12.02.2019
Asad tiene 20 años y es originario de Somalia. Se vio obligado a huir de su país porque su vida corría mucho peligro. Cruzó países en guerra, varios océanos y recorrió miles de kilómetros para alcanzar la seguridad de Europa.
 
Uno de nuestros equipos en Médicos Sin Fronteras (MSF) se reunió con él en la ciudad española de San Sebastián. La impactante historia de Asad es uno de los tantos ejemplos de las terribles experiencias a las que se enfrentan miles de personas que, con sus vidas en peligro, intentan reclamar su derecho al asilo.
 

ASAD

 

Disparos y explosiones.

 
Mi nombre es Asad. Tengo 20 años y vengo de Somalia. Mi historia comenzó hace unos años, a principios de 2015. Tenía una esposa y un niño pequeño, y vivía con mi familia en Jowhar, Somalia. Era un conductor de mototaxi. 
 
 
Un día, unos hombres me amenazaron y me obligaron a llevarlos en mi mototaxi. De inmediato me di cuenta de que eran lo que la gente aquí llama "terroristas", pero no tuve otra opción. Tuve que darles el servicio. Estábamos en la carretera cuando vi un puesto de control policial. Estaba asustado. No quería que la policía me viera con esos hombres, así que detuve el mototaxi y corrí. Los terroristas comenzaron a dispararme, la policía les respondió y hubo un intercambio de disparos. Los terroristas llevaban explosivos e hicieron explotar mi mototaxi.
 
La policía me arrestó. Les conté lo que había pasado exactamente y me dejaron ir. Fue el principio de mi éxodo. 
 

Huyendo de mi país

 
Los terroristas me estaban buscando. A su parecer, los había traicionado. Intenté esconderme pero encontraron a mi familia. Amenazaron a mi padre y le dispararon a mi madre porque lo defendió. Sabía que tarde o temprano me encontrarían y me matarían. No tuve elección. Tuve que irme de Somalia. Eso fue el 15 de marzo de 2015.
 
Me puse en contacto con algunas personas que conocía para que me llevaran en un pequeño bote a Yemen. Después de pasar 70 días allí, crucé Arabia Saudita, me subí a otro barco y terminé en Sudán. No quería quedarme en Sudán o Yemen, porque ambos son países devastados por la guerra.
 
Decidí ir por carretera a Libia y de allí a Europa. Tuve que pagarle a traficantes de personas para poder continuar mi trayecto. Me quedé en una casa en Libia, pero se me impidió salir. Más adelante fui arrestado y llevado a la cárcel, pero después de dos meses logré escapar. Encontré trabajo para pagar mi viaje a Italia. En Libia que me robaron mi bolsa con todas mis pertenencias. Mis documentos de identidad también estaban ahí.
 

Europa, al fin

 
Finalmente logré subir a un bote que iba hacia Italia, pero comenzó a hundirse. Tuvimos suerte porque un barco más grande [un barco de búsqueda y rescate] vino y nos rescató. Después de varios días, logramos llegar a Palermo. Quise solicitar asilo en Italia, pero me dijeron: "No hay nada para ti aquí". Así que, una vez más, no tuve más remedio que irme. Viajé por Palermo, Verona y luego Munich en Alemania. Pasé alrededor de un mes en Italia antes de llegar a Alemania.
 
Estaba en un campo de refugiados en Alemania, pero debido al Reglamento de Dublín no pude solicitar asilo allí y me dijeron que regresara a Italia. Pero sabía que Italia no me quería, así que decidí probar suerte en Francia. Después de varios intentos, logré cruzar la frontera con Francia y llegué a París.
 
Reglamento de Dublín
 
De acuerdo con el Reglamento de Dublín, adoptado en 2013 por los Estados miembros de la Unión Europea, las solicitudes de los solicitantes de asilo deben ser examinadas por las autoridades del país a través del cual ingresaron por primera vez a la Unión Europea. Las solicitudes no pueden ser presentadas en otro país.
 
Había oído hablar de Porte de la Chapelle en París, de modo que fui a pedir asilo político allí. Las autoridades francesas me enviaron a un pequeño pueblo cerca de Limoges, en el centro de Francia, y tuve una entrevista en la prefectura sobre mi solicitud de asilo. No sé por qué, pero fue rechazada.
 
 

El accidente

 
El accidente ocurrió en el centro para solicitantes de asilo cerca de Limoges. Una noche, me caí de la litera en la que estaba durmiendo y me fracturé la columna vertebral. El dolor era terrible. No podía sentarme, tuve que quedarme de pie. Pero a pesar del accidente, las autoridades me enviaron a la estación de policía en Hendaya, en el suroeste de Francia, donde me encerraron durante 41 días. Sólo pude ver a un médico una vez.
 
La policía me dijo que me iban a enviar de vuelta a mi país y un día vinieron por mí. Fuimos al aeropuerto, pero cuando el piloto vio que no podía sentarme y tenía mucho dolor, se negó a subirme a bordo. Dimos media vuelta y regresamos a la estación de policía en Hendaya. Los oficiales de policía me dejaron en la puerta principal y me dijeron que estaba libre. Estaba perdido y con mucho dolor. Caminé y caminé, pero no tenía a dónde ir.
 

“Mi salvador”

 
Preferiría que la persona que me rescató te contara lo que sucedió después. Las cosas iban muy mal para mí en ese momento, así que no recuerdo mucho.
 

PABLO, UN HOMBRE ESPAÑOL EN SUS 40S:

 
Mi familia y yo estábamos montando nuestras bicicletas cerca de la estación en Hendaya cuando conocimos a Asad. Notamos de inmediato que necesitaba llegar con urgencia a un hospital. Pero sabía que, por regla general, es más difícil para los extranjeros obtener tratamiento médico en Francia que en España, por lo que decidimos caminar con él a Irún, al otro lado de la frontera. Llamamos a una ambulancia española, pero tan pronto como mencioné que creía que la persona era un migrante, se negaron a venir. Entonces decidimos ir a un centro para migrantes gestionado por la Cruz Roja, cerca de donde estábamos, pero no había nadie allí. Al final, nos encontramos con alguien dispuesto a volver a llamar al hospital y finalmente apareció la ambulancia.
 

Manifestaciones y apoyo 

 

Asad pasó dos días en el hospital, pero los médicos no le dieron ningún diagnóstico y le dijeron que se fuera. Una organización de voluntarios a la que le hablamos sobre su situación lo llevó a un asentamiento de inmigrantes. Su condición se estaba deteriorando, así que decidimos llevarlo de regreso al hospital donde inicialmente se habían negado a admitirlo. Tuvimos que organizar una manifestación con los voluntarios locales para conseguirle tratamiento médico.
 
Asad finalmente fue enviado a un centro médico especializado en San Sebastián.
 

ASAD

 
Fue entonces que comencé a ver la luz al final del túnel. Ninguno de los países europeos en los que he estado se había preocupado por mí. Nadie quiere acoger a las personas como yo. Ahora estoy tomando clases de español en el centro y sesiones de rehabilitación para lograr sentarme otra vez. Tengo personas a mi alrededor que me ayudan y apoyan. Voy a solicitar asilo político y espero que esta vez funcione.