23.11.2020
Este es el discurso que el Dr. Christos Christou, presidente internacional de Médicos Sin Fronteras, presentó ante la Conferencia Interparlamentaria de Alto Nivel sobre Migración y Asilo en Europa, durante su sesión sobre "La relación entre la solidaridad y la responsabilidad en la gestión de la migración y el asilo".
 
Hace una semana, al menos 100 personas murieron en el mar Mediterráneo. Entre ellas había un bebé de seis meses. La tripulación del Open Arms, el único bote de búsqueda y rescate de una ONG capaz de operar en este momento, hizo todo lo que pudo para salvarlo, pero no fue suficiente.
 
En Grecia, un padre perdió a su hijo de seis años al intentar cruzar el mar en su búsqueda por seguridad. En una de las situaciones más indignantes que hemos escuchado en años, fue arrestado por poner en peligro la vida de su hijo y ahora se enfrenta hasta 10 años de prisión. ¿No le había quitado ya bastante Europa?
 
En octubre, los cuerpos de siete jóvenes del norte de África fueron encontrados en el contenedor de un barco en Paraguay. Según las investigaciones, intentaban llegar a Croacia pero tras varios rechazos de la policía croata, decidieron esconderse en un contenedor pensando que llegarían a Milán. Sus cuerpos fueron encontrados en avanzado estado de descomposición, cuatro meses después, al otro lado del mundo. Sin comida ni agua, se asfixiaron, tuvieron una muerte terrible.
 
Debemos tener claro que estas muertes, al igual que el horror de los campos griegos, no se producen como una especie de accidente inexplicable. Son una consecuencia directa de políticas deliberadas, como el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía, y la abdicación de la responsabilidad de realizar operaciones de búsqueda y rescate, tanto en aguas internacionales como, cada con más frecuencia, en áreas que están formalmente bajo su responsabilidad. ¿Están realmente dispuestos a aceptar estas tragedias como una especie de "nueva consecuencia no intencionada"?
 
 
 
Lo que Europa vive hoy no es una crisis humanitaria, sino una crisis de humanidad.
 
Esta sesión incluye la palabra solidaridad en su título, ¿dónde está la evidencia de una auténtica solidaridad humana?
 
Los Estados miembros de la Unión Europea han abusado del término solidaridad, no solo han fallado en su responsabilidad colectiva de proteger la vida humana y respetar los derechos humanos fundamentales. Han utilizado la falta de solidaridad entre los Estados para evadir sus responsabilidades individuales.
 
La solidaridad no significa regatear entre Estados para negociar quién toma a quién, cuántos, a qué precio o bajo qué condiciones. La solidaridad debe ser hacia quienes buscan seguridad; y Europa está fallando.
 
En un esfuerzo por encontrar un compromiso político, se han dejado de lado las necesidades de las personas.
 
Durante los últimos 5 años, los equipos de MSF han trabajado incansablemente para mitigar las consecuencias más dañinas de las políticas migratorias europeas. Nuestro personal se ha pronunciado en contra de las políticas que son directamente responsables de un sufrimiento humano inimaginable. Una y otra vez, las naciones e instituciones europeas no han cumplido con su deber. Es más, los países tanto dentro como fuera de Europa, han aprovechado este fracaso como una oportunidad para hacer retroceder los derechos básicos, iniciando así una carrera hacia el fondo en cuanto a la protección de la vida humana.
 

Europa está en negación.

Las declaraciones oficiales sobre tragedias (como la de Moria, o la violencia en la ruta de los Balcanes, o el horror de los campos de detención en Libia) no reconocen que se trata de desastres provocados y pagados con dinero de la Unión Europea (UE) y sus Estados miembros. Después de los recientes incendios en Moria, escuchamos “no más Morias”. Pero, ¿qué significa esto cuando vemos campos de este tipo en todas las islas con hotspots (centros de registro)  apoyados por la UE: Samos, Lesbos, Kos, Chios, Leros? Año tras año, se nos dice que las condiciones en los campos mejorarán. Pero año tras año, nuestro personal es testigo del deterioro de la salud física y mental de las personas detenidas.
 
Y aunque nos complace la reubicación de niños con enfermedades crónicas y sus familias, así como de algunos menores no acompañados, estos esfuerzos limitados de reubicación representan una pequeña parte de la solución general. ¿Cómo puede la UE evacuar hoy a unos pocos cientos de personas, mientras se vuelve a desarrollar un sistema de contención y disuasión, que inevitablemente reproducirá las mismas consecuencias dañinas?
 
También se ha aceptado una "nueva normalidad" inhumana en el Mediterráneo central.
 
Aquí, los líderes de la UE han ignorado su obligación internacional de proporcionar capacidad de búsqueda y rescate en el Mar Mediterráneo Central. Han evitado el uso de buques de guerra europeos en las proximidades de la zona de búsqueda y rescate e interrumpido la capacidad estatal dedicada a ello. Les resultó muy fácil aceptar dejar las responsabilidades de búsqueda y rescate de la región en manos de la Guardia Costera de Libia y ampliar la zona de búsqueda y rescate de Libia.
 
Como resultado directo, decenas de miles de personas han sido interceptadas y devueltas a Libia en los últimos años. Allí, enfrentan condiciones inhumanas, detenciones arbitraria y explotación. La Guardia Costera de Libia tiene un terrible historial en lo que respecta a derechos humanos, pero los Estados europeos tienen pocas preocupaciones por proporcionarles fondos, equipos e inteligencia. El objetivo parece ser evitar que las personas lleguen a las costas europeas, literalmente, a cualquier precio.
 
Pero las acciones de Europa se han extendido más allá del abandono de sus responsabilidades. También se ha puesto en marcha una larga campaña para deslegitimar, difamar y obstruir las actividades de las ONG. MSF y otras ONG han sido objeto de acusaciones sin fundamento, que van desde la connivencia con los contrabandistas hasta el transporte de residuos y el incumplimiento de las especificaciones técnicas. Una campaña siniestra y concertada, que ha diezmado los esfuerzos de búsqueda y rescate de civiles. Se han detenido o bloqueado efectivamente seis barcos de ONG en puertos italianos. Siempre se encuentran nuevas razones para evitar que estos buques salven vidas.
 
La Comisión Europea no actúa sobre la criminalización de las ayudas. Las protecciones que ofrece el nuevo pacto migratorio son muy débiles en esta capacidad. Además, legitima las prácticas existentes que abusan de las normas de seguridad para impedir el trabajo de los buques de las ONG. Si los Estados europeos no están dispuestos a salvar vidas en el mar, al menos deberían dejar de bloquear a las ONG que se niegan a abandonar este deber humanitario básico.
 
Mientras se demoniza a las personas por el acto más humano de buscar seguridad y protección, y mientras se previene y penaliza la ayuda humanitaria, se pierden más vidas.
 
Sin un cambio fundamental y sin el reconocimiento de la responsabilidad de Europa, simplemente seremos testigos de más de lo mismo.
 
Deben rechazar esta 'nueva normalidad' y asumir la responsabilidad colectiva de garantizar vías seguras para buscar la seguridad en Europa, para prevenir de manera proactiva las muertes en el mar, brindar una recepción digna y proteger a las personas necesitadas.
 
No se trata solo de una cuestión de solidaridad y responsabilidad. Esta es una obligación.
 
¡Su obligación!