26.07.2019

Por Anne-Cecilia Kjaer, gerente de actividades de enfermería de, 26 de julio de 2019.

 
“Recibimos una llamada ayer por la mañana, nos dijeron que unas personas habían sido desembarcadas en la base militar en Khoms. Llegamos a eso de las 10:30 de la mañana. Nuestro equipo estaba formado por un médico, dos enfermeras y un conductor.
 
Había alrededor de 80 personas, la mayoría de Eritrea, Sudán, Egipto y Bangladesh. Era un día muy, muy caluroso. Las personas estaban sentadas contra una pared para poder tener algo de sombra. Apenas estaban vestidas, algunas solo traían una toalla o ropa interior. Se encontraban en la sombra, en estado de shock. 
 
Identificamos los casos críticos: algunos habían tragado y respirado mucha agua de mar, y tenían problemas respiratorios. Otros estaban en una situación crítica, recostados sobre el piso, con estado cianótico y la piel gris debido a la falta de oxígeno. Estaban en una condición realmente mala. 
 
Nuestro médico examinó a las personas con los casos más urgentes, aplicamos sueros intravenosos y llamamos a una ambulancia para que las trasladara a los hospitales locales.
 
Un hombre de Sudán, que literalmente fue sacado del agua, le dijo a nuestro equipo que había visto cómo se ahogaban su esposa e hijos.  Parecía horrorizado, simplemente estaba sentado allí, en shock. 
 
Cuando la situación se estabilizó un poco, fuimos con cada persona para examinar los casos médicos menos graves y brindarles agua y alimentos de emergencia. Tenían mucha sed. Habían pasado varias horas desde que el barco comenzó a hundirse y la temperatura era de alrededor de 40 grados.
 
La gente tenía heridas pequeñas, dolores estomacales debido a que habían tragado agua de mar, y estaban exhaustos y traumatizados. Las personas con las que hablé habían estado en manos de los traficantes durante mucho tiempo y, en general, estaban en mal estado: parecían estar desnutridas y anémicas.
 
Los sobrevivientes nos dijeron que habían salido de la costa libia el miércoles por la noche al atardecer, posiblemente a bordo de tres barcos que se amarraron entre sí. Algunos dijeron que su barco se dañó, causando que el agua se filtrara en el barco. No pudieron completar el viaje y trataron de regresar. Dijeron que estaban a un par de kilómetros de la costa cuando el nivel del agua en el bote aumentó.
 
Mientras continuaban su camino hacia la orilla, el bote comenzó a hundirse. La mayoría de los niños no podían nadar, e incluso aquellos que podían se hundían debido a la fatiga.
 
Los testimonios de quienes participaron en el rescate dijeron que había al menos 70 cuerpos en el agua. Los sobrevivientes fueron rescatados por pescadores que los llevaron de regreso a Khoms. Según los testimonios, había al menos 300 personas en los barcos, incluyendo a 50 mujeres y niños, y 100 personas más en otro barco, pero no pudimos confirmar esta información.
 
Poco después de llegar a Khoms, otro grupo de 53 sobrevivientes fue llevado al puerto. Un segundo equipo de MSF fue al punto de desembarque, donde proporcionaron asistencia de emergencia.
 
A la 1 de la madrugada, otro grupo de unas 190 personas fue llevado al punto de desembarque: es posible que hayan sido interceptados por los guardacostas libios. Eran principalmente de Sudán, Eritrea y Somalia. Entre ellos había un niño.
 
Nuevamente, distribuimos agua y alimentos, e hicimos chequeos médicos. No estaba claro si habían estado entre las 400 personas que habían salido el miércoles, o si formaban parte de otro grupo. Estamos tratando de reconstruir la cadena de eventos, pero hay poca información oficial y confiable disponible. Las personas rescatadas están en estado de shock, muy traumatizadas, y son básicamente nuestra principal fuente de información. Las personas a quienes asistimos en el desembarco ya han abandonado el puerto, pero no sabemos su paradero.
 
En los próximos días haremos un seguimiento de las siete personas que derivamos al hospital para verificar su estado médico. No pueden ser enviadas a centros de detención: deben contar con una vivienda segura alternativa o ser evacuadas a un país seguro.
 
La mayoría de las personas a las que asistí ayer experimentaron viajes sumamente espantosos. Los sobrevivientes están traumatizados y, de nuevo, serán puestos en una posición donde corren un riesgo mortal. Antes de sobrevivir al naufragio, cruzaron el desierto, estuvieron cautivos por los traficantes, se enfrentaron a violencia y torturas. Después vieron cómo se ahogaban sus familiares, y ahora es probable que sean llevados a una prisión, en condiciones horribles, o que desaparezcan sin dejar rastro en un país en guerra donde los refugiados y los migrantes están particularmente expuestos a niveles alarmantes y bien conocidos de abusos.
 
Estoy muy preocupada y me es difícil aceptar que estas personas, que se han enfrentado a tales niveles de violencia y traumas, sean tratadas así. Es una situación que debe parar.
 
Ni siquiera puedes imaginar cómo están sufriendo estas personas. Una vez que estás en medio, cuando tratas de ponerle palabras, te das cuenta de que no hay palabras capaces de describir su sufrimiento".