“Muchos se quedan aquí durante varios días y necesitan información, comida, agua, letrinas, duchas y protección contra el frío, ya que por las noches las temperaturas llegan a bajar hasta los tres grados centígrados".

Teresa SancristóvalUnidad de emergencias de MSF
10.09.2015
 
Unos 2.000 refugiados de origen mayoritariamente sirio llegan diariamente a la localidad de Roszke, en Hungría, tras cruzar la frontera de este país con Serbia.
 
Aquellos que logran llegar hasta allí lo hacen en muy malas condiciones físicas y psicológicas tras un duro viaje por mar y tierra a través de varios países.
 
Las necesidades en Roszke son enormes. Los refugiados llegan tras haber pasado varias semanas en la carretera, después de haber dejado Grecia y de haber atravesado Macedonia y Serbia de sur a norte”, afirma Teresa Sancristóval, responsable de la unidad de emergencias de MSF.
 
 
Muchos se quedan aquí durante varios días y necesitan información, comida, agua, letrinas, duchas y protección contra el frío, ya que por las noches las temperaturas llegan a bajar hasta los tres grados centígrados. Con las fuertes lluvias que han caído estos días, las condiciones se han puesto aún más difíciles. Tenemos que estar preparados porque prevemos que esta situación continúe así por un tiempo”, añadió Sancristóval.
 
Los equipos de MSF han puesto en marcha una clínica móvil y han atendido en los primeros cuatro días de actividad a 400 personas; en su mayoría niños con problemas respiratorios (60%), mujeres embarazadas (30%) y hombres con heridas infectadas.
 
 
Según el equipo médico de MSF, el agotador viaje que estas personas han realizado ha contribuido a debilitar su sistema inmunitario. Además, aquellos que sufren enfermedades crónicas no han tenido acceso a su medicación desde hace mucho tiempo.
 
MSF está negociando con el Gobierno húngaro la ampliación de sus actividades y la mejora de la calidad de los servicios que se ofrecen a los refugiados y migrantes que cruzan la frontera.