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15.09.2021

"Esta carpa no te protege de los disparos. Puede inundarse con la lluvia y ser desgarrada por cualquier ladrón con un cuchillo", dice Kubur, un hombre de unos cincuenta años que se sienta frente a una de las cientos de carpas de plástico instaladas por Médicos Sin Fronteras (MSF) en el campo para personas internamente desplazadas de Mbawa, en el estado de Benue, Nigeria.

“La vida en una tienda de campaña no se parece en nada a vivir en mi choza en el pueblo”, dice Kubur. “Cuando llueve, no podemos cocinar fuera, pero si cocinamos adentro, nos preocupa que la tienda se incendie”.

Kubur y su familia viven en el campo de Mbawa, en el estado de Benue en Nigeria, que ha sido el hogar de 8,000 personas desplazadas, durante cuatro años. El agricultor dice que quiere regresar a su aldea, reconstruir su casa y comenzar a cultivar nuevamente. Pero tiene miedo.

“Si regreso, temo que mi familia y yo seamos asesinados de inmediato”, dice. “Mi mayor preocupación es alimentar a mis hijos. Solía ​​tener una motocicleta, pero la perdí y mis piernas no pueden llevarme muy lejos. Tengo pocas oportunidades para ganar dinero".

Benue es uno de los estados del Cinturón Medio de Nigeria, que alberga al mayor número de personas desplazadas internas del país fuera del noreste. El número de personas desplazadas en Benue aumenta constantemente, pasando de 160,000 en 2019 a 198,000 en 2020, y más de 220,000 personas a principios de 2021. Algunas han sido desplazadas dentro de Benue, otras son de estados vecinos. Los estados del Cinturón Medio están plagados de enfrentamientos entre comunidades, principalmente entre pastores y agricultores. El conflicto se debe en gran parte a la competencia por la tierra, el agua y otros recursos.

Las familias desplazadas llevan años viviendo hacinadas en tiendas de campaña. No hay esperanza de que vuelvan a casa y se les ha privado de sus medios tradicionales para obtener ingresos. En colaboración con la Agencia Estatal de Gestión de Emergencias de Benue, construimos refugios, letrinas y excavamos pozos en el campo de Mbawa. Pero a medida que la población de los campos sigue creciendo, la necesidad de servicios es cada vez mayor. Sin embargo, con la presencia de pocas organizaciones en la zona, la asistencia es esporádica y no llega a satisfacer las necesidades de las personas en cuanto a refugios adecuados, alimentos, agua y saneamiento, atención sanitaria y protección.

 

 

En las afueras del campo, nuestros equipos brindan apoyo a una clínica de atención primaria del Ministerio de Salud (MoH) y gestionan una clínica en la que brindan servicios de salud sexual para adolescentes, salud reproductiva y atención integral para sobrevivientes de violencia sexual y de género.

Kwado Daniel, es un trabajador sanitario de la comunidad que labora en la clínica del Ministerio de Salud, comenta que la situación se ha deteriorado desde que se estableció la clínica hace cuatro años.

“Las personas están sufriendo. Las personas residentes del campo solían encontrar trabajo en las granjas durante la temporada de lluvias, pero ahora todos y todas están aquí, nadie puede cultivar. Otros grupos se apoderaron de sus tierras”, comenta.

“Hay pacientes que vienen con diarrea sanguinolenta, tifoidea y desnutrición. Es poco lo que puedo hacer para ayudarles, ya que nos quedamos sin medicamentos en la clínica del Ministerio de Salud. Me siento tan mal por ellos que a veces lloro. A mí me quitaron mi casa en Guma y tuve que mudarme a Makurdi".

Martha, una habitante del campo de Mbawa, espera con paciencia su turno en la clínica de atención primaria, lleva en brazos a sus gemelos de cuatro meses, que nacieron aquí. Recibe atención médica y recoge sus medicamentos en la farmacia de MSF.

“Tengo dolores en la parte inferior de mi abdomen y me siento débil desde que di a luz a mis bebés”, dice Martha. “Cuando intento hacer cualquier trabajo duro, me siento mal, por eso vine a la clínica. Es mi madre la que busca alimentos para nosotros; vende artículos en el mercado para conseguir dinero. Cuando no puede ir al mercado, nos quedamos con hambre”, concluye.

 

 

 

Enfermedades prevenibles y violencia sexual

Entre las personas que viven en el campo hay altas tasas de malaria, diarrea aguda, infecciones en las vías respiratorias y enfermedades de la piel.

“En los primeros seis meses de 2021 brindamos más de 15,000 consultas ambulatorias”, dice Mohamed Ali, jefe adjunto de la misión de MSF en Benue. “Además, hay un número alarmante de sobrevivientes de violencia sexual que acuden a la clínica de salud reproductiva que apoyamos. Vemos un promedio de 24 pacientes por mes que han sido violadas o sometidas a violencia sexual”, afirma.

Si las condiciones para las personas desplazadas internamente en Mbawa son difíciles, en otras áreas de Benue son peores. A unos 12 kilómetros de Mbawa, más de 8,000 personas, a principios de agosto, viven en un campo improvisado en una zona llamada Ortese. Fueron desplazadas por una nueva ola de violencia que comenzó en la zona en abril de 2021.

Dado que las personas desplazadas internamente en el campo no tienen un refugio adecuado ni acceso a ningún tipo de servicio, comenzamos a brindar servicios de emergencia en Ortese en junio de este año. La mitad de las personas que viven aquí se encuentran hacinadas dentro de un pequeño edificio escolar.

“Hay 20 familias viviendo en esta sala”, dice Lebeta, quien está sentada afuera de un salón de clases del edificio escolar. "Hay tan poco espacio que algunos de nosotros pasamos la noche de pie".

Otras personas duermen afuera, en carpas improvisadas hechas con mosquiteros que no protegen del sol ni de la lluvia. “No tenemos otro lugar al que podamos ir”, dice Justina Ayaga. “Huí de aquí en abril porque mi pueblo fue atacado. Me gustaría volver a casa, pero eso es imposible”, dice.

“Ahora mi principal problema es el hambre porque nos quedamos sin nada. Si nos dan de comer, alimentaré a mis nueve hijos y a mi”, comenta. “No hay lugar para cultivar, así que todas las mañanas los niños y niñas buscan un lugar para trabajar para conseguir dinero. A veces, van a buscar leña para venderla y así poder comprar granos pequeños para comer y sobrevivir. La comida no suele ser suficiente".

La población del campo solía caminar tres kilómetros hasta el pozo abierto más cercano para buscar agua, que no era segura para beber. Cuando nuestros equipos llegaron al campo, encontraron a las personas en muy mal estado de salud. La mayoría tenía diarrea acuosa aguda y malaria. Nuestros equipos pronto instalaron una clínica móvil de emergencia y trataron a 2,116 personas entre junio y agosto.

 

 

El suministro de agua en el campo es un problema grave. Varios intentos de cavar un pozo en el campo no permitieron encontrar agua. Nuestros equipos consiguieron llevar agua al campo en camión, pero esta no es una solución sostenible, ya que las carreteras llenas de lodo durante la temporada de lluvias a menudo impiden la movilidad de los vehículos.

Hay muy pocas organizaciones que brindan apoyo a las personas desplazadas en Benue. Desde 2018, los equipos de MSF han trabajado en campos como Anyiin, Ugba, Daudu, Mbawa, Abagana, Life Camp, Ichuwa y ahora Ortese.

“Nos preocupa el desplazamiento prolongado, que solo empeora. Existen grandes diferencias entre la asistencia que está disponible para las personas y sus necesidades urgentes”, dice Ali. “Ojalá hubiera otras organizaciones que puedan brindar apoyo, pero los recursos para Nigeria son limitados, mientras que las necesidades son muchas”.