01.11.2018
Greg Keane, un psiquiatra de Médicos Sin Fronteras (MSF), explica el enfoque de la organización sobre la salud mental en Liberia. 
 
En Liberia y otros países de ingresos bajos, el acceso a un tratamiento eficaz puede ser extremadamente difícil para las personas con trastornos de salud mental severos. Como resultado, ellos y sus familias realmente sufren, porque cuidar de alguien con una condición de salud mental severa a menudo puede llegar a ser un trabajo de tiempo completo.
 
Sin embargo, sabemos que invertir en una atención médica basada en la comunidad puede marcar una gran diferencia en las vidas de las personas que sufren enfermedades como esquizofrenia, trastorno bipolar, depresión severa o trastorno de estrés postraumático. Y lo que esta situación requiere son profesionales clínicos que tengan una base, un sistema sólido de supervisión y acceso a medicamentos asequibles, eficaces y seguros. Dependiendo de las leyes y regulaciones del país, estos profesionales no necesariamente tienen que ser médicos, pueden ser enfermeras locales u oficiales clínicos capacitados y supervisados por profesionales de la salud mental experimentados.
 
Una de las razones por las que nuestro programa está funcionando en Liberia es la larga trayectoria de MSF en el país, y la relación de colaboración que tenemos con el Ministerio de Salud y otras iniciativas de capacitación enfocadas en la salud mental en Liberia. A partir de esta base, logramos implementar un modelo más eficaz, que consiste en brindar atención en salud mental basada en la comunidad, que es proporcionada por liberianos capacitados y supervisados. Claro, contando con un aspecto de alcance comunitario.
 

Trabajando con la comunidad

 
Tenemos trabajadores de salud comunitarios que pueden movilizarse dentro de la comunidad y buscar personas que, de otra manera, no hubieran podido venir a vernos. Una de las características de una condición como la esquizofrenia, es que una persona puede estar tan incapacitada que no puede acudir a una cita médica. A menudo, han reducido la comprensión de su trastorno, por lo que podrían tener dificultades para aceptar los medicamentos, incluso si se les ofrecen.
 
Parcialmente, este el motivo por el que las personas sufren estigma, pero con un enfoque basado en la comunidad puedes salir y tratar a quienes tienen esas condiciones graves y realmente mejorar su calidad de vida. Las familias están muy felices por eso, porque las personas pueden ser más independientes.
 
Al no tener un tratamiento, las familias a menudo tenían que cuidar a su pariente a tiempo completo. Esto implica que al menos una persona no puede proveer dinero para mantener a la familia. Y cuando las familias no pueden costearse el que una persona cuide de su ser querido, y uno de los síntomas es la violencia o agresión, los parientes pueden llegar a encadenar o atar a sus familiares, encerrarlos en sus hogares o dejarlos en iglesias donde otras personas los incapacitan físicamente. Es horrible verlo, pero es una respuesta comprensible a una situación difícil en la que hay una falta de apoyo.
 

Reduciendo el estigma

 
Tratamos de brindar servicios de salud mental en un entorno de atención médica primaria, para que las personas puedan acceder a la atención en salud mental como si fuera cualquier otra condición de salud. Queremos normalizarla: es el primer paso para reducir el estigma y mejorar el acceso a los servicios.
 
En cada una de las clínicas contamos con una enfermera capacitada en salud mental, que puede centrarse en brindar medicamentos, consultas de seguimiento y adherencia a la terapia, y tenemos uno o dos clínicos de salud mental con capacitación previa. Con el apoyo y la supervisión de MSF, pueden evaluar y dar seguimiento a los pacientes como lo haría un psiquiatra o un médico general en otro contexto.
 
Técnicamente, la epilepsia no se considera como un trastorno de salud mental pero puede ser bastante debilitante, así que la tratamos como parte de este proyecto. Vimos a un hombre de 18 años que tenía epilepsia y un trastorno en el desarrollo, sufría convulsiones frecuentes. Nunca pudo ir a la escuela debido a su condición, y su familia creía que necesitaba a alguien con él todo el tiempo, pues puede ser peligroso tener un ataque cuando estás solo.
 
Los trabajadores de salud de la comunidad identificaron a este hombre, educaron exhaustivamente a su familia sobre su condición y lo llevaron a la clínica. Con medicamentos, ahora ya no tiene convulsiones, y los trabajadores de salud de la comunidad también lo han ayudado a ir a la escuela, al trabajar para que los maestros y estudiantes comprendan su condición. Cuando lo conocí estaba emocionado y tenía un propósito, y su familia estaba aliviada y agradecida de que podían hacer las cosas que querían, y él podía hacer lo que deseaba.
 
Pasa algo similar con las personas con esquizofrenia. Conocimos a un joven que había sido encadenado, logró escapar y vino a vernos. Pudimos comenzar su tratamiento, y nos llevó de regreso a una iglesia donde un grupo de personas con trastornos graves habían sido encadenadas, y ahora también las estamos ayudando. Con el apoyo de sus familias, pudimos tratarlos y trasladarlos a casa, donde sus parientes realmente pueden manejar sus condiciones sin medidas tan drásticas.

Entradas relacionadas