26.04.2016
Hace más de una semana desde que Ecuador fue sacudido por un terremoto de magnitud 7.8 en la escala de Richter y sus consecuencias no dejan de hacer temblar a la población. Muchas familias duermen fuera de sus casas por miedo a nuevas réplicas y a lo largo de los caminos de las zonas más afectadas pueden verse refugios improvisados donde las comunidades que allí se alojan no saben cuánto tiempo más tendrán que esperar para dejar de vivir en condiciones precarias.
 
Las cifras oficiales indican que hay más de 650 personas fallecidas hasta el momento, 48 personas desaparecidas y más de 29000 personas que se encuentran en albergues. Frente a esta situación, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) que se encuentran trabajando en el país están enfocando sus intervenciones en aquellos sitios donde la ayuda aún no ha llegado.
 
“Identificamos que la atención psicosocial está descubierta casi en su totalidad en las zonas afectadas”, sostiene Gloria Pérez, coordinadora del equipo de MSF en Muisne. “Las réplicas del terremoto han continuado durante estos últimos días y esto incrementa los síntomas que presenta la población: están asustados, preocupados y nerviosos”. 
 
Dos de los equipos de MSF que trabajan en este momento en los cantones de Muisne y Pedernales, dos de las áreas que han resultado más afectadas, han realizado en los últimos cuatro días 32 consejerías individuales, 22 actividades psicosociales con más de 360 personas, 6 grupos de consejería con más de 40 personas y 80 consultas médicas. También, se ha realizado la donación de un kit de heridos completo.
 
Según la coordinadora, una de las mayores dificultades que continúan encontrando tiene que ver con la necesidad de establecer mecanismos de coordinación dentro de las dinámicas de los albergues: “No hay personas que estén liderando a la comunidad o quien las convoque, y eso genera malestar interno dentro de los refugios”. Los equipos de MSF intentan abordar este tipo de problemáticas a través del enfoque psicosocial y la dinamización comunitaria. 
 
La organización prevee asimismo donar esta semana kits de higiene, cocina, colchones, tiendas y mantas, así como tanques de agua a albergues de siete áreas de Portete, San Francisco, Guadurnal, Contreras, Sapote y  Balistas, (todos ellos en Muisne) y en la escuela "31 de Marzo", de Pedernales. 
 
Por su parte, el equipo de MSF que se encuentra en Manta realizó una sesión con 27 personas del staff médico del hospital de Manta y hoy realizarán capacitaciones a voluntarios en albergues y centros de salud de Chone. Para el fin de semana, el cuarto equipo de MSF realizará una distribución de kits de emergencias.
 
 

Doblemente afectados

 
“El día del terremoto, teníamos una fiesta familiar y estábamos preparando la comida cuando sentimos el primer temblor. En ese momento nos asustamos, pero luego vino un segundo temblor más fuerte y toda la casa se cayó”, recuerda Jeanina, 25 años, que se encuentra en el albergue de las Monjas, en Chamanga. Sólo allí hoy viven 300 personas. “Todo era oscuridad y todos buscábamos a nuestros hijos, a nuestros hermanos, a nuestros padres”, recuerda.
 
“Nos fuimos hacia la loma, a una zona alta, porque teníamos miedo de que en la zona baja donde estábamos viniese un tsunami. Cuando llegamos, logramos conseguir dos colchones, pero la mayoría de la gente no pudo traer nada. Sus casas se cayeron y todo quedó aplastado, fue horrible”, agrega.  
 
Sin embargo, los problemas continúan para las personas que lo han perdido todo durante el terremoto; principalmente para aquellas que se encuentran en refugios improvisados. El gran caudal de lluvia del 23 de abril pasado, dejó a muchas familias viviendo en el lodo, con lo cual tuvieron que reorganizarse y encontrar nuevas estrategias para que las pocas pertenencias con las que ya cuentan no se echen a perder: desde el uso de tablas de madera donde poder subir colchones y alimentos, hasta encontrar nuevos sitios o refugios donde poder ir.
 
“Cuando sucedió el segundo temblor la noche del 16 de abril pensamos que nos íbamos a morir, pero lo más importante hoy es que estamos vivos y que lo material, trabajando, se puede conseguir”, concluye Jeanina.
 
 

“Tengo mucho miedo de volver a mi casa”

Mariana, 49 años, se encuentra en un refugio improvisado en los Altos de Portete. Ella da su testimonio luego de haber perdido su hogar tras el terremoto. 
 
“En el momento en que nos sacudió el terremoto, en la Isla de Portete, todos estábamos en nuestros hogares. Primero sentimos un temblor, pero después, fue como si la tierra se corriese. Apenas eso sucedió, todos los vecinos migramos hacia un punto común de encuentro en la isla. Por suerte, dos días antes habíamos recibido una capacitación en evacuación en un hotel cercano y nos sirvió de mucho para organizarnos en esta situación. 
 
Cruzamos entonces en lanchas de la misma comunidad, tomamos la carretera y subimos a una zona que se llama los Altos de Portete, donde construimos un refugio para 50 familias. Allí recibimos el apoyo psicosocial de Médicos Sin Fronteras (MSF) tanto para los niños de nuestra comunidad como para los adultos. Incluso mi suegra, que es de la tercera edad y que además perdió a su marido hace dos meses, se sintió mejor luego de conversar con el equipo. 
 
Ahora tengo mucho miedo de volver a mi casa en la isla. Estamos esperando que vayan las autoridades para recuperar nuestros hogares, porque hasta que no nos den seguridad, no podemos volver. Los niños ni siquiera pronuncian sus ganas de volver, quedaron muy asustados. Con mi marido teníamos un bar para turistas en la playa pero ahora quedamos sin trabajo porque todo quedó destruido y los turistas tampoco ya querrán ir.
 
Toda nuestra familia se encuentra aquí en el refugio que construimos pero en el cantón de Pedernales perdimos a muchas personas queridas. Cada día, me acuesto y me levanto y no dejo de agradecer por la oportunidad de seguir con vida. Luego del terremoto, volvimos a renacer de nuevo para poder contarles a nuestros hijos y nietos lo que nos pasó”.