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04.06.2021
La reciente constatación de que Perú tiene la mayor tasa de mortalidad por COVID-19 en todo el mundo representa un marcado contraste con respecto a la gran brecha que existe en el acceso a las vacunas. El país aún debe afrontar la saturación de las unidades de cuidados intensivos, incluso cuando el número total de casos ha disminuido durante las últimas semanas. En Médicos Sin Fronteras (MSF) ampliamos nuestra intervención con una nueva instalación en Cusco para ayudar a aliviar parte de la presión que recae sobre el tratamiento de los casos más críticos.
 
"El principal desafío hoy es ayudar a los pacientes que se encuentran en condiciones graves y críticas. Casi no hay camas disponibles en las unidades de cuidados intensivos, a menudo, se encuentran ocupadas durante largos períodos por pacientes con COVID-19 en estado grave. Estos dos elementos se combinan para crear un cuello de botella", dice Francesco Segoni, coordinador de emergencias de MSF en Perú. “Los suministros de oxígeno son insuficientes y una gran preocupación es que la tasa de vacunación sigue siendo muy baja, dejando a la población expuesta y al sistema de salud bajo presión".
 
El 31 de mayo de 2021, el Ministerio de Salud peruano revisó la cifra de muertes por COVID-19 desde el inicio del brote, siguiendo las indicaciones de un grupo de trabajo del gobierno que se desempeñó durante semanas para verificar el cálculo. Actualmente, el número total de muertes a causa de la enfermedad es superior a 180,000, es decir, 2,5 veces más que el recuento anterior (69,300). Perú registra ahora el mayor número de fallecimientos por COVID-19 en el mundo por cada millón de personas y se sitúa como el quinto país con más muertes en términos absolutos.
 
 
 
 
Al día de hoy, solo el 11 por ciento de la población peruana ha recibido la primera dosis y menos del 4 por ciento está completamente vacunada. “Con la presencia de múltiples variantes y las insuficientes capacidades de testeo que llevan a una detección lenta de los casos, nos preocupa que mientras la población continúe desprotegida, la curva pueda comenzar a ascender nuevamente”, explica Segoni.
 
Con una tasa de ocupación de camas del 100 por ciento en las unidades de cuidados intensivos de todo el país, la presión sigue siendo muy alta. El personal médico trabaja a máxima capacidad y los recursos son insuficientes para satisfacer las necesidades. En mayo, abrimos nuestro segundo proyecto COVID-19 en la ciudad de Cusco, en el sureste del país, para brindar tratamiento a pacientes que se encuentran en condiciones críticas y necesitan oxígeno de “alto flujo”, y con el objetivo de aliviar en parte la carga que recae sobre la unidad de cuidados intensivos del hospital Antonio Lorena. En las dos primeras semanas de la intervención, fueron admitidos 17 pacientes.
 
Nuestra intervención en Cusco se suma al trabajo que está realizando la organización en Huacho, a unos 140 km al norte de Lima, donde nuestros equipos colaboran con la unidad de cuidados intensivos del Hospital Regional, así como también, brindan asistencia en una instalación especializada a pacientes que necesitan oxígeno. Además, trabajan en la comunidad y con centros de salud locales para mejorar la detección de casos y realizar referencias cuando se requiera. Más de 140 pacientes han sido admitidos en nuestro centro de 32 camas de aislamiento y oxigenación de alto flujo, y se han atendido más de 2,000 consultas en los cuatro centros de salud que apoyamos para facilitar el triaje. Los equipos móviles, que han proporcionado atención domiciliaria cada semana a unas 120 personas, también han vacunado a más de 1,000 personas.