14.11.2016
Entrevista con Helle Poulsen-Dobbyns, coordinadora de proyectos de MSF, que acaba de regresar de Maiduguri, la capital del estado de Borno. Esta región en el noreste de Nigeria vive asolada por el conflicto entre Boko Haram y el ejército nigeriano. 
 

¿Cuál es la situación en Maiduguri?

 
Nuestros equipos han tenido que hacer frente a un gran número de niños con desnutrición aguda severa y un creciente número de casos de malaria. No esperábamos algo así en la capital, donde no hay conflicto y las organizaciones de ayuda tienen acceso. En algunas zonas, las tasas de desnutrición eran tan elevadas como las registradas en las zonas de conflicto. 
 
Nos encontrábamos con muchos casos de ambas manifestaciones de desnutrición aguda severa: marasmo grave (niños con una delgadez extrema y grave debilitamiento) y kwashiorkor (edemas en tobillos, pies y vientre); eran casos tan graves que la piel desarrollaba erupciones con forúnculos, como si hubieran sufrido quemaduras. Realizamos una distribución de alimentos para 8,000 personas en un campo de desplazados y era la primera vez en cuatro meses que recibían algún alimento.
 

¿Cuáles fueron las principales dificultades?

 
Nuestros centros estaban llenos de niños menores de 5 años, que son los más vulnerables, pero también vimos la muerte de muchos niños mayores. Sus cuerpos, ya debilitados por la desnutrición e incapaces de luchar contra la enfermedad, fueron víctimas de los efectos de la malaria grave. Por eso no hacía más que repetir al equipo: la clave está en la comida. 
 
Para conseguir un impacto específico, establecimos criterios para saber quién debía recibir las distribuciones de alimentos. Por ejemplo, cuando dábamos el alta a los niños con desnutrición aguda severa del centro de nutrición terapéutica, entregábamos a sus madres una ración familiar de alimentos para un mes para que sus hijos no recayeran. También hicimos una distribución selectiva de alimentos a las familias con seis o más hijos y con al menos un niño menor de 5 años. Esto no reemplazaba la distribución de alimentos necesarios para los desplazados internos que viven en campos o en la comunidad. 
 
 
Para complicar las cosas, el 90% de los desplazados son acogidos por la comunidad en Maiduguri en muy malas condiciones: el saneamiento y la higiene son inadecuados. Esto hace que sea más difícil llegar a ellos y dichas condiciones son como una incubadora; facilitan la propagación de enfermedades. 
 

¿Cómo responde MSF a la emergencia?

 
Primero, hemos aumentado nuestra capacidad para poder tratar a más pacientes, contratando a más personal que recibió formación de nuestro personal existente, a la vez que se iban recibiendo y tratando un gran número de nuevos casos de emergencia.
 
A continuación, trabajamos en la gestión de nuestras instalaciones médicas. En nuestra clínica de Maimusari, por ejemplo, tenemos a enfermeras que se encargan del triaje directamente en las colas de pacientes para asegurar una identificación rápida, lo cual luego nos permite ofrecer la atención necesaria para los casos más graves. Los niños estaban tan enfermos que, de no ser así, nos habríamos arriesgado a verlos morir mientras esperaban a ser atendidos.
 
Mantuvimos una intervención integral tanto dentro como fuera de los campos de Maiduguri a través de una campaña de cuatro días de distribución de alimentos y otros artículos de primera necesidad como mosquiteras, bidones, colchones, mantas y jabón. Al mismo tiempo, dirigimos una clínica móvil, haciendo exámenes médicos, así como aplicando tratamientos de forma sistemática y administrando tratamientos preventivos como vacunas contra el sarampión y prevención de la malaria estacional. 
 
 

¿Cuáles son sus principales preocupaciones para el futuro?

 
La temporada de lluvias ha sido corta, con escasas lluvias, y esto ha creado las condiciones óptimas para que los mosquitos se desarrollen en pequeños charcos de agua. Cuando llegue la temporada de calor, la población todavía estará debilitada por la desnutrición y expuesta al elevado riesgo de malaria, agravado por las condiciones de hacinamiento. 
 
Por otro lado, las lluvias han sido insuficientes para la temporada de siembra. Sus aldeas han sido destruidas, les han robado el ganado, y los campos y los cultivos han sido saqueados y quemados. Necesitarán todo el apoyo posible en Maiduguri. 
 
Hay personas que regresan, algunos negocios y tiendas aportan una cierta sensación de normalidad. Sin embargo, la crisis sigue expandiéndose. Se requiere un enfoque integral y de cooperación que incluya la distribución de alimentos por parte de las organizaciones de ayuda y las autoridades. 
 
MSF tiene tres proyectos en Maiduguri: en Gwange, Maimusari y Bolori. El tratamiento de la desnutrición aguda severa –de forma ambulatoria en la mayoría de los casos pero hospitalizando a los niños con complicaciones médicas– es una de las principales actividades que lleva a cabo  la organización. 
 

LEER MÁS

 

Nigeria: tratando a los niños con desnutrición en Beni Shiekh