La falta de lluvias y la negligencia de los donantes agravan la emergencia en Somalia

Sharifo Nur Osman, de 50 años, huyó de la violencia en Mogadiscio y de la sequía en su aldea. "Viajamos con otras familias", cuenta.
Sharifo Nur Osman, de 50 años, huyó de la violencia en Mogadiscio y de la sequía en su aldea. "Viajamos con otras familias", cuenta. Somalia, enero, 2026.© Marwan Abdinor Ali/MSF

Somalia se enfrenta a una grave crisis sanitaria y nutricional tras la ausencia consecutiva de temporadas de lluvias, el aumento vertiginoso de los precios del agua y los drásticos recortes en la ayuda humanitaria. En noviembre de 2025, el Gobierno Federal de Somalia declaró la emergencia por sequía. Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) están presenciando un fuerte aumento de los casos de desnutrición y brotes de enfermedades prevenibles, como el sarampión, la difteria y la diarrea acuosa aguda, entre las poblaciones desplazadas y las comunidades de acogida que acuden a los centros de salud de Baidoa y Mudug.

 

Cuando la sequía arrasó la pequeña granja de Safia Sheikh en Bakool, no tuvo más remedio que irse. Llegamos a Baidoa porque nuestros campos no producían nada. Todo se secó". Crisis en Somalia.
Cuando la sequía arrasó la pequeña granja de Safia Sheikh en Bakool, no tuvo más remedio que irse. Llegamos a Baidoa porque nuestros campos no producían nada. Todo se secó”. © Bishar Mayow/MSF[/caption]

 

Somalia, considerado uno de los países más vulnerables al clima del mundo, se enfrenta a crisis climáticas recurrentes, como sequías e inundaciones devastadoras. Tras cuatro temporadas de lluvias consecutivas fallidas, informes de la ONU indicaron que 4,4 millones de personas podrían enfrentarse a una inseguridad alimentaria de nivel de crisis o incluso peor para finales de 2025, incluyendo 1,85 millones de niños y niñas menores de cinco años en riesgo de desnutrición aguda. Los mismos informes muestran que más de 3,3 millones de personas ya se han visto obligadas a abandonar sus hogares, muchas de ellas llegando a campos sobrepoblados en los alrededores de Baidoa y Mudug. A medida que la financiación humanitaria alcanza su nivel más bajo en una década, los servicios esenciales están colapsando. Desde principios de 2025, más de 200 centros de salud y nutrición han cerrado en todo el país, y la asistencia alimentaria se ha reducido de 1,1 millones de personas al mes a tan solo 350,000.

En Baidoa, en octubre de 2025, el equipo de MSF observó una tendencia preocupante: los ingresos por desnutrición aguda grave aumentaron un 48% en comparación con el mes anterior. Simultáneamente, 189 niños y niñas recibieron tratamiento por sospecha de sarampión, el 95% de los cuales nunca habían sido vacunados. En la región de Mudug, los ingresos por desnutrición aguda grave en centros de alimentación terapéutica aumentaron un 35% durante el mismo periodo. En toda la región, más de 182 centros de salud han cerrado o funcionan solo parcialmente, y se estima que 300,000 niños y niñas padecen desnutrición aguda.

“Vemos que los niños y niñas llegan a nuestros hospitales en estado crítico, a menudo tras viajar durante días sin comida ni agua”, afirma Allara Ali, coordinadora del proyecto de MSF en Somalia. “La sequía no solo ha secado los pozos, sino también los sistemas de apoyo de los que dependen las familias. Nuestros equipos trabajan incansablemente para tratar la desnutrición grave y los brotes de sarampión y difteria, pero el gran volumen de pacientes está poniendo al límite nuestra capacidad. Las personas están agotada y, sin acceso inmediato al agua y a la atención médica, se perderán más vidas por causas prevenibles”.

 

Sharifo Nur Osman, de 50 años, huyó de la violencia en Mogadiscio y de la sequía en su aldea.
Sharifo Nur Osman, de 50 años, huyó de la violencia en Mogadiscio y de la sequía en su aldea. Somalia, 2026. © Marwan Abdinor Ali/MSF[/caption]

 

La sequía ha devastado los medios de vida, obligando a las familias a abandonar sus hogares y buscar refugio en campos para personas desplazadas que ya se encuentran sobrepoblados, donde el acceso al agua y al saneamiento es muy limitado. El precio del agua se ha disparado a niveles inasequibles, con un barril de 200 litros que cuesta entre 2,50 y 4 dólares estadounidenses en Baidoa y Mudug.

“La mayoría de los hombres están desempleados, y las mujeres están embarazadas o cuidando niños”, describió Kaltuma Kerow, una madre de 35 años que vive en un campo para personas desplazadas internamente (PDI) en Baidoa. “No podemos permitirnos el agua. Sufrimos una escasez extrema de alimentos y agua, y tememos enfermedades como el cólera. El hambre y la falta de agua potable lo están empeorando todo”.

En respuesta a la grave escasez de agua, MSF iniciamos una operación de emergencia de transporte de agua en camiones cisterna en Baidoa en diciembre de 2025. A mediados de enero, los equipos distribuyeron más de 6 millones de litros de agua potable en 17 campos para personas desplazadas internamente, instalando depósitos de agua y lámparas solares para mejorar la seguridad y el acceso. A pesar de este intenso esfuerzo, la magnitud de las necesidades sigue siendo abrumadora. Rahma Bashiir, una madre de 38 años que vive en un campo para desplazados internos en Galkayo, ha sido desplazada en múltiples ocasiones por el conflicto y la sequía. “Todas mis cabras y ovejas murieron. No podemos permitirnos agua potable, ya que un barril cuesta 4 dólares, y nuestros hijos enferman por beber agua salada”, dijo. “Los medicamentos de la farmacia no ayudan cuando se tiene hambre”.

 

Sharifo Nur Osman, de 50 años, huyó de la violencia en Mogadiscio y de la sequía en su aldea. "Viajamos con otras familias", cuenta.
Sharifo Nur Osman, de 50 años, huyó de la violencia en Mogadiscio y de la sequía en su aldea. “Viajamos con otras familias”, cuenta. Somalia, enero, 2026.© Marwan Abdinor Ali/MSF[/caption]

 

“Esta situación es inaceptable porque es predecible y en gran medida prevenible”, declaró Elshafie Mohamed, representante de MSF en Somalia. “La respuesta humanitaria actual está en su nivel más bajo en una década, dejando a millones de personas sin acceso a atención médica básica, alimentos ni agua. La comunidad internacional y las autoridades somalíes deben actuar urgentemente para evitar una pérdida catastrófica de vidas en los próximos meses”.

Médicos Sin Fronteras pedimos que se tomen medidas inmediatas para ampliar los programas de nutrición, las campañas de vacunación y los servicios de agua, junto con un compromiso sostenido para ayudar a las comunidades a soportar los recurrentes impactos climáticos. Ahora que la estación seca de Jilaal ya ha comenzado y se prevé que las necesidades aumenten aún más, MSF instamos a los donantes y a las autoridades a que destinen rápidamente fondos de emergencia para proporcionar asistencia vital, al tiempo que invierten en medidas a más largo plazo, como infraestructuras hídricas resistentes al clima y apoyo sostenido a los servicios de salud y las vacunas esenciales. Sin una respuesta multisectorial consolidada, no se podrá evitar una pérdida masiva de vidas humanas.

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