25.04.2019

La malaria o paludismo es la enfermedad más frecuente en los hospitales donde trabaja MSF y una de las más sencillas de curar si no fuera porque la mayoría de los enfermos, en su mayoría niños y niñas, no son diagnosticados ni reciben tratamiento porque viven en zonas aisladas o están afectados por un conflicto armado.

En la actualidad, más de 800 niños menores de cinco años mueren cada día a causa del paludismo y con la llegada de las lluvias, que comienzan en mayo, aumenta el riesgo en lugares como Níger, Sudán del Sur y República Democrática del Congo (RDC).

Emma Picasso trabajó con MSF en RDC. Ella recuerda cómo fue esa primera misión en la que su principal lucha profesional fue contra el paludismo, que cada año mata a 430.000 personas en todo el mundo.

“Estudié medicina porque quería explicarme muchas cosas acerca de la muerte, además de tener la intención de ayudar a otros. Lo que no esperaba era encontrarme en mi primera misión con una enfermedad tan letal para los niños y las niñas. Me preguntaba cómo era posible que la picadura de un mosco fuera a tener consecuencias tan graves”, recuerda esta médica que trabajó en el hospital infantil de México Federico Gómez.

“Era una enfermedad de la que había leído y oído, pero nunca tratado. Me pareció impactante ver cómo en la temporada de lluvias el índice de mortalidad era, y es, altísimo. Pueden llegar a morir cinco niños por día. Pero, de nuevo, suena surrealista saber que el causante es un mosco que tiene un parásito que se mete en los glóbulos rojos y los hace explotar, y que, por ejemplo, en contextos como el nuestro se puede prevenir si utilizas un mosquitero, un repelente o administras tratamientos antimaláricos, pero dentro de algunas poblaciones de África en la que trabajamos acceder a esto parece imposible por las condiciones y los lugares donde viven”.

Para MSF la labor en la prevención y el tratamiento de esta enfermedad es crucial para evitar muertes. Solo en 2017, la organización trató a más de 2,5 millones de enfermos de malaria en todo el mundo. Mediante la entrega de mosquiteras, insecticidas y, sobre todo, del acceso a tratamientos, MSF busca atender a tiempo al máximo número de personas, siendo los mejores de cinco años y las mujeres embarazadas su prioridad.

“Los niños y las niñas son los más vulnerables porque su sistema inmunológico no está tan desarrollado. A la mayoría les da paludismo y eso afecta su sistema nervioso central, pueden sufrir anemia muy severa. En temporada de lluvias, llegué a ver entre 20 y 25 niños por día, de los cuales 5 o 6 estaban en estado crítico”, asegura Emma quien también trabajó en República Centroafricana y el Líbano.

“Recuerdo -continúa Emma- a un par de gemelas con paludismo que llegaron al centro de salud de MSF en Manono, RDC. Una se recuperó muy rápido, pero la otra empeoró. Se sobreinfectó con otra bacteria y en su periodo más crítico se le bajó la glucosa, a pesar de las medidas que habíamos tomado. Estuve toda la noche con ella y tenía mucho miedo, pero al final se recuperó. Luego, la trasladamos a un hospital en la capital porque había tenido una lesión en sus manitas”.

Emma vio muchos niños y niñas fallecer y eso le dejó inmensos aprendizajes. En un día como hoy recalca que “nadie debería morir de una enfermedad prevenible y curable”. Por ello, MSF sigue trabajando para llevar el tratamiento a quién más lo necesite, esté donde esté.

 

Para entender la malaria

¿Qué es? Está causada por cuatro especies del parásito Plasmodium (falciparum, vivax, ovale y malariae). De todos ellos, el Plasmodium falciparum es el responsable de más muertes.

El parásito es trasmitido a los humanos por la picadura de un mosquito hembra infectado del género Anópheles, que se lo traspasa al flujo sanguíneo, donde se reproduce. Si otro mosquito pica a esa persona, el parásito infecta al insecto y el ciclo continúa. La transmisión depende de las condiciones meteorológicas, en especial de la lluvia, el calor y la humedad, que favorecen la multiplicación del mosquito (que pone sus huevos en el agua). En muchas regiones, la transmisión es estacional y el pico se produce durante y justo después de las lluvias.

¿Cuáles son los síntomas? Suelen aparecer entre 10 y 15 días después de la picadura, y consisten fundamentalmente en fiebre, dolor articular y de cabeza y vómitos.

¿Cuál es su diagnóstico? En caso de fiebre, debe hacerse un examen clínico para buscar otros síntomas, como dolor de cabeza o articular. Para confirmar el diagnóstico, se puede buscar el parásito en la sangre con pruebas de microscopio. Actualmente también existen pruebas rápidas que, en 15 minutos y con una gota de sangre, permiten saber si una persona está infectada sin necesidad de laboratorio.

¿Cómo se trata? Actualmente uno de los tratamientos más efectivos son las terapias combinadas con artemisinina (TCA). La artemisinina es un derivado de una planta china de probada eficacia. De fácil utilización (por vía oral o inyectable), actúa rápidamente y elimina el parásito en sangre más rápidamente que otras moléculas disponibles. Se habla de terapias combinadas porque la artemisinina se administra combinada con otras moléculas todavía eficaces, normalmente la amodiaquina o la mefloquina. Esta combinación se utiliza para prolongar y reforzar el efecto del tratamiento y retrasar la aparición de resistencias.

 

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