21.03.2016
El que alguna vez fue el eficiente sistema de salud de Libia ahora está en estado de crisis. Los hospitales están cerrados o luchan por seguir funcionando debido a una escasez de personal médico experimentado y de medicamentos y equipo esenciales, en especial la insulina y equipo para realizar diálisis. 
 
Muchos hospitales libios antes tenían como parte de su personal a enfermeras extranjeras, pero la mayoría dejó Libia después de que comenzara la guerra contra Muammar Al Gaddhafi en 2011 y del subsecuente conflicto armado entre los simpatizantes de la política del Islam y de sus adversarios. 
 

Gobiernos luchando por el poder. 

 

El estado del sistema de salud tal vez es poco sorprendente en un país con dos Ministerios de Salud separados  y pertenecientes a dos gobiernos diferentes que luchan uno contra el otro por el poder. El gobierno reconocido por la comunidad internacional está exiliado en Tobruk, en el este de Libia, mientras que el gobierno basado en Trípoli, la capital, controla el oeste del país. 
 
MSF da suministros de medicamentos esenciales a los hospitales que aún están en funcionamiento. Por ejemplo, ha donado antibióticos y analgésicos al hospital central en Misrata, al oeste de Libia. 
 
El equipo de MSF también está entrenando al personal médico en los departamentos para pacientes internos, salas de emergencia y departamentos quirúrgicos. El objetivo es entrenar a los jefes de enfermería en cada departamento, que a su vez serán capaces de entrenar a las enfermeras que sólo tienen unos cuantos meses de experiencia en el cuidado de pacientes. 
 

Escasez de medicamentos y personal médico con experiencia

 
En el hospital público de Zuwara, cerca de la frontera con Túnez, un equipo de MSF está entrenando al personal médico en cuestiones de cuidados intensivos y de emergencia. Zuwara es el único hospital en el distrito equipado para brindar atención médica de emergencia. 
En febrero de 2016, después de los ataques estadounidenses que tenían como objetivo a los militantes del Estado Islámico en Sabrata y los ataques por el mismo Estado Islámico, el hospital admitió a 15 heridos.
 
 
Al este de Libia, los problemas son similares, con hospitales que sufren la escasez de personal médico con experiencia y de medicamentos.
 
“En los hospitales que tratan a los heridos en el este de Libia les brindamos un apoyo parecido,” dice Malika Saim, coordinadora de emergencia de MSF.
 

Brindando entrenamiento

 
En Benghazi, en donde las fuerzas del Estado Islámico están luchando contra el ejército afiliado con el gobierno basado en Tobruk, MSF está suministrando medicamentos a tres hospitales.
 
El equipo también brindará entrenamiento en cuidados médicos de emergencia en el Centro Médico de Benghazi.
 
Tras los enfrentamientos en Beghazi a principios de marzo de 2015, los hospitales de la ciudad admitieron a más de 100 pacientes; mientras que los hospitales en Marj y Al Abyar, apoyados por MSF y que están en el este de Benghazi, también admitieron a un número similar de pacientes. 
 

Crisis de desplazamiento

 
Libia también está lidiando con una crisis de desplazamiento, ya que la gente está huyendo del conflicto. 
 
Tan sólo Benghazi está albergando a más de 100,000 personas desplazadas. En Benghazi, los equipos de MSF están distribuyendo alimentos y brindando consultas médicas a los desplazados, enfocándose en pediatría, obstetricia y ginecología en una clínica que abrió el 20 de febrero, en cercana colaboración con una ONG local. 
 
Una disminución en la cobertura de vacunación y un incremento en la mortalidad materna son otras consecuencias de la crisis de salud en Libia. 
 
MSF suministra vacunas a las instalaciones médicas en el este y oeste del país. 
 

Se necesita mucho más

 
A pesar del serio deterioro del sistema de salud del país, muy pocas organizaciones de ayuda están siguiendo los pasos de MSF y brindando ayuda. 
 
Con todos sus recursos petroleros, Libia comúnmente es considerado como un país rico, pero ese ya no es el caso. El sistema de salud refleja el estado del país: los hospitales están equipados con material obsoleto que, debido al mal mantenimiento y una escasez de repuestos, ya no funciona. 
 
“Es un país en donde los problemas no son obvios inmediatamente,” dice Malika Saim. “Pero se necesita mucho más. Realmente puedes ver cómo el sistema de salud se ha ido en picada desde que comenzamos a trabajar aquí hace un año.”