29.01.2019
A principios de 2018, los enfrentamientos se intensificaron a lo largo de la línea del frente entre las ciudades de Taiz y Hodeidah por parte de las tropas y fuerzas de Ansar Allah, apoyadas por la coalición liderada por los saudíes y los emiratíes.
 
Las fuerzas respaldadas por la coalición avanzaron en el puerto estratégico de Hodeidah, en el Mar Rojo, antes de lanzar un ataque en la ciudad el 13 de junio de 2018.
 
En un esfuerzo por evitar el avance de las tropas terrestres de la coalición, se plantaron miles de minas y artefactos explosivos improvisados en las carreteras y campos de la región. Las principales víctimas de estos letales artefactos han sido los civiles, de los cuales muchos fueron asesinados o resultaron mutilados después de pisar involuntariamente uno de estos artefactos explosivos.
 
En agosto de 2018, en MSF establecimos un hospital en la ciudad de Mocha, en la gobernación de Taiz. Ahí, nuestros equipos realizan cirugías de emergencia a personas heridas por minas terrestres, una tercera parte son niños.
 
Urgimos a las autoridades y a las organizaciones especializadas a que intensifiquen las operaciones de desminado para reducir el número de personas que mueren y resultan heridas debido a los artefactos explosivos que se encuentran en las áreas civiles.
 
Es diciembre de 2018. En nuestro hospital en Mocha, suena una campana en el patio del hospital hecho con tiendas de campaña, indicando la llegada de más pacientes.
 
 
Una camioneta armada con un lanzacohetes se detiene bruscamente y deja a cuatro pacientes frente a la sala de emergencias. Dos son niños cubiertos con vendajes aplicados apresuradamente; los otros dos ya están muertos. Apenas unas horas antes habían estado con sus familiares en los campos de Mawza, a unos 30 kilómetros de distancia, cuando alguien pisó una mina.
 
Al igual que ellos, Nasser, de 14 años, resultó herido cuando explotó una mina. Una cicatriz en su mano izquierda muestra dónde le amputaron el pulgar después de haber sido alcanzado por una bala hace algunos años. Nasser pisó la mina el 7 de diciembre mientras él, su tío y su primo vigilaban a las ovejas de la familia en un campo en Mafraq Al Mocha, en la gobernación de Taiz.
 
Más tarde, ese mismo día, Nasser fue operado en nuestro hospital quirúrgico que se encuentra a 50 kilómetros de distancia, en Mocha. Parte de su pierna derecha tuvo que ser amputada, por debajo de la rodilla. Como no tiene un pulgar, le resulta difícil usar las muletas.
 
Desde el accidente el padre de Nasser, Mohammed, ha estado muy preocupado por tener que caminar en los campos alrededor de Mafraq Al Mocha. "Sabemos que se han plantado minas en la ciudad, pero el problema es que no sabemos exactamente dónde", dice.
 
Al haber solo un puñado de señales para indicar la presencia de minas, y a que solo unas pocas piedras pintadas de rojo que muestran los lugares por los que es seguro caminar, todos los días un estallido amortiguado indica que se ha activado otro artefacto explosivo.
 

Castigados - no una, sino dos veces

 
Antes de la guerra, el área entre Mocha y la línea del frente era agrícola. Desde que comenzaron los combates, las ciudades y pueblos cercanos a las zonas de combate, como Hays y Mafraq Al Mocha, donde desde MSF proporcionamos apoyo a puestos médicos avanzados, han visto huir a muchos de sus habitantes.
 
 
Los campos circundantes fueron minados para evitar el avance de las tropas militares, lo que hace que sea imposible cultivarlos y además privan a la población local de su sustento.
 
A 45 minutos de distancia en auto de Mocha, la población del distrito de Mawza se ha reducido a la mitad. “Las personas que viven aquí son castigadas, no una, sino dos veces. Las minas no solo hacen explotar a sus hijos, sino que también les impiden cultivar sus campos. Pierden su fuente de ingresos y la comida para sus familias ", explica Claire Ha-Duong, jefa de misión de MSF en Yemen.
 
Entre agosto y diciembre de 2018, nuestros equipos en Mocha admitieron y trataron a más de 150 personas heridas por minas, artefactos explosivos improvisados y municiones sin explotar. Un tercio de estos pacientes eran niños que habían estado jugando en los campos. Están incapacitados de por vida y se enfrentan a un futuro incierto.
 
Al crear generaciones de personas mutiladas las minas tienen repercusiones de gran alcance, no solo para las familias, sino para la sociedad en general, pues es probable que sus víctimas sean más dependientes de otras personas y más aisladas socialmente.
 

Desminado inadecuado

 
Miles y miles de artefactos explosivos pondrán en peligro las vidas de las personas en Yemen durante las próximas décadas. La organización Conflict Armament Research, establecida en el Reino Unido, señaló en un informe reciente la producción masiva y a gran escala de minas y dispositivos explosivos improvisados por parte Ansar Allah, así como su uso de minas antipersonales, vehiculares y navales.
 
De acuerdo con el Centro Ejecutivo de Acción contra las Minas en Yemen (Yemen Executive Mine Action Centre), el ejército yemení limpió 300,000 minas entre 2016 y 2018.
 
 
 
Administrada casi exclusivamente por el ejército, el desminado se enfoca en las carreteras e infraestructuras estratégicas, con poca atención a las áreas civiles.
 
"Las organizaciones especializadas en el desminado, así como las autoridades, deben intensificar sus esfuerzos para desminar la región y reducir el número de víctimas", aseveró la jefa de misión de MSF, Claire Ha-Duong.
 
Además del desminado de las áreas militares estratégicas, las áreas civiles deben ser limpiadas con urgencia de todo tipo de minas y artefactos explosivos, no solo en los lugares donde viven las personas, sino también en las tierras agrícolas, para que la población pueda acceder a sus campos nuevamente en condiciones de seguridad. 
 

Una tierra sin instalaciones médicas

 
No pasa un día sin que los heridos de guerra como Ali y Omar lleguen al hospital de MSF en Mocha desde las líneas del frente entre Taiz y Hodeidah. Adén, donde en 2012 abrimos un hospital especializado en casos de trauma, se encuentra a 450 kilómetros de Hodeidah. Aunque hay atención médica disponible en Adén, la mayoría de los yemeníes no tienen el dinero para pagar el tratamiento o transporte para viajar allí.
 
En autobús, toma entre seis y ocho horas llegar a Adén desde Hodeidah. El área entre las dos ciudades se ha convertido en una región donde no hay instalaciones médicas para las personas que viven allí. Nuestro hospital en Mocha es la única instalación en la región con un quirófano y la capacidad para realizar cirugías.
 
“La región costera entre Hodeidah y Adén es rural y extremadamente pobre. Las personas no tienen acceso a un tratamiento médico, y nuestro hospital es el único lugar al que pueden ir cuando necesitan cirugía”, dice Husni Abdallah, una enfermera de quirófano. "Son esencialmente pacientes con heridas de guerra. Algunos no logran llegar a tiempo a Mocha y mueren de heridas que podrían haber sido tratadas. O son mujeres embarazadas que mueren durante el parto debido a la falta de atención médica adecuada ". 
 
 
 
“Los heridos de guerra a menudo llegan demasiado tarde a Mocha, muchos de ellos en una condición crítica. Contraen infecciones porque en la línea del frente no siempre son estabilizados como deberían", explica Husni. “Las minas causan lesiones particularmente severas, así que vemos fracturas complejas difíciles de operar. Los pacientes a menudo tienen que someterse a amputaciones y después necesitan meses de rehabilitación ". 
 
El tío de Nasser resultó herido al mismo tiempo que su sobrino: tenía fragmentos de la explosión de la mina en sus ojos. Fue llevado directamente a nuestro hospital en Adén, a 270 kilómetros de Mocha, para recibir el tratamiento especializado que necesitaba.
 
Desde que abrimos el hospital en Mocha, nuestro personal ha brindado más de 2,000 consultas en la sala de emergencias y realizado alrededor de 1,000 procedimientos quirúrgicos.