La grave situación de la población de Sudán del Sur y la urgencia de actuar para prevenir una crisis

Aisha Ibrahim acompaña a su madre a la clínica móvil que gestiona MSF para desplazados de Sudán en Atam, en el condado de Renk, Sudán del Sur.
Aisha Ibrahim acompaña a su madre a la clínica móvil que gestiona MSF para desplazados de Sudán en Atam, en el condado de Renk, Sudán del Sur. © Paula Casado Aguirregabiria/MSF

Una confluencia de conflictos, fenómenos climáticos que van desde sequías hasta inundaciones, y la desnutrición, en medio de los recortes de la ayuda humanitaria, han sumido a Sudán del Sur en las peores condiciones que ha vivido la población desde que el acuerdo de paz de 2018 ofreció un atisbo de esperanza tras cinco años de guerra civil. A pesar de las grandes esperanzas que generó la independencia en 2011, el pueblo de Sudán del Sur se enfrenta a las peores condiciones que ha vivido la nación desde 2018.

Por Mamman Mustapha, anterior jefe de misión de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Sudán del Sur.

 

Mamman Mustapha
Mamman Mustapha. © MSF[/caption]

 

Cuando Sudán del Sur emergió como la nación más joven del mundo en 2011, la esperanza de un nuevo comienzo se avivó. Pero tan solo dos años después, el país se sumió en una brutal guerra civil. El acuerdo de paz de 2018 ofreció una frágil oportunidad de recuperación, pero en 2025 esa esperanza se ha visto truncada.

El año pasado se produjo la escalada de violencia más grave desde el acuerdo de paz. Más de 300,000 personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares y al menos 2,000 murieron a medida que los combates se extendían de un estado a otro. En el primer semestre de 2025, solo MSF atendimos a más de 740 personas por lesiones relacionadas con la violencia en Jonglei y Alto Nilo, incluyendo heridas de bala y quemaduras.

 

La financiación disminuye justo cuando el conflicto aumenta las necesidades.

El recrudecimiento del conflicto se produce precisamente cuando la ayuda internacional, en particular el apoyo a los servicios de salud, cae a su nivel más bajo desde la independencia. En las zonas donde trabaja MSF, los centros de salud apenas funcionan o han cerrado por completo. El Proyecto de Transformación del Sector Salud —la iniciativa de múltiples donantes lanzada en julio de 2024 para apoyar a 1,158 centros— se tambalea, ya que aproximadamente el 30% de los centros seleccionados no reciben ningún apoyo. Muchos de los que sí lo reciben siguen paralizados por el desabastecimiento y la falta de personal. Para agravar la situación, el gobierno asigna menos del 2% de su presupuesto nacional a la salud, muy por debajo de su propio compromiso del 15%.

El resultado es una tormenta perfecta. Los enfrentamientos armados ahora convergen con inundaciones, desnutrición aguda, brotes de enfermedades y el colapso casi total de los servicios básicos. Millones de sursudaneses se ven empujados a una catástrofe a una escala no vista desde 2018.

No es solo la falta de recursos o un sistema de ayuda deficiente lo que ha provocado el cierre de instalaciones. La violencia ha implicado ataques directos e indiscriminados contra civiles e instalaciones médicas, en violación del derecho internacional humanitario. MSF ha sufrido nueve ataques contra sus hospitales o personal este año, lo que ha provocado el cierre forzoso de dos hospitales en el Gran Alto Nilo, así como la suspensión de las actividades esenciales de atención primaria en Jonglei, Alto Nilo y Equatoria Central. Nada de esto puede convertirse en la “nueva normalidad”.

En muchas zonas afectadas por conflictos y de difícil acceso, los actores médico humanitarios como MSF son los únicos que brindan servicios vitales. Cuando las instalaciones son destruidas, las comunidades se quedan sin un lugar al que recurrir. El cierre de dos hospitales y la suspensión de servicios dejaron a más de 400,000 personas sin acceso a la atención médica esencial. Cuando un hospital de MSF en Ulang fue atacado y saqueado, más de 100 pacientes —mujeres embarazadas, niñas, niños y sobrevivientes de violencia— recibían tratamiento crítico en ese momento.

Un colega de MSF describe cómo huyó de Ulang y se refugió temporalmente en un centro de salud en el condado de Nasir. Presenció a una madre llegar en labor de parto, pero su bebé murió. Cuando la madre desarrolló una infección posparto, el personal tuvo dificultades para brindar atención debido a la falta de equipo y medicamentos esenciales, incluyendo antibióticos. Desplazados nuevamente por los bombardeos aéreos, el equipo de MSF trasladó a la madre a la frontera con Etiopía, el lugar más cercano donde podía recibir tratamiento.

 

Aisha Ibrahim acompaña a su madre a la clínica móvil que gestiona MSF para desplazados de Sudán en Atam, en el condado de Renk, Sudán del Sur.
Aisha Ibrahim acompaña a su madre a la clínica móvil que gestiona MSF para desplazados de Sudán en Atam, en el condado de Renk, Sudán del Sur. © Paula Casado Aguirregabiria/MSF[/caption]

 

El sistema de salud actual ya no da abasto, y un número inaceptablemente alto de personas, principalmente mujeres, niñas  y niños, sigue muriendo por enfermedades tratables y prevenibles. Las personas llegan a las instalaciones y descubre que no hay medicamentos. Además, desde el comienzo de la guerra en Sudán, más de un millón de retornados y refugiados han entrado en Sudán del Sur en busca de seguridad, lo que ha aumentado la presión sobre un sistema médico y humanitario ya de por sí frágil.

 

La fatiga de los donantes no puede definir el 2026

El apoyo de los donantes al sistema de salud ha disminuido en los últimos años. Los importantes recortes de UK Aid Direct en 2022 dejaron a alrededor de 200 centros, incluyendo ocho hospitales importantes, sin apoyo. A principios de 2025, Estados Unidos, que financió el 55% del llamado humanitario de Sudán del Sur, anunció la suspensión y posterior rescisión de muchos contratos humanitarios.

Lo que se necesita ahora es un cambio en la respuesta y un compromiso renovado por parte de los donantes, no una retirada. La magnitud del sufrimiento está aumentando y ninguna organización puede cubrir las carencias por sí sola. La comunidad internacional debe renovar su compromiso: la financiación no puede flaquear y la fatiga de los donantes no puede definir el 2026.

Al mismo tiempo, el sistema de salud del país necesita apoyo urgente y tangible. Programas como el Proyecto de Transformación del Sector Salud son vitales, pero no pueden funcionar solo en teoría. Los medicamentos deben llegar a quienes los necesitan, las instalaciones deben contar con personal y equipo, y la atención debe ir más allá de lo básico para satisfacer las necesidades urgentes que salvan vidas.

Los niños y niñas, las familias y las comunidades de Sudán del Sur merecen más que planes y promesas: el mundo debe cumplir. Para que esto suceda, debe garantizarse el acceso humanitario, la protección de la población civil y el respeto a los centros de salud. El Gobierno de Sudán del Sur también debe aumentar las asignaciones de su presupuesto nacional para la salud, de acuerdo con su compromiso de la Declaración de Abuja de asignar el 15% a la salud. Si no se toman medidas, otra crisis, que se agrava día a día, se está gestando en África Oriental, una región ya azotada por múltiples emergencias.

 

MSF atiende a pacientes con desnutrición, TB/VIH en en Leer, estado de Unity. Sudán del Sur
Nyethiey Gatdor, de 20 años, fue ingresada en el hospital de MSF en Leer con su bebé de 18 meses. Ambos están infectados con tuberculosis y el bebé también sufre de desnutrición. © Kristen Poels/MSF[/caption]

 

Mamman Mustapha se unió a MSF como enfermero en 2007, trabajando en programas de nutrición y sarampión en el norte de Nigeria. Desde entonces, ha trabajado en varios países, como Nigeria, Sudán del Sur, Yemen, Uganda, Afganistán y Libia.

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