están graves y en estado crítico, así como de sedantes, necesarios para intubar a los pacientes en estado crítico. Como resultado, nuestros equipos han visto cómo pacientes, que de otro modo habrían tenido una oportunidad de sobrevivir, si hubieran tenido la atención médica adecuada.

"La devastación que los equipos de MSF presenciaron por primera vez en la región de Amazonas se ha convertido en una realidad en la mayor parte de Brasil", afirma Pierre Van Heddegem, reciente coordinador de emergencias de la respuesta COVID-19 de MSF en Brasil. "La falta de planificación y coordinación entre las autoridades sanitarias federales y sus homólogas estatales y municipales está teniendo consecuencias de vida o muerte".

“No solo los pacientes mueren sin acceso a la atención médica, sino que el personal médico está exhausto y sufre un trauma psicológico y emocional severo debido a las condiciones en las que tienen que llevar a cabo su trabajo”, dice Van Heddegem.

Otra limitación es la escasez de profesionales sanitarios locales. Sin embargo, el personal de salud extranjero, e incluso los brasileños con certificaciones extranjeras, no están autorizados para trabajar en Brasil. 

Además, la abrumadora cantidad de desinformación que circula en las comunidades de todo el país alimenta aún más el grado de extensión de la enfermedad y, con ello, el número de muertes en Brasil. Se evita y se politiza el uso de las mascarillas, la distancia física y la restricción de movimientos y de actividades no esenciales. Además, los políticos promocionan la hidroxicloroquina (un medicamento contra la malaria) y la ivermectina (un medicamento antiparasitario) como la panacea para luchar contra la COVID-19 y los médicos las están recetando como profilaxis y tratamiento del coronavirus. 

A esta preocupante situación en Brasil, un país que en 2009 vacunó a 92 millones de personas contra el H1N1 (gripe porcina) en sólo tres meses, se suma una campaña de vacunación contra la COVID-19 que avanza a la mitad de su velocidad. Hasta ahora, sólo alrededor del 11% de las personas han recibido al menos una dosis. Esto significa que millones de vidas dentro de Brasil, e incluso más allá de sus fronteras, están en riesgo por las más de 90 variantes del virus que circulan actualmente en el país, así como por las nuevas variantes que puedan surgir. 

"Las autoridades brasileñas han visto la propagación absoluta de la COVID-19 durante el último año", afirma el Dr. Christou. "Su negativa a adaptar las medidas de salud pública basadas en la evidencia han causado demasiadas muertes prematuras y evitables. La respuesta en Brasil necesita un reajuste urgente, basándose en la ciencia y de forma coordinada, para así evitar más muertes y la destrucción del antes prestigioso sistema de salud brasileño". 

 

MSF inició operaciones médicas en Brasil en 1991, inicialmente en respuesta a una epidemia de cólera y a un elevado número de casos de malaria.  En abril de 2020, nuestras actividades COVID-19 iniciaron con la asistencia a personas sin hogar en São Paulo. Desde entonces, los equipos de MSF han trabajado en ocho estados brasileños y han apoyado a más de 50 centros de salud, centrándose en la atención a los miembros más vulnerables de la comunidad. A medida que la pandemia avanzaba, hemos ampliado nuestro enfoque para apoyar a los sistemas de salud que son frágiles y no tienen la capacidad de brindar atención al gran número de brasileños que están enfermos y muriendo de COVID-19. Actualmente apoyamos los servicios locales para atender a los pacientes con COVID-19 en el norte de Brasil, en los estados de Rondônia, Roraima y Amazonas.

 

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