07.09.2020

Cuando Gulnaz empezó a tener dolores de parto en la semana 31ª de su embarazo, supo que tendría que hacer el viaje de dos horas hasta el hospital de la sede del distrito de Timergara, donde Médicos Sin Fronteras (MSF) atiende a madres y a sus recién nacidos.

Gulnaz explicó que con el cierre de las instalaciones médicas de la zona, como parte del bloqueo para controlar la propagación de COVID-19 el hospital era su única opción. La unidad de salud materno-infantil de MSF en Timergara es la mayor instalación de salud materna en un radio de 100 kilómetros, y el equipo asiste más de 1,200 partos cada mes.

Los bebés no dejan de nacer durante la pandemia de COVID-19

El proyecto de MSF en Timergara se enfrentó a un importante desafío cuando, del equipo de 500 personas, más de 200 miembros del personal tuvieron que aislarse o ponerse en cuarentena, en diferentes momentos entre abril y junio, a causa de la COVID-19; se trataba de casos confirmados o sospechosos. Además, otros miembros del personal no pudieron ir a trabajar porque las zonas en donde viven estaban cerradas y no contaban con ningún medio de transporte para llegar al hospital. Esto pudo haber afectado la atención a los pacientes, y en un momento dado el equipo también temió tener que suspender las actividades. Pero trabajaron incansablemente para mantener los servicios en funcionamiento. El resto de los miembros del equipo trabajaron turnos dobles durante tres o cuatro semanas, cancelaron sus vacaciones, contrataron profesionales para puestos médicos y no médicos y organizaron la llegada de personal administrativo y logístico adicional desde la oficina de coordinación de MSF en Islamabad. También recibieron apoyo adicional con personal médico del Ministerio de Salud.

 

 

"Alrededor del 70% de las madres que vemos en nuestro centro vienen cuando ya están en trabajo de parto. Nos resultaba imposible enviarlas a otro hospital cuando ninguno de ellos ofrecía atención gratuita en cientos de kilómetros", dice el referente médico del proyecto de MSF, Said Raziq.

Sin embargo, el hospital de mujeres de MSF en Peshawar no tenía la ventaja de contar con el apoyo de personal médico externo del Ministerio de Salud. Después de que un miembro del equipo diera positivo de COVID-19 a principios de abril, el hospital perdió casi la mitad de su personal por las medidas de cuarentena y tuvo que suspender sus actividades. Dejaron de aceptar nuevos pacientes, transfirieron a los que tenían a un hospital público situado en las cercanías e informaron a las unidades sanitarias de los pueblos y a las comunidades de los cambios. Las medidas se aplicaron para tratar de detener la propagación del virus.

Mehvish dio a luz a su hija en el hospital de mujeres de Peshawar: "Tenía mucho miedo de ir a cualquier hospital para mi parto. Pensé que me contagiaría de COVID-19. El padre de mi amiga murió de eso... no fui al médico ni siquiera para mis controles prenatales. Cuando finalmente fui al hospital de mujeres de MSF, por recomendación de mis familiares, me sentí aliviada al ver las medidas de prevención que se estaban tomando para evitar que el virus se propague. Ya no estoy preocupada por la COVID-19".

Retroceder nunca es fácil

Fue una decisión difícil para MSF suspender las actividades en Peshawar, incluso durante un corto periodo de tiempo, porque nuestros pacientes, incluidos los refugiados afganos, tienen muy pocas opciones de atención sanitaria materna y neonatal gratuita y de buena calidad en la región. Como el equipo temía que algunas mujeres embarazadas pudieran llegar al hospital en trabajo de parto activo y sin tiempo para desplazarse al hospital público, prepararon una sala de partos de emergencia con personal médico disponible 24 horas al día, 7 días a la semana.

"Hicimos mejoras estructurales en las instalaciones para crear más espacio, implementamos medidas de prevención y control de infecciones y capacitamos al personal para que supieran cómo protegerse a sí mismos y a sus pacientes mientras las tasas de transmisión local se mantuvieron altas", dijo Marion Restrepo, asesora médica de MSF en el hospital de mujeres de Peshawar.

Después de seis semanas, el hospital reanudó sus servicios. Con la nueva disposición del hospital se aumentó el espacio entre las camas, había una zona de triaje de COVID-19 en la entrada y se disponía de medidas de prevención y control de infecciones, incluyendo el uso del equipo de protección personal, como mascarillas, para el personal médico, los pacientes y los cuidadores. El hospital ahora también cuenta con una sala de aislamiento para partos para las madres con síntomas de COVID-19.

En Balochistán, MSF trabaja en Chaman, Quetta/Kuchlak, y en Dera Maura Jamali al este de la provincia. MSF gestiona tres salas de maternidad en la provincia, junto con dos unidades para recién nacidos, dos salas de pediatría y una sala de urgencias para pacientes con traumatismos. Estas actividades de hospitalización se complementan con actividades ambulatorias que incluyen atención prenatal, planificación familiar, vacunación, promoción de la salud, salud mental, nutrición y servicios de laboratorio. Aunque la COVID-19 obligó a suspender temporalmente los servicios ambulatorios de atención materno-infantil, MSF estableció vías seguras en los centros de atención materno-infantil para permitir que sus unidades de parto permanecieran abiertas, instalaciones de aislamiento donde las mujeres sintomáticas de COVID-19 pudieran dar a luz, y aseguró que las madres siguieran disponiendo de opciones de parto seguras. Junto con las ambulancias de referencia, MSF ha asegurado que este nivel constante de atención siga disponible.

La coordinadora médica de MSF, Carmenza Gálvez, explica: "Uno de los mayores retos es mantener los niveles adecuados de personal cuando ya ha habido transmisión local. Si un miembro del personal está expuesto, todo su equipo debe ponerse en cuarentena para poder detener la transmisión. Para evitar este escenario, se han establecido estrictos procedimientos de prevención y control de infecciones. Éstos se refuerzan con la continua sensibilización del personal sobre la enfermedad, y su transmisión y prevención".

 

 

Hepatitis C y leishmaniasis cutánea

Para reducir el riesgo de transmisión de COVID-19, el equipo de la clínica de hepatitis C de MSF en Karachi sólo ve a los pacientes dos días a la semana. Las personas que vienen a la clínica son pacientes nuevos o que necesitan consultas de seguimiento en persona. Durante la pandemia, MSF ha proporcionado a la mayoría de sus pacientes medicamentos para tres meses con el fin de cubrir su tratamiento, de modo que puedan evitar las frecuentes visitas a la clínica.

MSF gestiona cinco centros de tratamiento de leishmaniasis cutánea en Peshawar, Bannu y Quetta. Los centros de tratamiento están situados en instalaciones gubernamentales; MSF tuvo que suspender estos servicios después de que el Ministerio de Salud cerrara todos los servicios ambulatorios en marzo y abril. Ahora que los servicios ambulatorios se están reabriendo lentamente en todo el país, MSF está reanudando gradualmente los servicios para tratar casos leishmaniasis cutánea después de aplicar nuevas medidas de prevención y control de infecciones.

La prioridad de MSF es continuar con las actividades esenciales para salvar vidas en todo el país. Pakistán teme tener un nuevo aumento de pacientes con COVID-19 en agosto, pero los equipos de MSF están mejor preparados esta vez. Las medidas de prevención y control de infecciones se han implementado teniendo en cuenta el peor de los casos, en el que cualquiera puede ser portador de COVID-19. Aunque el miedo a contraer el virus permanece, MSF se compromete a proporcionar servicios a los pacientes en un entorno seguro.