13.08.2016
Cruzar las aguas de la provincia del Golfo de Papúa Nueva Guinea puede ser traicionero. Durante los cinco meses que dura la temporada anual de vientos alisios del sureste – conocida como laura bada –, se soportan vientos de 30 nudos (unos 56 kilómetros por hora) que hacen que las pequeñas embarcaciones que azotan el océano, tengan que permanecer ancladas.
 
Aunque la laura bada no aísla completamente a esta zona – situada a unos 300 km de al oeste de la capital: Puerto Moresby – complica mucho el acceso a un lugar de por sí remoto. Montañosa, cubierta de frondosos bosques y atravesada por ríos, se trata de una zona en la que apenas hay carreteras.
 
En este terreno, los todoterrenos carecen de utilidad. Esto añade un reto a los numerosos desafíos que presenta este lugar ¿Cómo se puede entonces llegar a los pacientes del proyecto de tuberculosis que requieren tratamiento? La prevalencia de tuberculosis en esta zona es alta y el número de casos de la forma de esta enfermedad resistente a medicamentos sigue aumentando.
 
“Se trata de un lugar donde tenemos que pensar de forma diferente,” dice el Dr. Issac Chikwanha, subdirector del programa de MSF en Papúa Nueva Guinea. "Aquí hemos llegado a emplear vehículos aéreos no tripulados para hacer llegar las muestras de esputo desde zonas de difícil acceso a los laboratorios."
 
El alcance es clave: el 85% de la población del país vive en zonas rurales, y la mayor parte de los 158.000 habitantes de la provincia del Golfo habita en aldeas diseminadas.
 
En Kerema, tenemos un grupo de unos 200 pacientes en tres centros diferentes. Sin embargo, no sabemos muy bien cuál es la situación en el resto de la provincia y la causa hay que buscarla en las dificultades de acceso. El problema puede ser mucho más grande”, reconoce Chikwanha.
 
 
 
 
A finales de agosto de 2015, MSF llevó a cabo una expedición desde Kerema hasta la ciudad de Ihu, para tratar de identificar una ruta hasta los nuevo centros médicas de la provincia. Sin esa ruta, éstos quedan prácticamente inaccesibles durante la laura bada. Supuso un trayecto de tres días que implicó cruzar ríos y atravesar bosques.
 
Cuando comenzó el programa en 2014 los equipos de MSF identificaron 22 casos de tuberculosis resistente a medicamentos en Kerema que, de otro modo, se hubieran quedado sin tratamiento.
 
En muchas regiones del país, la tuberculosis es la enfermedad infecciosa responsable de más ingresos hospitalarios. El tratamiento puede llevar de seis meses o dos años, en el caso de la tuberculosis resistente a medicamentos.
 
Garantizar que los pacientes puedan acceder al tratamiento es solo uno de los muchos retos que presenta este programa. Papúa Nueva Guinea es el hogar de un número increíblemente diverso de tribus y comunidades, con diferentes costumbres y lenguas (se hablan más 800 en todo el país). Las comunidades vecinas pueden tener muy diferentes actitudes acerca de enfermedades como la tuberculosis.
 
Es esencial dar un seguimiento a los casos diagnosticados y que los pacientes sigan acudiendo a las consultas. Por cada tres enfermos que regresan al Hospital General de Kerema para seguir el tratamiento, uno no lo hace. También es esencial llegar a quienes necesitan ser examinados y reforzar el conocimiento en la comunidad sobre la tuberculosis de forma que se sepan que se trata de un enfermedad grave pero que tiene tratamiento.
 
En mayo de 2015, MSF puso en marcha dos proyectos de tuberculosis en la provincia del Golfo de Papúa Nueva Guinea. En Port Moresby, el programa está operativo desde marzo del año pasado.
 

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