Lo que quedó tras las llamas: cuatro años de guerra total en Ucrania 

Para muchas personas que viven cerca del frente, la decisión de abandonar su hogar lleva mucho tiempo y es extremadamente difícil, a pesar del peligro extremo que corren.

Yuliia Murashkina ocupa dos habitaciones con su familia en un albergue en Dnipro, que antiguamente era un instituto científico. Ucrania, febrero de 2026.
Yuliia Murashkina ocupa dos habitaciones con su familia en un albergue en Dnipro, que antiguamente era un instituto científico. Ucrania, febrero de 2026. © Julia Kochetova

Damir tiene dos meses. Su madre, Kateryna Murashkina, tiene 17 años. Desde que nació, lo han bañado dos veces: una en el hospital y otra en un día excepcional en el que volvió la electricidad por un breve periodo de tiempo. Kateryna y Damir viven en un antiguo instituto científico de Dnipro, reconvertido en refugio en 2022, cuando inició la guerra en Ucrania. En el refugio los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) brindan consultas médicas a los residentes.

“Ahora usamos toallitas porque hace mucho frío”, explica. “La habitación no se calienta a tiempo para bañarlo. Tengo miedo de que mi hijo se resfríe”. 

 

Kateryna Murashkina sostiene a su bebé de dos meses, Damir. Se encuentran en un albergue en Dnipro, una antigua institución científica reconvertida. Ucrania, febrero de 2026.
Kateryna Murashkina sostiene a su bebé de dos meses, Damir. Se encuentran en un refugio en Dnipro, una antigua institución científica. Ucrania, febrero de 2026. © Julia Kochetova[/caption]

 

Alrededor de 270 personas desplazadas de zonas ocupadas o ciudades reducidas a ruinas viven ahora allí. Los repetidos ataques de las fuerzas rusas contra las infraestructuras energéticas hacen que los residentes pasen días sin calefacción, agua ni electricidad, con temperaturas que bajan hasta los -20 °C. 

La presencia de MSF en refugios como este, a través de clínicas médicas móviles, refleja las crecientes necesidades de las personas desplazadas, ya que los combates siguen vaciando pueblos y aldeas. Las consultas realizadas a través de las clínicas médicas móviles se duplicaron con creces en 2025 en comparación con 2024, pasando de 4,327 a 9,500. 

Para muchas personas que viven cerca del frente, la decisión de abandonar su hogar lleva mucho tiempo y es extremadamente difícil, a pesar del peligro extremo que corren. Con medios económicos limitados y pocas alternativas, las personas mayores y las que padecen enfermedades crónicas suelen permanecer en sus hogares hasta que los bombardeos continuos y el colapso de las infraestructuras y los servicios esenciales, incluyendo los servicios médicos, no les dejan otra opción que huir. 

 

El vecino de Zinaida, con quien se mantenía en contacto, contó que durante la ocupación, soldados rusos que entraron en Lyman robaron su casa.
El vecino de Zinaida, con quien se mantenía en contacto, contó que durante la ocupación, soldados rusos que entraron en Lyman robaron su casa. © Julia Kochetova[/caption]

 

La magnitud de la destrucción en Ucrania es enorme y no ha hecho más que aumentar desde que las fuerzas rusas invadieron el país en 2022. La naturaleza de la guerra en primera línea, que incluye artillería, drones y misiles, hace que nada ni nadie se salve a medida que avanza. Los equipos de MSF también se han visto obligados a adaptarse, abandonando siete hospitales y más de 40 lugares donde tenían clínicas móviles. 

Lyman, en la región de Donetsk, es uno de los distritos en los que MSF gestionaba clínicas médicas móviles antes de que la inseguridad hiciera imposibles las operaciones. En junio de 2024, las actividades se suspendieron por completo. En la actualidad, aproximadamente 2,000 residentes permanecen en la ciudad del frente, la cual es epicentro de bombardeos a diario. 

Lyman también era el hogar de Zinaida Babisheva, de 67 años, que ahora vive en el refugio para personas desplazadas de Dnipro. Ella recuerda la vida antes de la invasión a gran escala. Recuerda sacar las mesas a la calle en días festivos para comer con los vecinos. Recuerda su jardín. 

“Teníamos manzanas, ciruelas, cerezas, peras, melocotones. Muchas rosas y lirios. Ahora mi hija cultiva flores, pero yo ya no tengo ganas de hacer nada”. 

 

“Muchas familias vinieron aquí con niños pequeños. Antes los cargábamos en brazos, y ahora, miren, ya son grandes y corren solos. El tiempo vuela”, dice Anastasiia Kravchenko, administradora del refugio, quien también vive allí.
Cuatro años de guerra en Ucrania: “Muchas familias vinieron aquí con niños pequeños. Ahora ya son grandes y corren solos. El tiempo vuela”, dice Anastasiia Kravchenko, administradora de unl refugio, quien también vive allí. © Julia Kochetova[/caption]

 

Liubov Kuzmenko, de 65 años, de Siverskodonetsk, también vive en el refugio con Zinaida, Kateryna y Damir. Cuenta que su departamento fue saqueado después de que las fuerzas rusas tomaran el control. Pero lo que más le pesa es la separación de su familia. 

“Mis padres se quedaron bajo la ocupación. Mi padre murió en 2024 y no pude volver para enterrarlo. Le envío mensajes de vídeo a mi madre, me duele no poder estar allí”. 

A medida que la guerra en Ucrania se prolonga, los hospitales, las farmacias, las escuelas y las tiendas han sido destruidas o cerradas. Comunidades enteras se han vuelto inhabitables. A medida que continúan los combates, el desplazamiento ha aumentado y las necesidades humanitarias se vuelven más complejas y prolongadas. 

Médicos Sin Fronteras seguimos brindando atención médica y psicológica en toda Ucrania. Apoyamos a los hospitales cercanos al frente, gestionamos ambulancias para los heridos de guerra y clínicas móviles en los refugios y comunidades que acogen a personas desplazadas y en lugares donde las personas intentan permanecer a pesar del colapso de los servicios y el avance del frente. 

 

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