A veces me siento triste, enojada -lívida, incluso- al ver que tantos niños llegan a este lugar en condiciones tan graves.

Dra. Marion OsterbergerMÉDICA DE MSF
05.11.2015
Una mortal epidemia de sarampión sigue expandiéndose a lo largo de la provincia de Katanga, al sur de la República Democrática del Congo, con devastadores efectos para los más pequeños.
 
Durante los último dos meses, la doctora mexicana de MSF, Marion Osterberger, ha estado trabajando en el hospital Ankoro, en donde cada cama es compartida por al menos cinco niños.
 
“Salí de la sala de reanimación en llanto, frente a los pacientes, las madres y mis colegas. Al sentarme en los escalones del viejo edificio colonial, simplemente me derrumbé. Como doctora, es difícil explicar por qué algunos pacientes te afectan tanto. 
 
La pequeña Annie acababa de morir en brazos, a pesar de todos nuestros esfuerzos por salvarla. Annie tenía cuatro años, y cuando fue internada en el hospital, me impactaron inmediatamente su mal humor y el constante puchero que lucía en su rostro. Annie había desarrollado casi todas las posibles complicaciones que provoca el sarampión -incluyendo malaria y malnutrición-, y nada de lo que hacíamos lograba reducir su fiebre. Nada pudo salvarla, a pesar de todo el cuidado que le dimos y a pesar de la atenta presencia de su padre, día y noche, al lado de su cama. 
 
En ese momento, el hospital estaba lleno a reventar. Con 198 pacientes, pero sólo 80 camas, todos los departamentos estaban completamente sobrepasados. La unidad de cuidados intensivos especiales para sarampión era la peor, con más de cinco niños por cama. Los equipos de ese lugar trabajan incansablemente, en medio de un calor sofocante y a un ritmo frenético, día y noche los 7 días de la semana. 
 
En Europa, el sarampión es considerado como una enfermedad leve, pero la gente olvida que todavía es una de las principales causas de muerte infantil alrededor del mundo. Es una infección altamente contagiosa, y sus efectos pueden ser muy serios, especialmente en niños que ya se encuentran debilitados por otras enfermedades como la malaria o la desnutrición.
 
Aquí en República Democrática del Congo es bastante común que los niños menores de cinco años -una categoría que incluye a casi todos nuestros pacientes en este momento- desarrollen complicaciones como diarrea severa, infecciones de oído, neumonía, infecciones oculares o incluso encefalitis, que puede ser fatal.
 
No hay tratamiento como tal para el sarampión, pero los efectos de los síntomas pueden ser reducidos, y las complicaciones y sus irreversibles consecuencias pueden ser prevenidas si se evita la deshidratación, luchando contra la malnutrición, dándoles vitamina A para prevenir el daño ocular, o administrando antibióticos para prevenir infecciones bacterianas como la neumonía.
 
 
La provincia de Katanga, en donde estamos trabajando, es del tamaño de España. Las enormes distancias y los defectuosos caminos, que están completamente inundados durante la temporada de lluvias dificultan el acceso a la atención médica para quienes la necesitan.
 
Algunos de nuestros pacientes vienen de la ciudad de Ankoro, pero la mayoría son transferidos de los centros de atención médica rurales. MSF ha entrenado a jefes de enfermería en 20 instalaciones médicas que rodean a esta ciudad sobre los criterios que deben seguir para referir a sus pacientes al hospital; además, MSF paga su transporte hacia Akoro. Muchas veces los niños llegan con sus madres arriba de un mototaxi. No es poco común que su trayecto dure 5 o 6 horas, saltando a través de los arbustos en los horribles caminos.
 
A menudo me sorprende la fortaleza de estos niños, que están sufriendo de múltiples complicaciones cuando llegan. A veces dejo el hospital con un pesar en el corazón, prácticamente esperando que mi radio suene durante la noche y que alguien me pida supervisar los cuidados intensivos de alguno de los niños. Pero pasa esa noche, y sigue otra y, poco a poco, el paciente comienza a mostrar señales de mejoría…y en unos días, está fuera de peligro.
 
 
 
Cuando enviamos a un paciente a casa es un momento muy emotivo. Las madres congolesas cantan y bailan, nos abrazan y agradecen.
 
Muchas batallas se han peleado y ganado. Presenciamos luchas diarias contra un virus que es prevenible en una región en la que los niños, supuestamente, han sido vacunados recientemente. 
 
¿Cuántos niños han muerto de sarampión este año en las villas, centros de salud o en su camino hacia el hospital? Es difícil saberlo. En Ankoro, la situación en el hospital parece estar estabilizándose. Pero la enfermedad se está propagando como pólvora en todo el país. Los equipos de MSF están en una lucha contra el tiempo para luchar esta epidemia. Es como intentar apagar un incendio con los ojos vendados".