El bosque de los niños escondidos

“¡A correr!”. Cuando se activa la alarma en Batangafo, al norte de República Centroafricana, la ciudad queda despoblada en cuestión de minutos. Una destreza que se aprende sobreviviendo a más de diez años de conflictos. Volvió a suceder el pasado 19 de diciembre, por la mañana. Ante la llegada inminente de los grupos rebeldes, huyó casi todo el mundo. Las autoridades, primero.

“¡A correr!”. Cuando se activa la alarma en Batangafo, al norte de República Centroafricana, la ciudad queda despoblada en cuestión de minutos. Una destreza que se aprende sobreviviendo a más de diez años de conflictos. Volvió a suceder el pasado 19 de diciembre, por la mañana. Ante la llegada inminente de los grupos rebeldes, huyó casi todo el mundo. Las autoridades, primero.

Por Javier Sancho (MSF Comunicación)

Al poco rato, sólo podía encontrarse gente en el hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF), donde el equipo médico se quedó atendiendo a los pacientes y familiares que no podían movilizarse. El otro lugar era el bosque. Ese mismo día, en el hospital, Ghislaine, una mujer de 55 años, nos contó que cuando se oyen los gritos de alarma, los niños de las calles y la escuela se ponen las pilas. Se guarecen en un bosque de los alrededores, y allí, en escondites que sólo ellos conocen, esperan con los ojos bien abiertos hasta que cesan los enfrentamientos.
Ghislaine sabe que los niños tienen experiencia en desaparecer así de rápido, “pero todos estamos angustiados”, dice, “no tenemos ni idea de cuándo volverán exactamente”.
El intercambio de disparos duró unas tres horas hasta que la ciudad cayó en manos de los rebeldes. Después, la situación se tranquilizó un poco, pero la población, permaneció oculta varios días más hasta estar segura de volver. Los enfrentamientos en esta zona del país van y vienen constantemente.
Y con todo, lo más probable es que los niños no mueran de un balazo o una explosión. Esto es lo que desconcierta en las estadísticas de República Centroafricana: con unos 10 grupos armados operando en el país irregularmente (incluido el temible Lord’s Resistance Army (LRA), liderado por Kony, que aparentemente se encuentra en el sureste), y a pesar de ser uno de los cinco países con la mortalidad más alta del mundo (a veces entre tres y cinco veces mayor que el umbral de emergencia) y de tener la segunda esperanza de vida más baja (48 años), el número de fallecidos directamente por los enfrentamientos es relativamente bajo.
El grupo armado más mortífero de la República Centroafricana (RCA) lo forman los mosquitos que transmiten la malaria. Y ésta se apoya en la falta de inversión en atención sanitaria para una población que ha hecho del desplazamiento una forma de vida a la fuerza. Cuanto más tiempo transcurren en los bosques, más enfermos se vuelven los enfermos, más vulnerables los vulnerables. El bosque es un refugio para valientes. Y da tanto miedo que ni siquiera los grupos armados suelen adentrarse en él a buscar civiles. Los niños lo saben y esperan con los ojos abiertos.

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