14.05.2020

Antes de la pandemia, Somalia ya estaba lidiando con muchos desafíos humanitarios. Millones de personas han sido expulsadas de sus hogares por conflictos y crisis relacionados con el clima, y recientes inundaciones han afectado a 500.000 personas.

La pandemia COVID-19 es una crisis mundial sin precedentes. En Médicos Sin Fronteras (MSF) estamos haciendo todo lo posible para responder en Somalia y Somalilandia, mientras nos esforzamos por mantener las actividades esenciales que salvan vidas en un contexto de escasez global de suministros y restricciones en el movimiento de personal.

Incluso antes de que estallara la crisis de la COVID-19, Somalia ya estaba lidiando con importantes desafíos humanitarios. Millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares debido al conflicto y a desastres relacionados con el clima, como sequías, una plaga de langostas e inundaciones [1].  En las últimas semanas, las fuertes lluvias han provocado de nuevo inundaciones repentinas en varias partes del país. La ONU estima que más de 500.000 personas se han visto afectadas por la pérdida de casas, tierras de cultivo y otros medios de subsistencia [2].

En respuesta a estas inundaciones, nos estamos apresurando en enviar suministros médicos esenciales a una de las áreas afectadas, el distrito de Bardera del estado de Jubalandia, para ayudar urgentemente a contener el riesgo de enfermedades transmitidas por el agua como el cólera. Nuestros equipos también proporcionarán al hospital del distrito kits de higiene, de cocina y mosquiteras para distribuir entre 2.500 familias desplazadas. Mucha gente en la zona apenas ha tenido tiempo para recuperarse de las inundaciones anteriores ocurridas a finales de 2019.

“Nos enfrentamos a una situación extremadamente desafiante. A medida que los casos confirmados de COVID-19 aumentan rápidamente en todo el país, no nos podemos olvidar tampoco del resto de necesidades de los somalíes. Nos esforzaremos por dedicar atención y recursos para hacer frente a esta nueva enfermedad, de la que todavía estamos aprendiendo, al tiempo que seguimos respondiendo a otras necesidades médicas,” afirma Gautam Chatterjee, nuestro representante para Somalia y Somalilandia.

“Habrá familias que se verán afectadas por desastres climáticos, mujeres que continuarán dando a luz, niños que seguirán enfermando por desnutrición y pacientes con enfermedades crónicas que seguirán requiriendo de medicación. Y todo esto ocurre en un momento en el que la capacidad de respuesta humanitaria se comprime a nivel mundial".

En las últimas semanas, nos hemos estado coordinando con las autoridades sanitarias somalíes, la Organización Mundial de la Salud y otras organizaciones para prepararnos ante la llegada de la COVID-19 a Somalia y Somalilandia.

 

 

En ciudades como Las Anod, Galkayo y Baidoa, donde ya desarrollábamos actividades médicas, nuestros equipos han implementado nuevos controles de higiene y medidas preventivas para proteger al personal de primera línea. Esto incluye capacitación sobre prevención y control de infecciones (PCI) y en la identificación de síntomas de COVID-19 y el triaje de casos sospechosos.

También estamos trabajando con las comunidades locales para asegurarnos de que tienen conocimiento de cómo minimizar el riesgo de infección y estamos ofreciendo asesoramiento técnico y logístico a las autoridades para preparar centros de aislamiento. En Jubalandia, donaremos termómetros infrarrojos al personal de salud de primera línea y kits de higiene para fortalecer la capacidad de detección y preparación de las autoridades locales.

En Hargeisa, capital de Somalilandia, estamos apoyando al Ministerio de Salud en su respuesta a la COVID-19. El apoyo de MSF ha incluido el fortalecimiento de las medidas de PCI, capacitación de personal de urgencias y conductores de ambulancias, y soporte provisional al personal médico.

La escasez mundial de equipos de protección individual (EPI) y otros suministros médicos esenciales ha afectado a Somalia y Somalilandia y a nuestro trabajo en la región. Estamos trabajando en soluciones para superar la escasez con el fin de equipar y proteger tanto a nuestro personal como al personal del Ministerio de Salud que trabaja en las instalaciones que apoyamos y para garantizar la continuidad de la atención médica esencial.

"Los profesionales médicos situados en primera línea, así como otros trabajadores, deben estar protegidos y recibir capacitación adecuada sobre preparación y prevención ante esta enfermedad", dice Chatterjee. "Sin ellos, no hay respuesta posible a la pandemia ni a las necesidades generales de salud, por lo que debemos mantenerlos seguros y libres de infección".

Una de nuestras principales preocupaciones son las personas de alto riesgo, como pacientes con problemas de salud subyacentes y personas mayores, y los grupos vulnerables que viven en circunstancias precarias, como en campamentos y zonas urbanas densamente pobladas. Hay varios millones de desplazados internos, refugiados y migrantes que viven en Somalia y Somalilandia y que carecen de acceso a servicios básicos, como atención médica, agua limpia y saneamiento adecuado.

Un brote importante de COVID-19 en un contexto con recursos tan limitados como este pondrá mucha presión sobre un sistema de salud ya de por sí frágil y sobrecargado. Es por tanto crucial concienciar a las comunidades, aumentar las pruebas y la capacidad de localización de contactos.

“Es vital garantizar que no se olviden contextos con pocos recursos como Somalia, donde las consecuencias directas y a largo plazo serán profundas. Este debe ser un momento para la solidaridad global y debemos trabajar de la mano para superar este inmenso desafío”, afirma Chatterjee.

 

Trabajamos en Somalia y Somalilandia desde 1991. En 2013, nos vimos obligados a abandonar el país después de una serie de ataques violentos contra nuestro personal. Nuestros equipos reanudaron el tratamiento de pacientes en mayo de 2017, en reconocimiento de las enormes necesidades de salud no cubiertas existentes entre la población.

Hoy en día, llevamos a cabo actividades médicas en hospitales de varias localidades, con foco en atención materna, pediátrica y de emergencia, apoyo nutricional y diagnóstico y tratamiento de tuberculosis y tuberculosis multirresistente. También dirigimos clínicas móviles para desplazados.

Realizamos actividades médicas esenciales en Hargeisa y Las Anod (Somalilandia), Galkayo Norte (estado de Puntlandia), Galkayo Sur (estado de Galmudug) y Baidoa (estado Suroeste). Nuestras habituales intervenciones breves en el estado de Jubalandia se han suspendido temporalmente, así como otras actividades no esenciales en otros lugares.

[1] 2.6 millones de personas son desplazadas internas y 4.1 millones afrontan inseguridad alimentaria, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarias de la ONU a fecha de abril de 2020: https://reliefweb.int/report/somalia/somalia-situation-report-5-april-2020-enso

 

[2] https://reliefweb.int/report/somalia/somalia-flood-update-11-may-2020