12.09.2017

Situado en el noreste de Siria, el campo Ain Issa se encuentra entre la ruta de huida y las áreas controladas por el Estado Islámico (EI). Alrededor de 8,000 personas viven actualmente en este campo.

Diariamente llegan nuevas personas,” observa Arnaud Fablet, coordinador de emergencia de Médicos Sin Fronteras (MSF). “Sin embargo, la cantidad total de habitantes en el campo sigue siendo relativamente estable porque algunos sólo están aquí de paso.”

Las personas desplazadas vienen de Deir ez-Zor, una ciudad controlada por el EI que el ejército sirio está intentando recuperar; y de Raqqa, otro fuerte del EI. En Raqqa, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) –una alianza de soldados kurdos y árabes– lanzaron un ataque en junio y ahora rodean la ciudad.

La coalición internacional que apoya a las FDS está intensificando los ataques aéreos en Raqqa, pero sólo la mitad de las 1,250 personas que han llegado al campo Ain Issa entre el 10 y el 24 de agosto venían de esa ciudad.

“En mayo el 90% de las personas desplazadas venían de Raqqa y los alrededores,” explica Arnaud Fablet. “Y en julio y principios de agosto principalmente venían de la zona de Deir ez-Zor.” Aunque el número de recién llegados ha aumentado desde mediados de agosto, sigue siendo relativamente bajo. De acuerdo con Naciones Unidas, 25,000 civiles podrían seguir atrapados en la zona sitiada.

“Estamos preocupados porque no tenemos información sobre lo que está sucediendo dentro de Raqqa”, explica Arnaud Fablet. “Nuestra preocupación principal es el bienestar de los heridos. A pesar de los ataques aéreos diarios sólo hemos recibido a una persona herida proveniente de Raqqa en nuestro hospital en Kobane/Ain Al Arab en las últimas tres semanas”.

Algunas de las personas que han huido del conflicto sólo están de paso en el campo Ain Issa. Quienes vienen de Deir ez-Zor normalmente siguen su camino hacia Turquía, en donde esperan encontrar refugio. Entre los que sólo están de tránsito por el campo se encuentran los refugiados iraquíes que huyeron de Tal Afar, una ciudad controlada desde hace varias semanas por el EI en el lado iraquí de la frontera, e intentan volver a entrar a Irak a través de Turquía.

Pero aunque sólo estén de paso o vayan a quedarse en el campo, todos deben registrarse y pasar por un control de seguridad al llegar. Cerca de este punto de registro hay un equipo de MSF disponible para proporcionar atención de primeros auxilios; es decir, examinan a los niños por desnutrición, vacunan a los menores de cinco años y distribuyen kits de higiene y leche en polvo cuando es necesario.

Dentro del campo, MSF (en colaboración con otra ONG) proporciona agua por medio de camiones cisterna; y recientemente perforó un pozo. MSF también gestiona un dispensario en el que un equipo realiza consultas médicas y refiere a los pacientes que necesitan ser hospitalizados a los hospitales de Kobane o Tal Abyad. Muy pocos de los pacientes en Ain Issa sufren de desnutrición. Los principales problemas son la diarrea, enfermedades de la piel y dolores corporales que están relacionados con las condiciones de vida dentro del campo. Estas condiciones son muy duras: las temperaturas llegan a los 45 grados centígrados y el aire frecuentemente va acompañado de un denso polvo. Las personas desplazadas que viven en el lugar están esperando sólo una cosa: que terminen los enfrentamientos en Raqqa para poder regresar a casa.

Después de seis años de guerra, continúan los movimientos de población en el norte de Siria. Ahí, los equipos de MSF proporcionan atención médica en lugares como Menbij, Tal Abyad, Hazeema y Al Hasakah. Este apoyo es indispensable porque el conflicto ha desestabilizado el sistema de salud de Siria, y sin él muchos niños no recibirían sus vacunas. MSF está realizando vacunaciones de rutina en Ain Issa, y planea organizar campañas de vacunación de seguimiento contra el sarampión.

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