10.06.2016
Skye Giannino es una enfermera de Médicos Sin Fronteras. En abril de 2016, ella supervisó una campaña de vacunación de MSF en la ciudad de Old Fangak, en Sudán del Sur. Ella nos comparte sus experiencias de esta difícil misión. 
 
"Día tres de la Semana de la Vacunación en África y estoy sonriendo como una loca ante un niño que llora después de recibir su inyección. La falta de sueño no es la causa de esta reacción, a pesar de que sería aceptable pensarlo, ya que los días previos a la campaña, y la campaña en sí, han sido muy largos. Pero no, es porque yo sé algo que él no. 
 
Después de liberarse de los brazos de su madre, trato de que venga conmigo. Cauteloso, pero curioso, este pequeño camina lentamente hacia mí sin que sea necesario convencerlo mucho. Las lágrimas corren por su rostro, su nariz está llena de mocos, y masajea el brazo en el que se le aplicó la vacuna. Le pongo una estampa colorida en su mano que dice “Super estrella” y yo le digo “goa along” (significa “muy bien”, en dialecto Nuer). Sus ojos me observan con cautela antes de alejarse del dolor que acaba de sentir y pienso: ahí va otro niño que fue protegido de enfermedades prevenibles gracias a una vacuna. 
 

La gente carece de acceso a atención básica

 
Tras décadas de conflicto e inestabilidad, la población carece de acceso a atención básica debido al bajo número de instalaciones médicas bien equipadas y al pequeño número de personal médico cualificado. En este contexto, la cobertura de vacunación de los niños es una prioridad para protegerlos de enfermedades graves y prevenibles. Durante esta campaña, el equipo de MSF tenía como objetivo vacunar a 5,000 niños. Pero esta región se localiza en una de las áreas pantanosas más grandes del mundo, y el desafío logístico de esta labor es enorme para nosotros.
 
Hoy estamos en Dhoreak, una aldea remota que está muy lejos del hospital que MSF apoya en el Condado Fangak. El equipo móvil y yo tomamos un trayecto en lancha que dura una hora, una caminata cuesta arriba a través de un  bosque y una granja que nos dejó acalorados y sudorosos, y un pequeño viaje en canoa a través de un pantano para llegar a la aldea. Valió la pena. La comunidad está encantada de que alguien viniera a brindar la atención que tanto necesita la población. 
 
Las mujeres vienen en grupos para vacunar a sus hijos y a sus bebés, y estamos aprovechando esta oportunidad para aplicarles también la vacuna contra el tétanos a las madres para asegurarnos de que los recién nacidos lleguen protegidos a este mundo. 
 
Los hombres y los ancianos también han venido a saludarnos, y los curiosos niños en edad escolar están paseando y mirando a los “Kawaja” (significa “blanco”, en los dialectos de Sudán del Sur), nunca han visto a una mujer blanca en su vida. Los entretengo un rato antes de decirles que vayan a traer a sus hermanos pequeños. Llega a ser un poco incómodo que la gente esté al pendiente de todos tus movimientos. 
 
 

Los niños reciben vacunas polivalentes para incrementar la cobertura de vacunación

 
Observo al equipo trabajar arduamente. La mayoría de los niños nunca han sido inmunizados, así que están recibiendo múltiples antígenos de una vez en un intento acelerado para incrementar la vacunación infantil. En Australia, como en muchos otros países del mundo, estamos libres de algunas de estas enfermedades gracias a que tenemos sistemas de salud funcionales, educación sobre prevención de enfermedades y acceso a la vacunación. 
 
Desafortunadamente, enfermedades como la polio y el sarampión prevalecen en comunidades vulnerables como esta y hay un gran riesgo de que estallen brotes, mismos que acechan a los más pequeños. Al existir obstáculos que impiden recibir ayuda si ataca alguna enfermedad, incrementar la prevención y proteger a la población en general es una prioridad. De ahí que mi sonrisa crezca cada vez más con cada inyección que aplico. 
 
Después de una larga jornada de cuatro horas y un gran número de niños vacunados, las multitudes disminuyen y el equipo recibe comida local para el almuerzo a manera de un generoso agradecimiento. Un hombre mayor que se había sentado tranquilamente bajo un árbol durante la mayor parte de la mañana, se acercó a nosotros con lágrimas en sus ojos y puso su mano en mi cabeza y luego en mi corazón: una forma de bendecir que tienen los ancianos del lugar.
 
El personal nacional hizo la traducción: “Dhoreak te ama”. Abrumada, les agradecí la hospitalidad y que todo hubiera salido bien, y prometí regresar en un mes para hacer un seguimiento de la situación. Comenzamos el largo camino de regreso. El equipo estaba callado durante el trayecto, cansados por el trabajo pero con sonrisas en sus rostros, contentos con el conocimiento de que su gente está protegida. Son momentos como en los que no desearía estar en ningún otro lugar. 
 
¡Esperemos que el siguiente día sea igual de exitoso!"
 
 
MSF trabaja en la región que hoy constituye la República de Sudán del Sur desde 1983. MSF cuenta con más de 3,200 sursudaneses como integrantes de su personal y con más de 330 internacionales para responder al amplio rango de emergencias médicas que existen y para brindar atención médica de calidad gratuita en 17 proyectos a lo largo del país y en el Área Especial Administrativa de Abyei.