"Trabajo con MSF desde hace siete años, pero es la primera vez que he atendido a personas heridas en este tipo de ataques. Lo que más me sorprende es la intencionalidad de las heridas".

Silas Adamoucoordinador general adjunto de MSF en Chad
14.12.2015
 
La mañana del pasado 5 de diciembre, un triple ataque suicida causó la muerte de 30 personas y dejó 200 heridos en la isla de Koulfoua, en el lago Chad.
 
Los ataques tuvieron lugar alrededor de las diez de la mañana en zonas comerciales muy concurridas. Los heridos tuvieron que ser evacuados en barco. Primero, se les trasladó a la ciudad de Guitté, a orillas del lago. 42 heridos fueron llevados al hospital del distrito de Mani, en la frontera con Camerún. Los que presentaban heridas más graves y que requerían atención quirúrgica especializada (un total de 36, incluidos 14 niños) fueron trasladados en ambulancia a la capital, Yamena.
 
Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) se movilizaron de inmediato para prestar asistencia a los heridos. El doctor Silas Adamou formaba parte del personal sanitario enviado a Mani.
 

Por Silas Adamou, coordinador general adjunto de MSF en Chad

Tras los ataques evacuaron a los heridos de la isla a un centro de atención primaria en Guitté, una pequeña localidad a orillas del lago Chad. Muchos estaban en estado grave y no habían recibido atención durante las tres horas de trayecto en barco desde la isla.
 
Los primeros equipos realizaron el triage de urgencia en el centro de salud según la gravedad de las lesiones que presentaban y las posibilidades de tratamiento con las que contábamos. Los heridos que necesitaban cirugía de emergencia fueron derivados a Yamena, y los menos graves fueron trasladados a Mani, una localidad próxima a la frontera con Camerún, y destino de mi grupo integrado por un cirujano, un médico, un enfermero y dos logistas.
 
Salimos de Yamena el domingo en un pequeño camión cargado de material quirúrgico y medicamentos. Una vez en nuestro destino trabajamos toda la noche preparando el equipo médico y quirúrgico.
 
En el hospital de Mani no había espacio, medicamentos ni equipos suficientes para atender a tal flujo de heridos. Para ampliar la capacidad, nuestro equipo de logística levantó tres tiendas con diez camas cada una e instaló un servicio de agua corriente y electricidad. Alrededor de las dos de la madrugada, ya estábamos listos para recibir al primer grupo de heridos.
 
 
Llegaron en ambulancia desde Guitté. Nunca antes había visto este tipo de heridas. Hombres, mujeres y niños tenían los cuerpos cubiertos de esquirlas afiladas. Se les habían incrustado fragmentos de vidrio, clavos y trozos de metal en el rostro, el pecho y en piernas y brazos. Muchos estaban desfigurados por las heridas.
 
No he dormido desde que llegamos aquí. Las características de las lesiones hacen que tengamos que emplear mucho tiempo con cada paciente para quitarle todos los fragmentos de vidrio o metal. Revisar todas las zonas del cuerpo nos puede llevar horas. En algunos casos va a ser necesario amputar. Como aquí no contamos con capacidad quirúrgica para realizar estas intervenciones organizamos el traslado de estos pacientes a Yamena, donde los hospitales pueden realizar estas cirugías.
 
Un traductor me permite poder mantener un diálogo con los pacientes y que me cuenten por lo que han pasado. Una mujer me explicó que había ido al mercado a comprar pescado con su hija pequeña. De repente, todo se volvió negro, “como si un velo hubiese cubierto todo lo que había a su alrededor” fueron sus palabras exactas. Se despertó en el hospital y no sabía dónde estaba su hija. La niña había resultado gravemente herida y fue trasladada a Yamena. Afortunadamente, hoy nos han dicho que está mejorando.
 
 
Todas las víctimas se encuentran en estado de shock. Están muy asustadas y con miedo acerca de lo que les depara el futuro. Se trata de uno de los mayores ataques que ha sufrido la zona en los últimos meses.
 
Trabajo con MSF desde hace siete años, pero es la primera vez que he atendido a personas heridas en este tipo de ataques. Lo que más me sorprende es la intencionalidad de las heridas.
 
Soy del norte de Camerún, una región que también está sufriendo ataques similares. Lo que me entristece es que, además de la pobreza, las personas que viven en esta región también tengan que padecer esta violencia.
 
La población no tiene forma de protegerse contra estos ataques ni tampoco adónde ir. El miedo se ha extendido en Mani, las calles están desiertas y la gente se queda en casa. En estos momentos, el hospital es uno de los pocos lugares donde hay actividad.