03.12.2018
Kazem * es un refugiado iraní que ha estado detenido en Nauru durante cinco años y tres meses.
 
"Me fui de Irán por mi religión. Me convertí del islam al cristianismo, y en mi país, si haces eso, lo primero a lo que te enfrentas es a la tortura y a la prisión. A la larga, te enfrentas a la muerte.
 
Fue muy difícil pero mi esposa y yo decidimos huir. Durante el primer año en Nauru estuvimos en una tienda de campaña. Fue muy, muy duro. Luego, en 2014, pasamos a vivir con la comunidad y nos convertimos en refugiados. Pensamos que todo sería normal, que todo sería bueno. Pero después de un tiempo descubrimos que no hay diferencia entre la tienda y la comunidad, porque simplemente eres transferido de una pequeña prisión a una gran cárcel rodeada por el océano.
 
Nuestra principal preocupación, algo que nos ha hecho sufrir demasiado, es nuestro futuro. Fuimos reconocidos como refugiados en 2014, pero aún no sabemos qué va a pasar con nosotros. Solicitamos el reasentamiento en Estados Unidos, pero nos lo denegaron. Las autoridades de ese país nos rechazaron. Eso nos afectó muchísimo. Todavía no sé cuánto tiempo nos llevará salir de aquí. Esto es realmente difícil.
 
En este momento mi esposa sufre una profunda depresión. Recibió un tratamiento muy bueno por parte de MSF, pero tan pronto como MSF se fue, su estado fue empeorando día a día. Estoy tratando de conseguir una cita para que pase consulta  con el equipo de salud mental del IHMS [International Health and Medical Services], pero lleva mucho tiempo. Lleva ya 24 días sin poder comer ni dormir. Ni siquiera puede beber y tampoco se levanta de la cama. Se pasa todo el tiempo tumbada. 
He tratado de ser fuerte y mantenerme sano para apoyar a mi familia, para apoyar a mi esposa, para resistir. Pero en este momento, estoy muy, muy cansado. Mi vida parece una barca con un gran agujero. Puedo ver cómo mi vida se hunde y se hunde en los océanos.
 
Algunas personas del Gobierno australiano dicen que "vamos a evacuar a todos los niños antes de Navidad". Luego otro dice: "no, nunca dijimos eso". No hay fecha límite, no hay nada, no hay reglas, solo están jugando. Por un lado, la gente se alegra cuando evacúan a los niños, pero por otro, están preocupados por ellos mismos. Dicen, “¿qué nos va a pasar? No tenemos hijos, tal vez tengamos que quedarnos aquí  mucho tiempo. Tal vez el Gobierno australiano va a seguir jugando con nosotros”.
 
Sabes, quizás en Australia o en otros países sigan las noticias sobre Nauru todos los días, pero eso no afecta sus vidas. Cuando nosotros seguimos esas noticias, ¡estamos hablando de nuestro futuro! Hoy puede que las noticias nos brinden algo de esperanza, pero mañana puede que veamos que en realidad nos van a destruir más que ayer.
 
Me gustaría volver a tener una vida normal. Me gustaría salir de aquí, vivir en un país nuevo con una nueva nacionalidad para empezar mi vida."
 
* El nombre ha sido modificado por razones de confidencialidad.
 

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