06.07.2020

Mohammad Hashim fue el primer paciente en el recién inaugurado centro de tratamiento COVID-19 de MSF en el hospital Gazer Gah en Herat, al oeste de Afganistán. Al igual que muchos afganos, Mohammed inicialmente se mostró escéptico sobre la existencia de la COVID-19. Cuando tuvo los primeros síntomas, probó la medicina tradicional, pero cuando su condición se deterioró, hizo el viaje al hospital.

A pesar del impacto en su salud, los desafíos financieros asociados con la pandemia están demostrando ser más problemáticos para Mohammed que el mismo virus. Al igual que miles de personas en todo el país, vive día a día y ha visto que sus condiciones de vida empeoran significativamente por las consecuencias económicas de la COVID-19. Más de la mitad de la población de Afganistán vive con menos de USD$ 1 por día.

"Soy un hombre que ha pasado por muchas cosas y he sufrido mucho. No le tengo miedo a este virus. Pero económicamente es un desafío.

La COVID-19 ha afectado toda mi vida. Al estar contagiado, no puedo trabajar y no podré encontrar un empleo porque en este contexto de COVID-19 no hay trabajo. Mis hijos estaban trabajando, ellos eran los que ganaban dinero para la familia, pero ahora también enfrentan estos problemas y tampoco pueden encontrar empleo. Dios sabe lo que sucederá después con el trabajo ".

Lo más desafiante es que no hay remedio casero para el coronavirus. Algunas personas me sugirieron remedios caseros cuando me sentía mal. Uno de ellos se llama "drona aabi".

Es una hierba que crece en las montañas y se usa de dos maneras; o la guardas por unos días y luego la tomas en agua, o la tomas sin agua y solo la comes directamente. El practicante de medicina tradicional dijo que si lo tomaba junto con otras cosas, ayudaría a mis problemas respiratorios. Lo hice, pero no fue lo suficientemente fuerte y no hubo resultado.

Antes de que mis síntomas se volvieran severos, tenía síntomas leves que no eran tan graves, así que al principio no lo tomé en serio. Pero hace cuatro noches mi condición se deterioró y de pronto me sentí muy mal. Me di cuenta de que tenía todos los síntomas que había escuchado en la radio y la televisión y comprendí que este virus realmente existe y que estaba contagiado.

Cuando me di cuenta de que tenía COVID-19, no fui a la mezquita, pero preferí no contarle a nadie al respecto. A la mañana siguiente, fui al Hospital Regional de Herat, un viaje de 40 minutos y un costo de 250 afganos [$ 3 dólares], que es mucho porque no soy rico.

Cuando llegué al hospital, me di cuenta de que había otras tres o cuatro personas de mi comunidad allí. Me derivaron al hospital COVID-19 (Centro de Tratamiento COVID-19 del hospital Liberty, que maneja principalmente casos leves y moderados) donde me quedé por dos noches y ayer llegué al hospital de MSF.

 

 

Hablando con otras personas de mi comunidad desde mi teléfono móvil, sé que ninguna de ellas tiene síntomas graves.

Hay seis de nosotros en mi casa. Antes de venir al hospital, estaba preocupado por ellos, así que debido a este virus gasté 16,000 afganos [USD $207], que es una gran cantidad de dinero, en alimentos nutritivos para mi esposa e hijos, para que puedan desarrollarse por delante del virus en caso de que también estén contagiados.

Hace 30 años, padecí una enfermedad muy grave y tuve que ir a Irán, ya que solo había dos hospitales que podían realizar la cirugía que necesitaba, pero incluso eso no era tan difícil como la situación actual. El coronavirus es una enfermedad muy grave y si no te cuidas, termina siendo un problema para todos ".