09.06.2020

La combinación de varios acontecimientos preocupantes (un conflicto armado en aumento, la llegada de la COVID-19 a un país devastado por la guerra con un colapso del sistema de salud y la reducción del espacio humanitario disponible para las organizaciones debido a restricciones de viaje y seguridad) está creando una crisis dentro de una crisis en Libia y, en última instancia, podría convertirse en una catástrofe humanitaria.

 

 

Libia se encuentra con emergencias colisionando: un conflicto y el estallido de la COVID-19; cada una lo suficientemente difícil de manejar en un país con un sistema de salud colapsando, pero potencialmente catastrófico para la población a medida éstas se fusionan.

 

 

La escalada de conflictos deja a las personas en peligro

A pesar de las reuniones internacionales de alto nivel realizadas en enero de este año y los llamados a un breve descanso en los enfrentamientos por razones humanitarias para responder a la COVID-19, más de un año después, el conflicto en Libia continúa enardecido con una reciente intensificación de los enfrentamientos en el terreno, ataques aéreos y tiroteos indiscriminados.

Las infraestructuras civiles también han sido atacadas deliberadamente, causando cortes de agua y electricidad, y dejando a las personas sin acceso a los servicios básicos. Los hospitales han seguido siendo golpeados por los bombardeos, como el hospital general Al-Khadra en Trípoli a principios de abril, un ataque que dañó el hospital de 400 camas que se encontraba totalmente funcional.

 

 

La COVID-19 exacerba la crisis de salud para los más vulnerables

Al 1 de junio, había 156 casos confirmados de COVID-19 en Libia, incluyendo cinco muertes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha clasificado a Libia entre los países de alto riesgo en la región. Sin embargo, al haber un acceso limitado a la atención médica en muchas áreas afectadas por el conflicto en curso, la reducida capacidad para realizar pruebas (sólo hay dos laboratorios para realizar pruebas en Trípoli y Benghazi), el escaso seguimiento de contratos, las dificultades para llegar a gran parte de la población y la estigmatización causan que las personas no busquen ayuda cuando están enfermos: tememos que el número de casos positivos pueda ser mucho mayor.

 

 

Tras la confirmación de los primeros casos y el anuncio de un cierre, muchos centros de atención médica cerraron por la falta de capacitación, la insuficiente disponibilidad de equipos de protección individual o instrucciones y lineamientos claros. En las instalaciones que continúan abiertas hay escasez de medicamentos, equipos y personal para proporcionar servicios críticos.

Mientras tanto, no está claro si y cómo los grupos vulnerables, como las personas desplazadas, refugiados, solicitantes de asilo y migrantes en entornos urbanos y centros de detención oficiales, tendrán acceso a los servicios de atención médica en caso de presentarse un brote.

 

 

Atrapados entre el conflicto y la COVID-19

Estamos extremadamente preocupados por todos los civiles que corren el riesgo de morir o sufrir lesiones debido a los bombardeos indiscriminados. También nos preocupan las personas que corren el riesgo de contraer COVID-19 o que podrían tener dificultades para acceder a la atención médica para el tratamiento de otras enfermedades.

 

 

En MSF estamos particularmente preocupados por los siguientes grupos:

  • Personas con afecciones preexistentes: las personas con mayor riesgo de contraer formas graves de la enfermedad son los adultos mayores, pero particularmente aquellos que tienen problemas médicos subyacentes como la diabetes, enfermedades no transmisibles (ENT) o tuberculosis (TB).
  • Desplazados internos: casi el 40 % de los desplazados en Libia tienen graves necesidades humanitarias debido a su exposición a daños físicos y psicológicos, y una disminución parcial o total de las condiciones de vida y el acceso a los servicios básicos.
  • Refugiados, solicitantes de asilo y migrantes detenidos: las 1,500 personas actualmente privadas de su libertad en centros de detención en toda Libia están presas en condiciones de hacinamiento, con un acceso deficiente a alimentos, agua e higiene y sin posibilidades reales de realizar un distanciamiento físico. La presencia de organizaciones humanitarias en estos centros de detención se reduce aún más debido a las restricciones de movimiento relacionadas con la COVID-19 y la escalada del conflicto.
  • Refugiados, solicitantes de asilo y migrantes en entornos urbanos: para los cientos de miles de refugiados, solicitantes de asilo y migrantes que se estima viven en Libia, la gran mayoría vive en condiciones precarias y se encuentra en riesgo de arresto y detención, tráfico y explotación arbitrarios. También corren el riesgo de quedar atrapados en combates o ataques indiscriminados.
  • Migrantes, refugiados y solicitantes de asilo que necesitan evacuación/reasentamiento: el ACNUR y la OIM han detenido las salidas y evacuaciones de reasentamiento de refugiados fuera de Libia, dejando a los más vulnerables varados.
  • Migrantes, refugiados, solicitantes de asilo y ciudadanos libios que no tienen otra opción que tomar el mar: actualmente, la única opción para salir de Libia es cruzar el mar. Todas las fronteras están cerradas y las repatriaciones, reasentamientos y salidas de evacuación están suspendidas.

 

 

¿Qué está haciendo MSF para ayudar?

Nuestras actividades en Libia se han visto afectadas por las restricciones y limitaciones impuestas por la respuesta a la COVID-19 y la escalada del conflicto. Al mismo tiempo, estos mismos factores son la razón tras el aumento de las necesidades humanitarias en el país. Independientemente de las limitaciones, MSF se compromete a continuar apoyando a las personas más necesitadas en Libia, y hemos intensificado los esfuerzos para apoyar el sistema nacional de salud para hacer frente al brote de COVID-19.

En Trípoli, nuestros equipos:

  • Brindan asistencia médica y humanitaria a migrantes y refugiados en un centro de detención (otros han sido vaciados o cerrados debido a la pandemia de COVID-19 y al conflicto cada vez mayor).
  • Ofrecen asistencia médica y humanitaria a los migrantes y refugiados que viven en entornos urbanos.
  • Realizan capacitaciones relacionadas con la COVID-19 en cuestiones de prevención y control de infecciones, tratamiento y sensibilización en múltiples hospitales y centros de atención primaria.

En Misrata y la Región Central, nuestros equipos:

  • Proporcionan atención médica básica, apoyo psicosocial, monitoreo de protección y derivaciones de casos individuales
  • Distribuyen suplementos nutricionales y kits de higiene a refugiados y migrantes detenidos arbitrariamente en centros de detención en Souk Al-Khamis, Zliten y Dhar El-Jebel
  • Brindan atención médica primaria y distribuyen artículos de primera necesidad como mantas en el lugar de desembarco en Khoms para las personas que intentan partir hacia Europa.
  • Ofrecen servicios de atención médica primaria y derivaciones médicas en Bani Walid a los migrantes que escaparon del cautiverio y a los sobrevivientes de tortura y trata.
  • Facilitan capacitaciones relacionadas con la COVID-19 al personal médico en Zliten, Misrata, Khoms, Yefren y Bani Walid, y ayudan a reforzar las medidas de prevención y control de infecciones en los centros de detención.