05.08.2015
Kigoma/Ginebra, 5 de agosto de 2015. La semana pasada finalizó con éxito una campaña de vacunación de cólera destinada a proteger a todos los refugiados burundeses del desbordado campamento de Nyarugusu, en Tanzania.
 
Sin embargo, y debido a las  precarias condiciones en las que todas estas personas se están viendo obligadas a vivir, sigue siendo extremadamente urgente que se pongan todos los medios necesarios para mejorar la situación sanitaria.
 
La segunda ronda de la campaña, realizada en respuesta a un brote que se produjo entre los refugiados en mayo de este año, se completó el lunes 27 de julio. Más de 130,000 personas han sido vacunadas con la vacuna oral contra el cólera, que debe ser administrada en dos dosis, y que ofrece un alto nivel de protección contra la enfermedad.
 
 
Sin embargo, MSF advierte de que la vacunación debe realizarse junto con otras medidas de prevención, y de control, que lamentablemente no existen hoy por hoy en el campamento.
 
"La vacunación es una respuesta urgente y esencial para evitar perder vidas; pero para reducir el riesgo de que se produzcan nuevas epidemias, las condiciones sanitarias en Nyarugusu deben mejorarse rápidamente", dice Sita Cacioppe, Coordinadora de Emergencias de MSF.
 
Médicos Sin Fronteras llevó a cabo esta campaña de vacunación en colaboración con el Ministerio de Salud de Tanzania, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). En la primera ronda, realizada en junio, 107,000 personas  —el 92% de la población presente en el campamento en aquel momento— recibieron una primera dosis de la vacuna.
 
 
Pero la inseguridad en torno a las elecciones de Burundi continúa empujando a miles de personas hacia Tanzania a través de las fronteras, por lo que la población del campo continúa aumentando cada día. Según la ACNUR, desde la primera ronda de vacunación alrededor de 20,000 personas más han sido emplazadas en el campamento. Por ello, próximamente será organizada una ronda rápida de puesta al día para dar una segunda dosis a los recién llegados al campo, que sólo han tomado una hasta ahora.
 
El número de refugiados que acoge el campo de Nyarugusu se ha visto duplicado en apenas tres meses. La violencia y la inestabilidad política burundesa han provocado que 82,000 burundeses llegados a través de la frontera con Tanzania se hayan unido a los 64,000 congoleños que han estado viviendo en este campamento durante casi veinte años.
 
 
Esta rápida afluencia de refugiados ha desbordado todos los servicios y las organizaciones humanitarias todavía siguen luchando para tratar de proveer el refugio, el agua y los alimentos necesarios para todos.
 
"La gente está viviendo, hacinada, en condiciones insalubres; soportan noches muy frías y tienen que hacer cola durante horas para conseguir agua potable. Aunque la malaria es la principal enfermedad que tratamos, también vemos un número muy alto de infecciones respiratorias, así como diarreas relacionadas con la mala situación sanitaria”, afirma Cacioppe. "Con unas condiciones de vida tan precarias como estas, el riesgo de que se produzcan epidemias es alto. Cuando en unas semanas llegue la temporada de lluvias, la situación podría deteriorarse aún más, ya que muchos refugiados se han instalado en zonas proclives a ser inundadas”.
 
Junto a las actividades médicas, MSF ha puesto en marcha un sistema de bombeo y tratamiento de agua que cada día distribuye más de 280,000 litros a diversos puntos de agua del campamento. Pero sigue habiendo lagunas en cuestiones de saneamiento. "Tratamos de explicar a las familias la necesidad de lavarse las manos con jabón para protegerse de enfermedades, pero muchos de ellos no han recibido ni una sola pastilla desde su llegada. Esperamos llevar a cabo una próxima distribución, pero necesitamos que otras organizaciones den un paso adelante para que nosotros nos podamos focalizar en las necesidades médicas", concluye Cacioppe.
 
 
MSF, que está presente en el campamento desde el pasado mayo, está trabajando en dos clínicas en colaboración con la Cruz Roja de Tanzania. Los equipos han aumentado la capacidad del Centro de Nutrición Terapéutica Intensiva para atender a los niños con desnutrición severa que fueron detectados durante la campaña de vacunación. Todos los niños menores de cinco años recibieron un chequeo médico sistemático en los veinte puntos de vacunación que se establecieron.