Datos

40% de los casos de difteria pueden ser mortales. La inmunización es la mejor protección Se necesita un ciclo de 14 días de antibióticos para reducir la transmisión de la enfermedad
 
La difteria es una enfermedad infecciosa mortal que puede prevenirse con la vacunación. 
 
A lo largo de la historia, la difteria ha causado devastadoras epidemias en todo el mundo. Normalmente los niños son quienes corren más riesgo. Esta contagiosa infección bacteriana afecta principalmente la nariz y la garganta; pero en ocasiones también afecta la piel. La vacuna para prevenir la difteria comenzó a estar disponible a finales de la década de 1940 en Europa y Norteamérica. Pero antes del exitoso programa de vacunación, la difteria era bastante común y era una de las principales causas de muerte en los niños. 
 
Las cepas toxigénicas de la difteria siguen circulando en todas partes del mundo, y la enfermedad puede volver a aparecer si disminuye la protección general de la población, como fue el caso en Europa del Este en la década de 1990.
 
Actualmente se están reportando casos de difteria que son resultado de la guerra en Yemen y de la situación de los refugiados Rohingya que están huyendo de Myanmar.
 
"La disminución de la difteria a nivel mundial en los últimos años estuvo acompañada por una pérdida concreta de conocimiento sobre su tratamiento", comenta Marc Poncin, coordinador de emergencias de MSF en Ibb, Yemen. “Para tratar la difteria los pacientes necesitan ser aislados y recibir antibióticos y antitoxinas, que son la parte más importante del tratamiento, son muy limitadas y no estaban disponibles en Yemen hasta hace unas semanas”
 

¿Qué causa la difteria? 

 
Esta enfermedad frecuentemente se transmite de persona a persona, ya sea a través del aire o por contacto directo. La bacteria normalmente se propaga a través de la tos, estornudos o el habla. El respirar las partículas de una persona infectada normalmente provoca una infección. El contacto con lesiones en la piel también puede transmitir la difteria, pero esto es poco común. 
 

Síntomas de la difteria

 
Cuando la bacteria causante de la difteria entra y se adhiere al revestimiento del sistema respiratorio, esta produce un veneno (toxina) que puede provocar: 
 
  • Debilidad
  • Dolor de garganta
  • Fiebre
  • Glándulas inflamadas en el cuello
  • Una destrucción de los tejidos sanos del sistema respiratorio a causa del veneno 
 
En unos dos o tres días, el tejido muerto forma una capa gris pegajosa que puede acumularse en la garganta o en la nariz, haciendo que sea difícil respirar y tragar. El veneno también puede entrar en el torrente sanguíneo y causar daños en el corazón, los riñones y los nervios. 
 
 

Diagnóstico de la difteria

 
Un diagnóstico de difteria puede confirmarse tomando muestras de las células de la garganta o la nariz, o de una herida en la piel que son examinadas para ver si la bacteria causante de la difteria está presente. 
 

Tratamiento de la difteria

 
Los pacientes con difteria necesitan ser hospitalizados para ser aislados y monitoreados. Entre más oportuno sea el tratamiento hay más posibilidades de recuperación para el paciente. Los pacientes reciben antibióticos para eliminar la bacteria de la garganta, y una infusión de antitoxinas para neutralizar la circulación de la toxina y evitar complicaciones. 
 
Durante la fase de recuperación, los pacientes necesitan recibir un ciclo completo de inmunización. Haber padecido difteria no proporciona una protección automática contra la enfermedad. 
 
La antitoxina para la difteria es la principal forma en que se puede reducir la mortalidad y el riesgo de otras complicaciones causadas por la enfermedad, como la miocarditis (daño al músculo del corazón) y las neuropatías (daño en los nervios). El tratamiento con antibióticos durante 14 días ayuda a disminuir la transmisión de la enfermedad. 
 
También es crucial que las personas que estuvieron en contacto con un paciente con difteria reciban antibióticos para la profilaxis y la vacuna. Esto evitará que desarrollen la enfermedad y se detenga el contagio; ayudando así a detener el brote. 
 
Actualizado el día 9 de enero de 2018.