30.08.2017
Una epidemia de cólera está barriendo Kivu Sur, con más de 1,200 casos tratados por Médicos Sin Fronteras (MSF) desde finales de julio. Los mal equipados centros de salud de la región están saturados y existe el riesgo de que la epidemia se extienda, fuera de control según los equipos de MSF en Minova, el epicentro del brote. 
 
Por Arjun Claire, asesor de Asuntos Humanitarios de MSF en República Democrática del Congo.
 
En el centro de tratamiento de cólera de Minova, Elisabeth Chihemba se sienta en silencio junto a su niño de tres años, Elris Kamo. El niño apenas se mueve mientras una fina vía alimenta sus venas de líquido. Elisabeth y Elris están en un área reservada para los casos más graves. Junto a ellos, hileras de camas llenos de niños, tumbados o sentados inmóviles mientras sus madres entran y salen de la tienda, algunas con fregonas, otras tratando de que los niños beban. En algunas camas también reposa un adulto consumido por la enfermedad.
 
Esta mañana de agosto, la sala de espera del centro de tratamiento de cólera de Minova está repleta. Pacientes en un estado extremo de deshidratación, la mayoría niños, reciben inmediatamente hidratación intravenosa para que los fluidos entren en sus organismos. Otros, tras una rápida clasificación pasan a una u otra sala, dependiendo de su grado de infección. Mientras, sus familiares esperan fuera, ansiosos.
 
Cuando un equipo de MSF llegó a Minova para analizar la situación, se encontró con los principales centros de salud repletos, con dificultades para gestionar la epidemia y a los enfermos que llegaban. “En el centro solo disponían de 19 camas para 46 pacientes y había enfermos en el suelo en condiciones extremadamente insalubres”, explica Aude Thomet, coordinadora de emergencias de MSF. “Solo contaban con una enfermera y carecían de un sistema de triaje de pacientes. Las autoridades sanitarias apenas disponían de fluidos para la rehidratación por vía intravenosa, de soluciones  orales ni de cloro para tratar el agua, todo ello, suministros esenciales para contener el cólera”, añade Thomet. 
 
Ante un escenario en el que el número de pacientes se duplicaba de un día para el siguiente, MSF brindó una respuesta rápida y dio prioridad a la mejora del centro de tratamiento, con la adición de más de 100 camas, a la donación de materiales básicos y a la incorporación de personal especializado en la gestión de epidemias. 
 
La estación seca que vive la República Democrática del Congo (RDC), se traduce en una situación de escasez de agua que ha facilitado la extensión de la epidemia. En las calles de Minova, la falta de agua resulta evidente: en los patios y en las calles, se ven mujeres, niños y adolescentes acarreando bidones de agua. 
 
Minova tiene lazos comerciales estrechos con la capital de Kivu Norte, Goma, donde la epidemia se ha declaró en junio y desde donde se sospecha que ha llegado a la provincia vecina.  Distantes tan solo 40 kilómetros, la población se traslada entre las dos ciudades de forma frecuente.  
 
“Minova no tiene agua limpia”, afirma Elisabeth. “Por la mañana y por la noche tengo que desplazarme por lo menos una hora para conseguir agua para beber en una de las fuentes que todavía funciona en la ciudad. Para lo demás, utilizo agua del río, como casi todo el mundo”. 
 
Es muy probable que el agua del lago en Minova esté contaminada. A pesar de ser consciente que puede contener microbios peligrosos, mucha gente no tiene otra opción que sacar agua del lago. Los datos médicos de MSF revelan que más de la mitad de los pacientes del centro de cólera de Minova proceden de partes de la ciudad cercanas al lago, alejadas de fuentes de agua potable. 
 
La Cruz Roja y las autoridades locales han dispuesto una docena de puntos de cloración en los que el agua se potabiliza. Sin embargo, estos no son suficientes para las 200,000 personas que residen en la zona. 
 
“Para evitar que la epidemia quede fuera de control, necesitamos urgentemente reforzar las actividades de prevención”, dice Francisco Otero, coordinador general de MSF en el país. “Tienen que desplegarse más puntos de cloración, las áreas afectadas tienen que ser pulverizadas con cloro inmediatamente y debe iniciarse cuanto antes una campaña de sensibilización. Al mismo tiempo, hay que aumentar el suministro de agua potable y equipar todos los centros de salud con los suministros necesarios para tratar a los pacientes de cólera”. 
 
Son escasas las organizaciones de ayuda humanitaria presentes en Kivu Sur. A esto se suma que la movilización de recursos y personal ha resultado difícil lo que ha dilatado la respuesta. MSF ha ampliado su apoyo a los centros de salud de Bulenga y Bukavu, donde el número de casos de cólera continúa subiendo. 
 
Al día siguiente, el pequeño Elris, no muestra grandes mejoras. Se mueve un poco, pero todavía está muy débil y sus párpados se cierran. “Vomitó cuatro veces la pasada noche y dos veces esta mañana”, explica Elisabeth. 
 
Mientras tanto, nuevos pacientes siguen llegando al centro de tratamiento de cólera. El número de altas y de ingresos diarios es similar por lo el número de pacientes se estabiliza. En la actualidad, hay ingresados 70 enfermos en Minova, 67 en Bukavu, 22 en Baraka y 18 en Bulenga. Desde finales de julio, MSF ha tratado más de 1.200 personas afectadas la enfermedad. 
 
Ya por la noche, Elris ha parado de vomitar y sus ojos están abiertos, enormes. La vía ya no es necesaria. Elris permanecerá en observación durante un día antes de ser trasladado a otra sala, donde el cuidado que necesita es menos intensivo. 
 
“Siento un enorme alivio, ahora que está mejorando poco a poco”, dice Elisabeth. “Si continúa así, en un par de días podremos regresar a casa”.
 

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