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17.06.2021

En Médicos Sin Fronteras (MSF) iniciamos actividades en una comunidad de llegada de personas migrantes y dos Estaciones de Recepción Migratoria (ERM) en el Darién, Panamá, donde ofrecemos servicios médicos básicos y atención en salud mental. 

En el marco del Día Mundial de las Personas Refugiadas, que se conmemora este 20 de junio, queremos compartirte esta galería fotográfica que muestra los peligros para las personas que atraviesan esta región.

 

El río Turquesa a su paso por el pueblo de Bajo Chiquito (comarca Emberá-Wounaan), en Panamá. Las personas migrantes que cruzan el peligroso Tapón del Darién, de Colombia a Panamá, llegan a Bajo Chiquito por decenas y centenares de forma diaria después de haber superado la selva. Llegan caminando penosamente, o en ocasiones pagando un pasaje para el último tramo de la ruta en piraguas capitaneadas por vecinos, que también tienen que realizar rescates de personas que ya no pueden seguir avanzando por la selva, a 3 o 4 días todavía de la población y cuyas vidas corren peligro. 
 
 
 
 
Cruzar el Darién puede suponer entre 4 y 10 días (o más), de un bosque tupido, húmedo y enlodado, en el que hay que sortear montañas (la más famosa apodada “la Loma de la Muerte”, o “la Loma del Diablo”), precipicios y barrancos, crecidas súbitas de ríos, largas caminatas a ritmo feroz, insectos y serpientes, hambre y sed.
 
A ello hay que sumar las bandas de ladrones que asaltan a las personas migrantes, les roban todas sus pertenencias y víveres y abusan sexualmente de las mujeres. Médicos Sin Fronteras (MSF) hemos iniciado actividades en Bajo Chiquito para poder cubrir las necesidades médicas de las personas migrantes que llegan heridas, exhaustas, aterrorizadas y desorientadas después de superar el Tapón del Darién. 
 
 
 
 
La sala de espera del centro de salud de Bajo Chiquito recibe a los grupos de migrantes, donde les atendemos según la gravedad de su situación. El Tapón del Darién se ha convertido en los últimos meses en un lugar de tránsito (pese a su extrema peligrosidad) para miles de personas migrantes de diferentes nacionalidades. La mayoría de nacionalidad haitiana que tras perder sus empleos por la pandemia en Brasil, Chile o Perú han decidido migrar hacia el norte, seguidos en número por cubanos y de venezolanos.
 
 
 
 
MSF operamos en Bajo Chiquito de la mano del Ministerio de Salud y también atendemos a la comunidad local. La mayoría de las patologías presentadas por los y las pacientes son producto de días caminando en una selva tropical: pies destrozados, piel atacada por insectos de toda índole, heridas y traumas por caídas y golpes, deshidratación e hipotermia, diarreas y vómitos por beber agua del río o inanición por 2 y 3 días sin comer entre otros.
 
Pese a la peligrosidad del Darién, familias enteras con niñas, niños, y mujeres embarazadas se atreven a adentrarse en él. Bebés y mujeres gestantes reciben atención prioritaria al llegar a Bajo Chiquito. 
 
 
 
 
Los relatos de los pacientes, además de platicarnos sobre los peligros de la selva y la brutalidad de las bandas de criminales que los asaltan, incluyendo el número de personas que no pueden continuar el camino porque han sufrido fracturas de tobillos o pies, que han llegado al límite de sus fuerzas y que se quedan atrás, sin que nadie pueda ayudarles. Las personas migrantes cuentan cómo se encuentran cadáveres en el camino, de personas que cayeron por barrancos o que se ahogaron en ríos (menores incluidos).
 
 
 
 
Las necesidades de las personas migrantes en Bajo Chiquito dejan mucho de estar cubiertas. Llegan a la población panameña al borde de la extenuación, mojados, sucios, agotados, magullados y sin apenas poder mantenerse erguidos sobre unos pies destrozados.
 
Tras ser registrada su entrada en Panamá y recibir una bolsa con comida por parte de las autoridades, luego deben procurarse alojamiento (normalmente un espacio en un cuarto o donde colocar una tienda de campaña que pagan a las personas de la comunidad), un lugar donde cocinar, o cómo contactar con sus familias para decirles que están bien o recibir dinero para poder continuar su camino.  
 
 
 
 
Tras permanecer en Bajo Chiquito entre uno y tres días, las autoridades organizan su traslado a Estaciones de Recepción Migratoria (ERM). Para facilitar el recuento y la distribución de las personas migrantes, son separadas en la cancha del pueblo según sus nacionalidades. En el registro de hoy se cuentan además de personas de Haití, Cuba y Venezuela, Senegal, Sierra Leona, República Dominicana, Bolivia, y Ecuador, pero por el Darién pasan también ciudadanos de India, Bangladesh, Pakistán o Yemen.
 
 
 
 
El único método de trasladar a las personas migrantes a las ERM en temporada de lluvias desde Bajo Chiquito es mediante piragua, con una capacidad aproximada de 13-15 personas por embarcación.
 
Como las piraguas salen juntas, el proceso de la salida puede demorarse varias horas. En este caso, el traslado se pospuso por la intensidad de las lluvias, que hacía el viaje por río muy peligroso. 
 
 
 
 
Esta es una salida de piraguas el pasado domingo. Las personas migrantes celebran abandonar Bajo Chiquito y sobre todo, dejar atrás el Darién. Aun así, muchas desconocen que en algunos casos las estancias en las Estaciones de Recepción de Migratoria a las que se dirigen se pueden alargar en el tiempo.
 
Y desde Panamá, aún les faltan más de 5,000 kilómetros y cruzar Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México, para llegar a la frontera con Estados Unidos, el destino final para la mayoría de las personas migrantes.