Congo: El conflicto en Katanga impide el acceso de la población a las estructuras de salud

El conflicto entre las fuerzas gubernamentales y las milicias Mai-Mai en la provincia de Katanga de la República Democrática del Congo ha ocasionado el desplazamiento de miles de personas, forzadas a huir de sus casas. Cientos de ellos han buscado refugio en el hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Shamwana.

El conflicto entre las fuerzas gubernamentales y las milicias Mai-Mai en la provincia de Katanga de la República Democrática del Congo ha ocasionado el desplazamiento de miles de personas, forzadas a huir de sus casas. Cientos de ellos han buscado refugio en el hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Shamwana.

Después de unas semanas en las que alrededor de 500 personas se refugiaron en el recinto del hospital, éstas accedieron a salir del centro ante el peligro de que el hacinamiento y la falta de higiene suficiente supusieran la eclosión de brotes de enfermedades infecciosas.

“Esta gente está aterrorizada”, dice el doctor Thomas Mollet, en Shamwana. “Estamos rodeados por pueblos abandonados y hemos visto un descenso de pacientes. La gente ha huido y no se atreve a trasladarse para buscar atención médica. Tienen demasiado miedo”.

Las actividades comunitarias en las áreas periféricas al hospital también se han visto afectadas por el conflicto. El personal sanitario congoleño empleado por MSF ha tenido que dejar sus lugares en los centros de salud y se ha visto obligado a huir con el resto de la población y a refugiarse en los bosques. Los centros de salud de Monga y Kishale han sido saqueados, y hasta los paneles solares instalados en los techos han desaparecido. Los equipos hacen todo lo posible para llevar medicinas a los centros de salud que quedan abiertos en la zona.

Algunos de los pacientes que necesitaban ingreso urgente no han conseguido llegar al hospital. Las consecuencias médicas son extremas: la semana pasada, por ejemplo, un niño murió de malaria porque la carretera estaba bloqueada por hombres armados, lo que retrasó su llegada al hospital.

“Estamos viendo pacientes que llegan demasiado tarde, a menudo cuando están a punto de morir, necesitados de cuidado de emergencia”, dice Mollet, que ejemplifica: “uno de nuestros primeros casos fue una mujer embarazada que había estado de parto durante cuatro días. Tenía demasiado miedo para viajar. El bebé murió antes de que fuera ingresada en el hospital. Al menos, pudimos salvar la vida de la madre”.

La mujer procedía de Kilenge, una minúscula población sin ningún tipo de estructura médica. El centro de salud más cercano está a 25 kilómetros, en Kafumbe, pero lleva tiempo cerrado porque es demasiado inseguro debido al conflicto, pero también debido a la crónica carencia de personal médico en la región.

Con 23 años, la mujer empezó a tener dolores abdominales. Hacía días que había cumplido los nueve meses de embarazo. Buscó ayuda en casa de su madre donde la asistieron una comadrona tradicional y un curandero. Durante los siguientes tres días, trataron de mejorar su situación dándole a beber medicinas tradicionales de hierbas. La forzaron a hacer ejercicios que facilitaran ponerse de parto.

Al cuarto día, la familia comenzó a preocuparse seriamente: la parturienta tenía fiebre, olía y su sufrimiento era tremendo. A las tres de la mañana, se dirigieron a Shamwana. Tardaron 48 horas en llegar, la embarazada subida a una bicicleta y protegida por diez hombres y cuatro mujeres que la acompañaron. Las carreteras y caminos son peligrosas y la gente teme por las frecuentes emboscadas. El bebé no se pudo salvar. La madre, sí.

MSF lleva gestionando el hospital de referencia en Shamwana desde Mayo de 2006 y facilita acceso sanitario gratuito a las poblaciones de Kiambi, Mitwaba y Kilwa. Los equipos médicos tratan malaria, tuberculosis, VIH y desnutrición. También ofrecen servicios de salud reproductivos, tratamiento psicológico y cirugía de emergencia.

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