10.07.2020

A medida que se propaga la COVID-19 por Yemen, el temor generalizado al virus está provocando que muchas personas dejen de buscar atención médica, dice la organización Médicos Sin Fronteras (MSF), que recientemente ha empezado a apoyar un nuevo centro de tratamiento de COVID-19 en Saná, la capital del país, en el hospital Sheikh Zayed. El sistema de salud en Yemen ya sufría enormes deficiencias antes de la pandemia debido a la guerra y a la falta de recursos.

Actualmente, solo están ocupadas la mitad de las 20 camas para pacientes con síntomas moderados de COVID-19 en el hospital Sheikh Zayed. Según ha constatado el personal de MSF, muchas personas consideran que los hospitales son fuentes de infección y algunos dan crédito a los diversos y negativos rumores que circulan sobre cómo son tratados los pacientes con síntomas de COVID-19. Otros temen ser estigmatizados por sus comunidades si dan positivo en la prueba de la enfermedad. Como resultado, muchos yemeníes no buscan atención médica hasta que su condición es muy grave.

“Estamos viendo el enorme impacto que causa la desinformación que circula por todo el país, ya que solo sirve para aumentar el miedo al virus”, afirma el Dr. Abdulrahman, que trabaja con MSF en el hospital Sheikh Zayed. “Los hospitales son lugares seguros para los pacientes, y cuanto antes lleguen aquí, mayores serán las posibilidades de tratar sus síntomas”.

Muchos de los enfermos que llegan a las Urgencias del hospital Sheikh Zayed se encuentran en estado crítico y necesitan asistencia respiratoria inmediata. Las seis camas de la unidad de cuidados intensivos, donde los pacientes con dificultad respiratoria grave reciben atención las 24 horas del día con botellas de oxígeno que deben cambiarse cada tres horas, están ocupadas.

“Estamos alarmados por lo que vemos en el hospital, pero nuestra mayor preocupación son los enfermos que no vemos, aquellos que han decidido no acudir en busca de tratamiento médico hasta que su condición se deteriore considerablemente”, explica Caroline Ducarme, coordinadora general de MSF en Yemen.

Al igual que muchos otros hospitales en el país, el hospital Sheikh Zayed fue designado por las autoridades sanitarias como un centro de tratamiento COVID-19 y pasó de proporcionar servicios de maternidad y trauma a abordar una pandemia que ha desafiado a algunos de los sistemas de salud más desarrollados del mundo.

 

 

Yemen tiene una capacidad de diagnóstico de COVID-19 muy limitada y, por lo tanto, el virus se está propagando por todo el país sin ningún seguimiento. Después de años de guerra, el sistema de salud ya soportaba mucha presión antes de la pandemia. Ahora parece que la población ha perdido la confianza en el sistema de salud y en el personal médico.

Las recientes informaciones sobre el alto riesgo a enfermar que corren los trabajadores sanitarios también han generado serias preocupaciones a muchos de ellos sobre su propia seguridad. Muchos integrantes del personal de la salud han dejado su trabajo y se han quedado en casa, dejando a los hospitales con menos personal aún del que ya tenían.

“Nos enfrentamos constantemente al desafío de encontrar personal médico capacitado que esté dispuesto a trabajar en un centro de tratamiento COVID-19, a pesar de disponer de equipos de protección personal y de la estricta implementación de medidas de prevención y control de infecciones que tenemos en este hospital”, afirma Caroline Ducarme. “La falta de trabajadores sanitarios está debilitando aún más el sistema de salud yemení”.

El hospital Sheikh Zayed es el segundo centro de tratamiento de COVID-19 que MSF apoya en Saná, junto con el hospital Al-Kuwait. Algunos de los pacientes tratados por MSF recorren largas distancias para recibir tratamiento en la capital, lo que sugiere que hay muchas necesidades médicas que no están siendo cubiertas en otras zonas del país.

“Varios de nuestros pacientes en el hospital Sheikh Zayed provienen de provincias como Taiz y Ad Dhale y vienen aquí en busca de una atención médica esencial a la que no pueden acceder en estas zonas”, explica Roger Gutiérrez, coordinador de emergencias de MSF en Yemen. “Los pacientes que vemos tienen los medios para viajar, pero ¿qué pasa con aquellos que están gravemente enfermos que no pueden pagar el desplazamiento hasta aquí y que no disponen de ninguna otra opción médica?”.

Ante la falta de recursos, tanto para COVID-19 como para otras necesidades de salud en Yemen, MSF apela a la comunidad internacional para que movilice recursos para ayudar al país a hacer frente a esta crisis, y pide a las autoridades yemeníes que faciliten la implementación de programas esenciales.

“Hay que ampliar de forma masiva la respuesta sanitaria  para abordar urgentemente las necesidades existentes”, afirma Ducarme. “En lugar de reducir el apoyo en un momento tan crítico, la comunidad internacional debería movilizar los máximos recursos para mantener las intervenciones humanitarias en Yemen. Por su parte, las autoridades locales deben facilitar la implementación de programas esenciales y garantizar que las personas puedan acceder de manera segura a la ayuda humanitaria”.