12.06.2019
Esta semana se cumple un año de la decisión de Italia de cerrar sus puertos a los barcos humanitarios y del primer bloqueo político sobre el destino de personas rescatadas en el Mediterráneo central.
 
Desde entonces, al menos 1,151 hombres, mujeres y niños vulnerables han muerto en esta zona y más de 10,000 han sido obligadas a regresar a la fuerza a Libia y expuestas a sufrimientos innecesarios. Médicos Sin Fronteras (MSF) y SOS Méditerranée alertan de que estas muertes evitables ponen de manifiesto de forma trágica el fracaso de las políticas migratorias europeas y de un sistema europeo de asilo roto.
 
"La respuesta de los Gobiernos europeos a la crisis humanitaria en el Mediterráneo y Libia ha sido una carrera hacia el abismo", afirma Annemarie Loof, responsable de Operaciones de MSF. “Hace un año imploramos a los Gobiernos europeos que pusieran la vida de las personas antes que la política. Abogamos por una respuesta humana, por poner fin a la deshumanización de las personas vulnerables en el mar con fines políticos. Sin embargo, un año después, la respuesta europea ha alcanzado nuevos mínimos desoladores", añade Loof.
 

Bloqueos y parálisis en alta mar: la nueva normalidad

 
Desde que hace un año Italia impidió el ingreso a los puertos italianos del Aquarius, el buque de búsqueda y rescate operado conjuntamente por MSF y SOS Méditerranée, las situaciones de bloqueo en el Mediterráneo central se han convertido en la nueva normalidad. En este año se han documentado, al menos, 18 incidentes de esta naturaleza. Estos escenarios de parálisis, de punto de muerto, se han traducido en que durante un total de 140 días, más de cuatro meses, 2,443 hombres, mujeres y niños vulnerables han quedado varados en el mar mientras que los líderes de la UE debatían su futuro.
 
Las repercusiones de la criminalización del salvamento de vidas en el mar no solo afectan a los buques humanitarios sino que, sobre todo, erosionan el principio mismo de la prestación de auxilio a quienes están en peligro en el mar. Los barcos comerciales, e incluso los militares, son cada vez más reacios a responder a las peticiones de socorro debido al alto riesgo de quedar bloqueados en alta mar y de que se les niegue un lugar seguro para desembarcar a las personas rescatadas. Los barcos mercantes que realizan un salvamento se ven en una situación extremadamente difícil: o se arriesgan a un bloqueo o devuelven a las personas vulnerables a Libia en violación del derecho internacional.
 
Hace un año advertimos que estos bloqueos políticos en el mar, peligrosos e inhumanos, no debían sentar un precedente. Sin embargo, esto es exactamente lo que ha sucedido", recuerda Sam Turner, coordinador general de MSF para Libia y el Mediterráneo. "Esta parálisis política entre los estados europeos y su incapacidad para poner las vidas en primer lugar resultan más impactante aún hoy, cuando los combates hacen estragos en Trípoli".
 
 

Rechazados y devueltos a un ciclo de violencia

 
En las últimas seis semanas, la cifra de personas vulnerables que han tratado de huir de Libia ha aumentado significativamente. En este periodo, más de 3,800 se han subido a embarcaciones precarias para tratar de salir del país en dirección a Europa. Aunque organizaciones como ACNUR y MSF, entre otras, han pedido la evacuación humanitaria de refugiados y migrantes fuera de Libia; la realidad es que, desde el recrudecimiento del conflicto, el número de personas interceptadas y devueltas a Libia por los guardacostas libios dobla al de personas evacuadas. Los líderes europeos apoyan estas devoluciones siendo plenamente conscientes del ciclo de explotación, tortura, violencia sexual y detención arbitraria al que estas personas vulnerables están expuestas en Libia.
 
"La falta de buques humanitarios en el Mediterráneo central durante todo este tiempo debería poner fin a las infundadas acusaciones de un ‘efecto llamada", expresa Frédéric Penard, director de Operaciones de SOS Méditerranée. “La realidad es que aun cuando cada vez hay menos embarcaciones humanitarias, las personas con pocas alternativas continúan emprendiendo esta ruta mortal, y lo seguirán haciendo independientemente de los riesgos. La única diferencia ahora es que tienen casi cuatro veces más probabilidades de morir, en comparación con el año pasado según datos de la Organización Internacional para las Migraciones", concluye Penard.
 
Ahora que se cumple un año del bloqueo del Aquarius, MSF sigue pidiendo a todos los estados miembros de la UE que:
 
  1. Proporcionen, de forma urgente, una capacidad proactiva y suficiente de búsqueda y rescate, incluidas las autoridades de coordinación competentes en el Mediterráneo, para evitar la pérdida innecesaria de vidas.
  2. Pongan fin a las acciones punitivas contra las ONG que tratan de brindar asistencia y salvar vidas ante la ausencia de dicha capacidad. 
  3. Retiren el actual apoyo político y material al sistema de devoluciones forzadas de refugiados, solicitantes de asilo y migrantes a Libia que les confina en unas condiciones de detención arbitrarias e inhumanas.
  4. Establezcan sistemas de desembarco sostenibles, fiables y predecibles que faciliten lugares seguros donde los supervivientes reciban un trato humano, se les proporcionen los servicios adecuados y puedan solicitar asilo.
 

Información Adicional:

 
Durante el fin de semana del 9 y el 10 de junio de 2018, el Aquarius, rescató a 230 personas y recibió a 400 más asistidas por navíos de la Armada y de la Guardia Costera italianos. Aunque el rescate y los traspasos de estas 630 personas fueron iniciados y organizados por el Centro de Coordinación de Rescate Marítimo en Roma, las autoridades italianas negaron la autorización al Aquarius para que las desembarcara de forma segura en Italia de acuerdo con el derecho marítimo internacional. Finalmente, el 11 de junio de 2018, el Gobierno español ofreció al Aquarius el puerto de Valencia.
 
El buque humanitario informó a los centros de coordinación español e italiano que, debido a las condiciones de hacinamiento y a las preocupaciones en materia de seguridad, el Aquarius solo podía navegar de manera segura a España con un máximo de cien personas rescatadas a bordo. El 12 de junio, y pese a las inquietudes de MSF y SOS Méditerranée sobre el impacto humanitario y médico de la travesía a Valencia, las autoridades italianas ordenaron al Aquarius que transfiriera a 524 personas a dos de sus navíos y emprendiera con el resto (106 rescatados) una navegación de cuatro días a España. El 17 de junio, el Aquarius, un buque de la Guardia Costera y un navío de la Armada italianos desembarcaron a las 630 personas en el puerto de Valencia.