09.01.2020
Desde enero de 2019, más de 288,000 personas han contraído sarampión en la República Democrática del Congo (RDC) y más de 5,700 han muerto a causa de la enfermedad.
 
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta es la epidemia de sarampión más grande del mundo actualmente y la más grande registrada en la RDC en décadas. Se han realizado esfuerzos a nivel nacional, pero deben asignarse más recursos rápidamente y dirigirse a áreas que todavía sufren esta enfermedad para detener este brote.
 
El sarampión es una enfermedad altamente contagiosa que se transmite por aire. En este momento en la RDC, un paciente de sarampión infecta en promedio a otras dos o tres personas. No hay un tratamiento específico una vez que alguien contrae el sarampión, pero una campaña de vacunación bien realizada es extremadamente efectiva para prevenir nuevos casos. En áreas con baja cobertura de inmunización, la vacunación puede reducir la mortalidad infantil hasta un 50 por ciento.
 
Varios factores están contribuyendo a la propagación de la epidemia actual en la RDC. Existe una cobertura de inmunización extremadamente baja en algunas regiones del país debido a la falta de vacunas o acceso a estructuras de salud. Además de esto, hay desabastecimientos de la vacuna contra el sarampión en el país, dificultades para mantener la vacuna a la temperatura adecuada hasta la inyección (lo que reduce su efectividad) y dificultades logísticas para llevar las vacunas a sus destinos finales. Las necesidades son enormes y el programa nacional de vacunación no puede mantenerse al día. En 2019, el sarampión se propagó a las 26 provincias del país.
 
La epidemia no muestra signos de disminuir: se notificaron 9,605 casos nuevos en la última semana de noviembre, el número más alto desde el comienzo del año. La tasa de mortalidad este año, más del 2%, es el doble que en años anteriores, y el 73% de las muertes son niños menores de cinco años.
 
Además, los casos de sarampión siguen sin denunciarse en todo el país. MSF ha establecido estrategias de vigilancia para identificar nuevas áreas afectadas por la epidemia, con el fin de comenzar las intervenciones lo antes posible. Por ejemplo, en Viadana, en la provincia de Bas-Uélé, un pequeño equipo fue a evaluar la situación luego de un rápido aumento en el número de casos notificados a principios de diciembre. Lo que encontraron allí superó con creces los datos recibidos. En una sola escuela de unos 300 niños, más de 100 estudiantes estaban enfermos de sarampión. Esta intervención permitió a MSF iniciar inmediatamente actividades de atención médica para estos niños y organizar una campaña de vacunación.
 
 
Se estableció un sistema similar en las cuatro provincias de la ex Katanga, en el sureste del país, donde MSF creó sitios “centinela” y estableció un laboratorio descentralizado en octubre de 2019 para analizar rápidamente los casos de sarampión y rubéola. Antes de eso, las muestras habrían tenido que enviarse a Kinshasa para su análisis, lo que llevaría varios meses.
 
“Cuando se declara una epidemia, la atención médica y la vacunación deben combinarse para detener la propagación de la enfermedad”, dijo Alex Wade, jefe de misión de MSF en la RDC. “Desde mediados de noviembre, las autoridades sanitarias congoleñas comenzaron la inmunización suplementaria contra el sarampión en todo el país. Mientras tanto, MSF continúa brindando atención médica de calidad gratuita a los pacientes. Pero por ahora, la epidemia aún está varios pasos adelante de la respuesta médico-humanitaria”.
 
MSF también interviene en la provincia de Congo Central. Para apoyar a las autoridades sanitarias congoleñas, la organización abrió el 13 de diciembre un centro de tratamiento para casos complicados de sarampión en el hospital general de Matadi, capital de la provincia y el principal puerto del país. Una semana antes, otro equipo había abierto unas instalaciones similares a unas pocas horas en coche hacia el oeste, en la ciudad costera de Muanda. Estos centros de tratamiento se sobrecargaron unos días después de su apertura, y los equipos tuvieron que trasladarse a estructuras más grandes.
 
 
En estos centros de tratamiento, los equipos de MSF prestan atención específica a otras patologías asociadas al sarampión, como la malaria y la desnutrición, que aumentan en gran medida el riesgo de mortalidad. También apoyan la gestión de casos simples en los alrededores de estas zonas de salud, mediante la distribución de kits de tratamiento y el fortalecimiento de la vigilancia y la detección de nuevos casos. También proporcionan transporte gratuito para pacientes que necesitan ser transferidos a centros de atención.
 
Desde 2018, los equipos de MSF han estado trabajando para proporcionar a los pacientes de sarampión la atención adecuada y realizar la vacunación en varias provincias del país, incluidas Ituri, Haut y Bas-Uélé, Tshopo, Kasai, Mai-Ndombe, Kwilu y Sud Ubangi.
 
Entre enero de 2018 y octubre de 2019, un total de 46.870 pacientes fueron tratados y 1.461.550 niños vacunados por nuestros equipos en 54 zonas de salud. En colaboración con el Ministerio de Salud congoleño, MSF también ayudó a fortalecer las actividades de vacunación contra el sarampión en áreas donde el brote de Ébola continúa propagándose y, como resultado, donde la cobertura de vacunación para otras enfermedades ha disminuido drásticamente. Desafortunadamente, muchas regiones aún no están vacunadas.
 
“El Ministerio de Salud congoleño ha lanzado actividades de inmunización suplementarias, pero todavía hay muchas zonas de salud donde continúa el brote. Debemos esperar hasta el final de estas vacunas para tener una mejor comprensión de la evolución de la epidemia. Sin embargo, la implementación actual de esta campaña sugiere que las necesidades persistirán, especialmente para los niños mayores de cinco años que no han sido vacunados durante este período. Es esencial que las organizaciones humanitarias y otras organizaciones agrupen todos los esfuerzos posibles para ayudar al Ministerio congoleño de Salud pública para superar este brote de sarampión. Demasiados niños han muerto por esta enfermedad fácilmente prevenible“, concluye Alex Wade.