28.08.2015

 

A fecha del 21 de julio había 270 extranjeros en la Prisión Central de Maula en Lilongwe, capital de Malawi, entre los que había 232 etíopes encarcelados bajo la acusación de ser migrantes ilegales.
 
Todos ellos afirman que estaban de camino a Sudáfrica en busca de oportunidades de trabajo. También se está encerrando a migrantes etíopes en otras cárceles del país; a día de hoy hay 63 migrantes en la prisión Nchisi y otros 32 en Dedza. Los migrantes etíopes son especialmente vulnerables.
 
El equipo médico de MSF que trabaja en la clínica de la prisión ha observado las malas condiciones de salud en las que se encuentran todas estas personas a causa del largo y difícil viaje que han hecho, de una ingesta nutricional deficiente e insuficiente, de la pobreza y del aislamiento.
 
Mientras que los presos regulares provenientes del propio Malawi cuentan con sus familias para complementar su alimentación y recibir otras formas de apoyo material, los migrantes etíopes carecen de estos mecanismos de apoyo adicionales, lo cual exacerba su vulnerabilidad.
 
Muchos de ellos, presentan desnutrición, neumonía, paludismo grave y úlceras por presión. Recientemente, un grupo de etíopes inició una huelga de hambre de una semana en protesta por las condiciones en las que viven.
 
 
 
 "El único delito que ha cometido la gran mayoría de esas personas es haber soñado con tener una vida mejor en Sudáfrica. No tiene ningún sentido que estén encerrados durante meses en una prisión de alta seguridad; no son culpables de nada. Sin embargo, somos testigos del sufrimiento que están soportando: hacinamiento extremo, condiciones insalubres, alimentación inadecuada, así como el tormento mental de no saber cuándo o cómo van a ser puestos en libertad. La actual política para la gestión de los flujos migratorios en Malawi está teniendo consecuencias terribles sobre personas inocentes", explica Amaury Grégoire, coordinador general de MSF en Malawi.
 
Las autoridades penitenciarias afirman que el creciente número de migrantes que hay actualmente en la prisión de Maula ya se ha convertido en un grave problema. Y es que no solo se está encarcelando a un número de personas significativamente mayor este año, sino que no están siendo puestos en libertad. Se está creando un estrés adicional sobre un sistema ya de por sí sobrecargado.
 
A juzgar por las conversaciones con los funcionarios del gobierno de Malawi, parece que hay una preocupación creciente de que, dados ciertos patrones de migración en el sur de África, el problema de los migrantes indocumentados que transitan por Malawi probablemente aumente con el tiempo.
 
 

Superpoblación

 
MSF ve con preocupación el impacto que puede llegar a tener esta enorme superpoblación en las prisiones de Malawi; ya no sólo para los migrantes, sino para todos los reclusos. Los residentes de las prisiones no tienen espacio para dormir o para guardar sus pertenencias debido a que la prisión sobrepasa en 3 veces su capacidad prevista (en la actualidad hay unos 2.650 reclusos en la prisión de Maula y cerca de 2.000 más en la prisión de Chichiri, en Blantyre; ambas se construyeron para unas 800 personas).
 
Hay una media de 147 reclusos en cada celda, que están diseñadas para albergar de 50 a 60 personas. Los presos tienen tan poco espacio físico disponible que pasan las noches apoyados los unos contra los otros, sentados sobre un suelo de cemento y sin poder tumbarse. Tan sólo dormitan porque en esas condiciones es imposible descansar adecuadamente. Otra de las consecuencias de este hacinamiento son los casos graves de úlceras por presión que los equipos de MSF atienden de manera constante.
 
El Comité Europeo para la Prevención de la Tortura y los Tratos Inhumanos o Degradantes (CPT) recomienda el uso de unos 4m²/persona como referencia de lo que sería una medida útil para no caer en niveles totalmente inaceptables de hacinamiento. La realidad en Malawi es que la mayoría de los internos tienen menos de 0,5 metros cuadrados para vivir, a pesar de que muchos estarán encarcelados durante años.
 
MSF urge a las autoridades penitenciarias a que adapten sus condiciones de detención y a que proporcionen un trato más humano a todos los reclusos, ya sean migrantes o no, proporcionándoles un espacio digno para vivir.
 
 

La alimentación inadecuada conduce a altos niveles de desnutrición

 
La nutrición es una preocupación importante en la prisión de Maula, pues los reclusos reciben un suministro inadecuado de alimentos en términos de cantidad, valor nutricional e ingesta de calorías. Los presos en Maula comen sólo una vez al día, normalmente un plato de Nsima (harina de maíz), que a veces viene acompañado de judías o de verduras.
 
Las proteínas son casi inexistentes en la dieta que las autoridades proporcionan a los reclusos y el grupo de Etiopía en particular está sufriendo de enfermedades de la piel relacionadas con la falta de proteínas, debido a que el alimento básico de Malawi es incompatible con sus hábitos alimenticios tradicionales (el alimento básico de Etiopía es la injera, una torta de harina rica en proteínas).
 
En junio, MSF proporcionó suplementos alimenticios terapéuticos a 18 internos con desnutrición grave o moderada en Maula. Mientras los presos provenientes de Malawi cuentan con sus familias para complementar su alimentación y recibir otras formas de apoyo material, los migrantes carecen de estos mecanismos de apoyo adicionales, lo cual exacerba su vulnerabilidad.
 
 

Enfermedades infecciosas y problemas de agua y saneamiento

 
El agua y el saneamiento de la cárcel representan otro grave problema, ya que los estándares ofrecidos están muy por debajo de los requisitos mínimos definidos por los organismos humanitarios durante una emergencia aguda.
 
En la prisión de Maula hay un grifo para cada 900 personas, cuando el requisito mínimo durante una emergencia es un grifo por cada 200-250 personas. Los reclusos cuentan con una letrina para cada 120 personas, en lugar del mínimo establecido, que es de una letrina por cada 20-50 personas.
 
El control infecciones y la ventilación dentro de las celdas son deficientes, y en esas condiciones las enfermedades son propensas a propagarse rápidamente. Las enfermedades infecciosas, como es el caso de la tuberculosis, se transmiten a través del contacto cercano y son difíciles de controlar. Las afecciones dermatológicas en unas condiciones de hacinamiento como estas son también muy frecuentes.
 
 
La mayoría de las consultas que recibe MSF son por casos de malaria, infección del tracto urinario, diarrea, enfermedades de transmisión sexual y dolencias de la piel (por lo general, sarna). La salud mental es otro de los problemas de salud más graves con los que se encuentran los equipos médicos de la organización.
 
Durante un cuestionario reciente llevado a cabo por MSF, el 45% de los internos mencionó haber tenido pensamientos de quitarse la vida desde que ingresó en la prisión.
 

Actividades de MSF en las cárceles de Malawi

 
Desde septiembre 2014, MSF trabaja de manera permanente en dos de las cuatro prisiones centrales de Malawi: la prisión de Maula, en la capital Lilongwe (la más grande del país con 2.650 reclusos que cumplen condenas cortas y largas), y Chichiri, en la sureña ciudad de Blantyre (2.000 reclusos, condenados con penas de duración media y también un número importante de presos preventivos en espera de juicio).
 
El equipo médico de MSF se compone de 4 miembros en cada sitio. MSF inició su intervención en las prisiones de Maula y Chichiri para hacer frente a las necesidades de un grupo de población que estaba desatendido y que sufría un riesgo extremadamente alto de sufrir y provocar la transmisión del VIH y la tuberculosis (TB). MSF emplea a un oficial de clínica y a una enfermera que trabajan codo con codo con los médicos de la prisión para proporcionar atención médica a todos los reclusos y el personal penitenciario.
 
La clínica de MSF proporciona asesoramiento en las áreas concretas de VIH/TB y la gestión médica de las enfermedades de transmisión sexual. MSF presta además servicios de laboratorio y ha adquirido varias máquinas GeneXpert para ayudar en el diagnóstico de la tuberculosis.
 
 
Un promotor de la salud de MSF lleva a cabo actividades de sensibilización en la prisión de Maula, haciendo pruebas de Hepatitis B/VIH/TB a los pacientes, explicando a los reclusos la importancia de seguir el tratamiento y educando a todo el mundo sobre los comportamientos que deben evitar dentro de los centros penitenciarios. MSF también ha comenzado a trabajar para mejorar el saneamiento y la distribución de agua en ambas cárceles, ya que la situación actual en este apartado es crítica e inaceptable.
 
Desde el punto de vista de MSF, las sentencias inadecuadas, la representación legal deficiente o nula que tienen los presos (especialmente las personas en prisión preventiva), la falta de instalaciones suficientes para menores, las violaciones y la violencia que ejercen determinados grupos sobre algunos reclusos exigen una respuesta adecuada que debe incluir la reforma penitenciaria en Malawi y en otros países africanos.
 
La organización exige que otros organismos internacionales y ONG se involucren para mejorar la infraestructura carcelaria, con una dedicación especial sobre el agua y el saneamiento, y en proporcionar más espacio vital a los reclusos.