14.04.2017

Por Marc Bosch, nuestro responsable en América Latina.

Bolivia es el país con mayor prevalencia de la enfermedad de Chagas en el mundo. Según datos de la Coalición Chagas, más de 600,000 personas viven con la infección y se estima que hay media anual de más de 8,000 nuevas infecciones por picadura de la vinchuca, el insecto portador del parásito Trypanosoma cruzi.

Los enfermos de Chagas que no logran acceder al tratamiento mueren en medio del silencio y el olvido, ya que, habitualmente, esta enfermedad no presenta síntomas hasta la fase crítica, años después de haberse producido la picadura y cuando la enfermedad ya no es tratable de forma etiológica, atacando sus causas.

En Bolivia, las zonas endémicas de Chagas coinciden principalmente con las áreas más desfavorecidas. El tratamiento a tiempo puede reducir el riesgo de desarrollar problemas cardiacos o digestivos en quienes han contraído la enfermedad. La atención a estos pacientes debería estar contemplada en el sistema de la seguridad social y el sistema universal de salud, posibilitando la cobertura gratuita incluso en zonas rurales.

La educación y la información sobre la enfermedad también juegan un papel fundamental para combatirla, pues muchas personas desconocen los efectos positivos del tratamiento y existe cierta resignación a padecer la enfermedad en silencio. Son habituales las historias de mujeres y hombres que mueren a edad temprana sin saber que tenían Chagas. Es fundamental lograr que la población boliviana cuente con la información necesaria sobre la importancia de llevar a cabo el diagnóstico y pueda luego acceder al tratamiento de manera oportuna.

A pesar de que hace más de 10 años la ley 3374 declaró a la enfermedad de Chagas como una prioridad nacional en todos los departamentos del país, hasta la fecha no existe una norma que permita avanzar en el acceso al tratamiento de toda la población, incluido el Chagas congénito o el manejo de las complicaciones de esta enfermedad.

Preocupa que, según datos del Programa Nacional de Chagas (PNCH), en 2015 se diagnosticaron 31,666 casos, de los cuales solo el 11% inició tratamiento. Además, sólo el 57% de casos confirmados en recién nacidos fueron tratados.

La prevención es clave

A lo largo de los últimos catorce años, nuestros equipos en Bolivia han contribuido a combatir esta enfermedad a través de las actividades de prevención y control vectorial desarrolladas de forma paralela a los servicios de diagnóstico y tratamiento gratuito de la enfermedad. Más de 8,000 pacientes recibieron tratamiento en algunos de los centros que gestionamos o apoyamos.

En los dos últimos años, nuestros equipos proporcionaron apoyo técnico para la implementación de un Modelo de Atención Integral en el municipio de Monteagudo (departamento de Chuquisaca). A través de la sensibilización a la población, la formación al personal de salud y el apoyo directo a las estructuras sanitarias del municipio, se logró integrar el diagnóstico y el tratamiento en las 17 estructuras de salud del municipio, incluyendo tanto el hospital de la cabecera como los centros de salud rurales más alejados.

Durante esta intervención, se detectaron 2,259 nuevos casos, de los cuales 810 iniciaron ya el tratamiento con Benzindazole, el medicamento para tratar la enfermedad.

Gracias a un trabajo en coordinación con el Ministerio de Salud, el Servicio Departamental de Salud (SEDES), los Programas Nacional y Departamental de Chagas (PNCH y PDCH), y la municipalidad de Monteagudo, demostramos que es posible asegurar el diagnóstico y el tratamiento desde el primer nivel de atención en zonas rurales, como puede hacerse con el resto de enfermedades manejadas habitualmente en las estructuras de atención primaria.

Para lograrlo, es necesario una firme voluntad política acompañada de los recursos necesarios que permitan asegurar la continuidad del acceso al diagnóstico y al tratamiento, además de la inversión inicial necesaria para capacitar al personal de salud y establecer los protocolos básicos de la atención.

Nuestra experiencia en coordinación con las autoridades de salud, nos ha permitido sistematizar las lecciones aprendidas en un Modelo de Atención Integral de Chagas en zonas rurales, que debería poder ser utilizado como una herramienta de referencia para implementar proyectos similares en otras áreas endémicas del país. Con este modelo de referencia, concluimos nuestro proyecto de atención para la enfermedad de Chagas en Bolivia.

Ahora es el turno de las autoridades de salud bolivianas que deben responder a la necesidad de situar a la enfermedad de Chagas en el centro de la agenda pública de salud, como una cuestión prioritaria. Es indispensable que en todos los departamentos se cuente con más personal capacitado que responda de forma acorde a las necesidades de control y manejo de la enfermedad, con un presupuesto adaptado en función del número de personas que vive con la enfermedad.

No obstante, a pesar de haber terminado nuestra intervención en Chagas en Bolivia, reiteramos nuestro compromiso para ofrecer la experiencia adquirida durante años de combate a la enfermedad a las autoridades del país. Insistiremos una y otra vez que este mal puede ser tratado integralmente, incluso en las comunidades más apartadas y vulnerables, solo si se destinan los recursos necesarios y existe un interés de las autoridades sanitarias para combatirlo. De esta forma se podrá evitar que el Chagas siga siendo un asesino silencioso.

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