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Mi trabajo no es médico. Soy parte del equipo de gestión con una particular responsabilidad en el monitoreo del contexto de seguridad. Pero voy a las salas todos los días que trabajo en el hospital. Siempre camino alrededor de las camas para decir: “Buenos días, ¿Qué estás haciendo? ¿Cómo te sientes?”.

MOHAMMED DIKKO ABDULLAHICOORDINADOR DE PROYECTOS
20.08.2021

Mohammed Dikko Abdullahi trabaja para Médicos Sin Fronteras (MSF) en su ciudad natal, Maiduguri, una ciudad relativamente segura en una región que ha sufrido una década de violencia. En esta entrada de blog, comparte la historia de una joven familia, que demuestra cómo la atención médica salva vidas. 

“La semana pasada tuve que volver al pueblo de mi abuelo para ver a mi familia. El domingo, cuando regresaba a casa, me encontré con un hombre cerca de mi casa aquí en la ciudad. Me preguntó mi nombre y dijo que había estado buscándome.   

Me dijo que su hijo había estado enfermo por tres semanas y que no pudo conseguir ayuda. Le dijeron que debía buscarme, que yo sabría qué hacer.  

Conocimiento local 

Soy el coordinador adjunto MSF en Maiduguri, la capital del Estado de Borno, en el norte de Nigeria.  Nací aquí y ayudo a coordinar el trabajo de MSF en la zona. Tenemos un equipo de 233 integrantes, la mayoría personal local. Conocemos las comunidades locales, conocemos el idioma que hablan, conocemos la cultura. 

Después de preguntarle dónde se alojaba, le dije al hombre cómo podía llegar al hospital de MSF. Me explicó que no tenía dinero para pagar un tratamiento, pero le aseguré que sería gratis. 

La primera línea de respuesta 

Cuando llegué a la oficina el lunes en la mañana, el hombre, con su esposa y su hijo, fueron las primeras personas que encontré paradas en la puerta. Los acompañé. Después de una evaluación, el niño fue admitido como paciente y hospitalizado, estaba gravemente desnutrido. 

El padre nos explicó que su familia había dejado su casa debido al conflicto, y que acababan de llegar a Maiduguri recientemente. No tiene trabajo, nadie los apoya, y eso significaba que era difícil conseguir suficiente comida. 

Esta es una historia común. 

Atendiendo a las personas necesitadas

Desde el inicio del conflicto en 2009, millones de personas han tenido que huir de la violencia, y muchas han llegado a Maiduguri porque la situación de seguridad es mejor. Pero dejar atrás sus casas y su sustento significa que muchas personas desplazadas vivan en condiciones realmente difíciles, algunas sin comida, refugio o agua potable.  

 

 

Hay muchas personas desplazadas viviendo en campos alrededor de la ciudad. Nuestro equipo viaja en una clínica móvil que visita cinco de estos campos para proporcionar atención médica primaria, servicios de salud sexual y reproductiva, atención psicológica y servicios de promoción de la salud. También tenemos un proyecto de tratamiento para casos de desnutrición, que es a donde recomendé al hombre que llevara a su hijo.  

Este proyecto ofrece tratamiento para niños y niñas, tanto para casos ambulatorios como hospitalizados. Tenemos cerca de 70 camas para los casos más severos, y ahora, todas están ocupadas. 

El impacto invisible del conflicto 

Muchas personas en el área son agricultoras: cultivan, venden parte de lo que producen y se quedan con lo necesario para alimentar a sus familias. Esta época del año siempre se conoce como la “brecha del hambre” porque es cuando las provisiones que estas personas han guardado de la cosecha del pasado año comienzan a agotarse y la nueva cosecha aún no está lista. Sin embargo, el conflicto empeora las cosas.  

Debido a la violencia, muchas personas han tenido que huir, dejando sus granjas para encontrar seguridad. Muchas familias han perdido a su sostén. Incluso para las personas que tienen sus tierras cerca de Maiduguri, la situación de seguridad actual no les permite cultivar, pues no es seguro viajar fuera de la ciudad. Así que, las personas sólo están usando pequeñas porciones de tierra alrededor de la ciudad para cultivar, mismas que no son suficientes para alimentar a todo el estado. 

Tratando la desnutrición 

En el centro de alimentación terapéutica para pacientes hospitalizados, los niños y niñas se quedan con un cuidador (a menudo su madre) que también recibe comida. La desnutrición hace a los niños y niñas más vulnerables de infecciones y enfermedades, por lo que reciben toda la atención médica que necesitan, además de alimentos terapéuticos especiales para ayudarles a aumentar su peso. 

Cuando ya están lo suficientemente bien para darles el alta, normalmente les registramos en un programa ambulatorio, así pueden continuar recibiendo alimentos terapéuticos – mientras que otras organizaciones realizan distribuciones de alimentos que se centran solamente en niños y niñas de dos años o menos. Sin embargo, algunos pacientes son dados de alta completamente curados. 

“¿Cómo te sientes?”  

Mi trabajo no es médico. Soy parte del equipo de gestión con una particular responsabilidad en el monitoreo del contexto de seguridad. Pero voy a las salas todos los días que trabajo en el hospital. Siempre camino alrededor de las camas para decir: “Buenos días, ¿Qué estás haciendo?, ¿Cómo te sientes?”. 

 

 

Esta misma mañana fui a visitar a los niños y niñas de la sala de pacientes con desnutrición, y vi al hombre del domingo pasado y su familia. El niño tiene cerca de nueve meses de edad, y después de dos o tres días en el centro de alimentación ya está mejorando. Pude ver la alegría en el rostro de sus padres. 

Esta es la parte más gratificante de mi trabajo: las sonrisas que veo en los rostros de nuestros pacientes. Siento mucha alegría y satisfacción al saber que estamos generando un impacto con nuestro trabajo. 

La historia de este hombre y su familia es la más reciente, pero hay muchas otras. Cuando viajo por la ciudad, las personas se detienen para saludarme, expresando mucho amor. A veces no les reconozco. Me dicen "vinimos a sus instalaciones, a las instalaciones de MSF antes, mi hijo fue tratado allí, él está bien ahora". 

Solía ser un productor de radio aquí, con un sueldo mejor, pero tengo pasión por lo que estoy haciendo ahora. No es el dinero lo que importa, sino lo que entra en mi alma. Cuando veo a las personas que han estado angustiadas recibiendo ayuda médica, al verlas sonreír, honestamente siento que me están dando el mundo entero.