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08.04.2021
Hasta marzo de 2021, Papúa Nueva Guinea se había librado en gran medida de cualquier brote importante de COVID-19. En pocas semanas, los casos confirmados de COVID-19 se han triplicado y un número cada vez mayor de personal sanitario da positivo al virus, lo que les obliga a entrar en cuarentena domiciliaria. El sistema de salud de Papúa Nueva Guinea corre el riesgo de colapsar debido a que las instalaciones de salud que gestionan casos de COVID-19 están cerca de ver superada su capacidad y muy desbordadas como para brindar atención médica básica regular.
 
Ghulam Nabi es el jefe de misión interino de Médicos Sin Fronteras en Port Moresby, Papúa Nueva Guinea, y nos describió la difícil situación que enfrenta actualmente la nación del Pacífico.
 

¿Cuál es la situación actual en Port Moresby?

“Las instalaciones de salud están luchando para hacer frente al brote. Existen limitaciones importantes debido a que un número considerable de personal sanitario ha dado positivo recientemente a la prueba de COVID-19. Tienen que aislarse y no pueden ir a trabajar. Se han restringido varios servicios de salud y el personal restante está preocupado porque esperan una interrupción importante de los servicios de salud.
 
El hospital Rita Flynn es uno de los dos hospitales más importantes de Port Moresby y hemos visto que los pacientes que visitan las instalaciones son evaluados después de horas de espera en la fila en algunas ocasiones. Casi el 40% de las personas que se hacen la prueba en Rita Flynn dan positivo por COVID-19. Esperamos más y más casos graves en los próximos días y semanas con una capacidad limitada para realizar pruebas y aislar a pacientes que muestran síntomas graves de COVID-19.
 
En general, es necesario reforzar los mensajes de salud pública. Es necesario mejorar la comprensión de la amenaza actual entre la población. El gobierno ha impuesto el uso de mascarillas, pero la mayoría de las personas no siguen las pautas. Hay algunos rumores e incredulidad general sobre la pandemia. Las personas solo se asustan cuando reciben un resultado positivo en la prueba. Esto también conduce a la estigmatización de sus familias y comunidades”.
 

¿Qué se necesita para mejorar la situación?

“Uno de los cuellos de botella es la capacidad para realizar pruebas en el país. Casi no quedan cartuchos, que son necesarios para analizar muestras de PCR, y no hay suficientes trabajadores sanitarios para realizar las pruebas. El equipo de protección personal adicional, la capacidad para hacer pruebas y los recursos humanos deben considerarse rápidamente para brindar asistencia al sistema sanitario que ya está sobrepasado. MSF está pidiendo a las organizaciones de la región que actúen rápidamente y se movilicen para aumentar su apoyo a Papúa Nueva Guinea.
 
El brote actual de COVID-19 en Papúa Nueva Guinea pone de relieve la urgente necesidad de una equidad mundial de las vacunas. Las vacunas deben estar disponibles rápidamente para el personal de atención médica de primera línea y los grupos de alto riesgo, según lo recomendado por la OMS. Si bien, es demasiado tarde para contener el brote actual, necesitamos vacunas lo más rápido posible en Papúa Nueva Guinea para mitigar el impacto del brote en el sistema de salud y prevenir o al menos limitar más brotes".
 

¿Cómo está respondiendo MSF al brote de COVID-19 en Papúa Nueva Guinea?

“Nuestra propia capacidad de respuesta es limitada. Probamos a todos los miembros de nuestro personal que trabajaban en nuestros proyectos habituales de tuberculosis durante los últimos días, y casi un tercio de los miembros de nuestro personal local dieron positivo. Ahora están en cuarentena domiciliaria y estamos monitoreando su salud.
 
En octubre del año pasado, comenzamos a brindar apoyo al hospital Rita Flynn en Port Moresby con un técnico de laboratorio y cartuchos para analizar muestras de pruebas de PCR para detectar contagios por COVID-19. Solo nos quedan suficientes cartuchos de prueba para dos semanas, por lo que estamos buscando obtener cartuchos a nivel internacional. También nos estamos preparando para asociarnos con el Hospital Rita Flynn para gestionar una instalación de tratamiento COVID-19 improvisada con capacidad de 43 camas donde se pueda comenzar a tratar a pacientes con enfermedades moderadas y graves por COVID-19 desde principios de abril".