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27.09.2021
La población se enfrenta a una situación desesperada en el norte de Siria, ya que el acceso limitado al agua potable en los últimos meses ha llegado a un punto crítico. Una década de guerra ha dejado las infraestructuras de agua y saneamiento destruidas y descuidadas, y en la actualidad más de tres millones de personas, en su mayoría desplazadas por el conflicto, sufrenlas graves consecuencias.
 
“Incluso cuando el agua está disponible y accesible para las personas en el norte de Siria, a veces no es segura y está contaminada”, dice Ibrahim Mughlaj, oficial de promoción de la salud de MSF en el noroeste de Siria. "Nos enfrentamos regularmente al impacto sanitario de la mala calidad del agua, que a menudo trae a los campos enfermedades transmitidas por el agua y otros problemas de salud, como la diarrea, la hepatitis, el impétigo, la sarna y muchos otros", afirma. 
 
“Mientras que el noroeste es testigo de un alarmante aumento de casos COVID-19, el acceso limitado al agua también obstaculiza seriamente las medidas de higiene esenciales para la prevención y el tratamiento del virus”, dice Mughlaj.
 
 
 
 
En el norte de Siria, los organismos humanitarios intentan cubrir las brechas y responder a las numerosas necesidades, pero la accesibilidad general a las instalaciones de agua y saneamiento sigue siendo un problema, principalmente debido a la disminución del financiamiento para estas actividades. Las operaciones de agua, saneamiento e higiene (WASH) actualmente solo representan el cuatro por ciento del presupuesto total de respuesta humanitaria para toda Siria, lo que supone menos de un tercio de lo que se gastó el año pasado en las mismas actividades.
 

El impacto de la disminución del financiamiento

En el noroeste de Siria, esta disminución de la financiación ha llevado a muchas organizaciones a detener las actividades de transporte de agua en varios campos. Zonas como Deir Hassan, por ejemplo, se han visto fuertemente afectadas por esta reducción de servicios. Desde mayo de 2021, el número de casos de enfermedades transmitidas por el agua aumentó enormemente en la zona. “Solo entre mayo y junio de 2021, que es el período en el que se detuvieron algunas de estas actividades, las enfermedades transmitidas por el agua aumentaron en un 47%”, dice Teresa Graceffa, coordinadora médica de MSF en Siria.
 
En julio de 2021, nuestros equipos notaron un aumento de los casos de diarrea en más de 30 campos en la gobernación de Idlib y también detectaron casos frecuentes de sarna y otras enfermedades transmitidas por el agua durante sus consultas en los campos para personas desplazadas.
 
Desde principios de año, el 28% de las consultas totales en un hospital apoyado por MSF en la gobernación de Idlib se registraron como casos de diarrea acuosa aguda. Como resultado, lanzamos una respuesta de emergencia temporal e instalamos un Punto de Rehidratación Oral en el hospital, para brindar atención a pacientes con deshidratación de leve a moderada e informar, sensibilizar y educar a las personas sobre cómo prevenir la propagación de la diarrea.
 
“Pero este no es un problema aislado”, asevera el Dr. Mohammed El-Mutwakil, coordinador de terreno de MSF, “es un desafío recurrente al que se enfrentan nuestros equipos debido a un problema estructural que solo empeora con el tiempo a medida que disminuye la financiación para este tipo de actividades".
 
En el noreste de Siria, la población también se ha visto significativamente afectada por enfermedades transmitidas por el agua, así como por el aumento de la inseguridad alimentaria y un mayor riesgo de desnutrición, debido a la mala calidad del agua y a su menor disponibilidad. Un centro de atención primaria de salud apoyado por MSF en Raqqa informó que el número de casos de diarrea en mayo de 2021 fue un 50% más alto que en mayo de 2020.
 
En Hassakeh, un millón de personas se han enfrentado a un acceso reducido al agua durante casi dos años, a causa de interrupciones repetidas y sostenidas del suministro de agua de la estación de agua de Alouk, que está bajo el control de las autoridades turcas. Además, la población del noreste de Siria se ve afectada por la severa reducción en el volumen de agua que fluye en el río Éufrates, que es la fuente de agua más importante para el noreste de Siria.
 
 
 

Cubriendo las brechas

El número insuficiente de instalaciones de agua y saneamiento a menudo lleva a las personas a recurrir a mecanismos de sobrevivencia poco seguros. “A veces compramos agua nosotros mismos”, dice Hussain Muhammad, un hombre que actualmente vive en un campo para personas desplazadas en la gobernación de Idlib. “Pero cuando no podemos, tenemos que esperar el apoyo de las organizaciones humanitarias. Y si no llega, durante el invierno ponemos ollas bajo la lluvia para recoger agua”, dice.
 
“Dado que los techos y las tiendas de campaña están sucios, el agua se contamina y no es seguro beberla o ducharse con ella. Es agua de piedra caliza y contiene arena. Cuando usamos esta agua, mi hijo de un año desarrolló una enfermedad renal. Me dijeron que le comprara agua embotellada, pero no podía pagarla".
 
En respuesta a esta severa crisis de agua y saneamiento, nuestros equipos desarrollaron una respuesta integral de agua, saneamiento e higiene, adoptando un enfoque que cubre las necesidades de las personas en el norte de Siria durante los 10 años de conflicto.
 
En la primavera de 2021, al hacerse más evidentes las carencias de financiamiento, decidimos ampliar temporalmente nuestras actividades de agua y saneamiento. “Duplicamos el número de campos que cubrimos en la gobernación de Idlib”, dice Ousama Joukhadar, gestor de logística de MSF en Siria.
 
Ahora brindamos servicios de agua y saneamiento en unos 90 campos en el noroeste de Siria, y llegamos a unas 30,000 personas desplazadas. Las actividades realizadas por nuestros equipos incluyen distribución de kits de higiene, transporte y tratamiento de agua, recolección de residuos, redes de agua y alcantarillado, construcción y rehabilitación de letrinas, así como iniciativas de promoción de la salud basadas en la comunidad.
 
 
 
 
En el noreste de Siria, también respondemos con más camiones de agua segura en la ciudad de Hassakeh y una mayor respuesta a la desnutrición en Raqqa. “Pero todas estas iniciativas no son soluciones permanentes”, dice Benjamin Mutiso, coordinador de terreno de MSF. “Todavía hay muchas personas que sufren las consecuencias de la falta de acceso al agua potable y nos encontramos en una situación en la que no podemos cubrir todas las necesidades".
 
“Los déficits de financiamiento siguen ampliándose, la distribución de agua a veces se politiza, a a vez que MSF y otras organizaciones no pueden cubrir todas las brechas”, afirma Mutiso. “La salud de las personas está en riesgo y no pueden sobrevivir si ni siquiera tienen acceso a lo básico. Los principales donantes deben acelerar la asignación de fondos y garantizar la continuidad de las actividades de agua y saneamiento esenciales para la sobrevivencia de las personas en el norte de Siria", concluye.