La violencia contra la mujer no termina el día de la agresión

La violencia sexual es una urgencia médica. Y como toda urgencia, no puede esperar a que amanezca, no puede depender del turno de alguien más, no puede quedar sujeta a prejuicios.

Una paciente del Centro de Atención Integral de la Ciudad de México fue dada de alta tras completar su tratamiento. Es sobreviviente de violencia sexual en la ruta migratoria tras huir de la violencia en su país de origen. Hoy ha recuperado su funcionalidad y continúa luchando por una vida mejor.
Una paciente del Centro de Atención Integral de la Ciudad de México fue dada de alta tras completar su tratamiento. Es sobreviviente de violencia sexual. Hoy ha recuperado su funcionalidad y continúa luchando por una vida mejor. © Yotibel Moreno/MSF

Por años he escuchado historias que empiezan con una frase que se repite como un eco: “No sabía a dónde ir” o “tenía mucho miedo de decir lo que me hicieron”.

Por Karla Gutiérrez, Gestora de Asuntos Humanitarios de MSF en México.

Como trabajadora humanitaria en Médicos Sin Fronteras (MSF) he acompañado a mujeres, niñas, adolescentes, también hombres y personas LGBTQI+ que han sobrevivido a violencia sexual. He aprendido que la violencia no termina cuando ocurre la agresión: continúa cuando el Estado no garantiza las condiciones y los recursos necesarios para asegurar una atención médica oportuna, integral, de calidad, confidencial y libre de estigma para todas las personas sobrevivientes de este tipo de violencia. Continúa cuando una puerta está cerrada, cuando un servicio no funciona de noche, o cuando una distancia geográfica también te aleja de la posibilidad de solicitar ayuda. Cuando un servidor público en una ventanilla duda del testimonio, juzga o cuestiona a la persona sobreviviente.

 

Sesión grupal de salud mental con personas en situación de movilidad en Tapachula, en la frontera de México con Guatemala.
Sesión grupal de salud mental con personas en situación de movilidad en Tapachula, en la frontera de México con Guatemala. © Yotibel Moreno/MSF[/caption]

 

En México, sobrevivir a una agresión sexual no garantiza recibir atención médica inmediata. Lo vemos desde nuestros proyectos en Ciudad de México, Estado de México, en Tapachula y en Ciudad Juárez. La violencia ocurre en el tránsito migratorio, pero también dentro de las relaciones de pareja, en el núcleo familiar, en espacios cotidianos que deberían ser seguros. No distingue edad, estatus migratorio, o situación económica, pero si hace que las vulnerabilidades de las víctimas sean más profundas y los efectos devastadores. Y cuando el sistema falla, la violencia se prolonga y se hace más intensa. En todos nuestros proyectos activos durante 2025, los equipos de MSF han atendido a mujeres horas, días o meses después de haber sido agredidas, temerosas de solicitar los servicios médicos por miedo a ser señaladas o juzgadas; a niñas y adolescentes violentadas en espacios donde deberían estar seguras; a mujeres que fueron agredidas una y otra vez por “el amor de su vida”. Hemos acompañado a mujeres que cruzaron fronteras huyendo de situaciones que ponían en riesgo su vida en sus lugares de origen y que, adicionalmente, han tenido que enfrentar múltiples formas de violencia y contextos simultáneos de desprotección. Cada historia es distinta, pero todas comparten algo: la urgencia de ser atendidas.

Existe una ventana crítica de atención después de una agresión sexual. 72 horas que pueden marcar la diferencia entre prevenir o no una infección por VIH y hepatitis (accediendo a profilaxis post exposición), 120 horas que te permitirán acceder o no a anticoncepción de emergencia para evitar un embarazo no deseado, y hasta seis meses para evitar, diagnosticar y curar enfermedades de transmisión sexual como sífilis. Acceder a una atención integral, gratuita y confidencial puede cambiar vidas. Lamentablemente, solo una minoría logra llegar a las atenciones médicas dentro del plazo inicial de 72 horas.

 

Kit preparado para atender casos de violencia sexual en las primeras 72 horas en el Centro de Atención Integral (CAI).
Kit preparado para atender casos de violencia sexual en las primeras 72 horas en el Centro de Atención Integral (CAI). © Maria Chavarria/MSF[/caption]

 

En 2025, en las actividades de MSF que comprendían proyectos también en Reynosa, Matamoros y Coatzacoalcos, además del Centro de Atención Integral (CAI), Tapachula, CDMX y Ciudad Juárez, atendimos a 261 casos de personas sobrevivientes de violencia sexual. Sin embargo, solo 23 casos, es decir, el 8.8%, fueron atendidos durante las 72 horas posteriores a la agresión.

Perder esta ventana no es un descuido individual, es parte de una falla estructural. Cuando los servicios no están disponibles las 24 horas, cuando no hay personal capacitado, especializado y sensibilizado para atender este tipo de casos, cuando la atención está fragmentada entre salud, protección y justicia, cuando no existen rutas claras de referencia, cuando el estigma institucional pesa más que el derecho a la atención médica, o cuando las personas sobrevivientes ni siquiera tienen la información que necesitan para tratar de acceder a los servicios de emergencia.

La violencia sexual es una urgencia médica. Y como toda urgencia, no puede esperar a que amanezca, no puede depender del turno de alguien más, no puede quedar sujeta a prejuicios. La atención oportuna no sólo previene infecciones, enfermedades o embarazos no deseados, también reduce el impacto del trauma, evita nuevas formas de violencia y salva vidas.

 

Una paciente del Centro de Atención Integral de la Ciudad de México fue dada de alta tras completar su tratamiento. Es sobreviviente de violencia sexual en la ruta migratoria tras huir de la violencia en su país de origen. Hoy ha recuperado su funcionalidad y continúa luchando por una vida mejor.
Una paciente del Centro de Atención Integral de la Ciudad de México fue dada de alta tras completar su tratamiento. Es sobreviviente de violencia sexual. Hoy ha recuperado su funcionalidad y continúa luchando por una vida mejor. © Yotibel Moreno/MSF[/caption]

 

Mi trabajo me ha permitido ser testigo de cómo una atención digna transforma. Cuando una persona sobreviviente es recibida sin preguntas que juzgan, cuando se le explica cada procedimiento con respeto, cuando puede decidir sobre su propio cuerpo, algo cambia. En medio del dolor, recupera una parte de su autonomía, recupera un poco de poder.

Pero también he visto lo contrario, he visto cómo el estigma hiere por segunda vez, cómo la desconfianza institucional hace que muchas personas nunca regresen a solicitar servicios públicos, cómo el silencio se convierte en la única opción cuando el sistema no escucha, cuando no te quedan alternativas. Los 261 casos detectados por MSF, por supuesto, son tan sólo una fracción de una realidad más amplia, pero revela las fallas que deben ser atendidas con urgencia: acceso tardío a una respuesta médica y brechas en la respuesta institucional.

Este 8 de marzo no quiero hablar solo de cifras, quiero hablar de responsabilidad. Necesitamos que en México se garantice una atención médica oportuna en casos de violencia sexual, con servicios disponibles las 24 horas, insumos médicos esenciales asegurados, y personal capacitado en protocolos clínicos sensibles, con enfoque centrado en la persona sobreviviente, con una oferta de servicios que responda a las distintas necesidades, realidades y contextos de las personas que se enfrentan a la violencia sexual.

 

Kelly, enfermera de MSF, sale de la consulta después de atender a una mujer en las afueras de la Ciudad de México.
Kelly, enfermera de MSF, sale de la consulta después de atender a una mujer en las afueras de la Ciudad de México. © Sofía Gavilán Yelou/MSF[/caption]

 

También necesitamos combatir el estigma desde las instituciones, con capacitaciones obligatorias en género, derechos humanos y atención no revictimizante para todas las y los servidores públicos que intervienen en la atención de las personas sobrevivientes de violencia sexual. Es indispensable articular protocolos de atención que contemplen el acceso a la salud, la protección y la justicia para que ninguna persona tenga que contar su historia una y otra vez, para que ninguna persona vuelva a sentirse culpable o juzgada al momento de solicitar ayuda, para que ninguna persona sobreviviente vuelva a sentir temor de ejercer sus derechos.

No garantizar una atención eficaz, integral y de calidad también constituye la cadena de violencia que viven las personas sobrevivientes.

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