México: “Pacientes de violencia extrema no reciben asistencia médica”

MSF brinda asistencia a la población migrante en Tapachula, Chiapas
La población migrante no es difícil de detectar aquí, ya que se reúnen en plazas y parques, en casas de cambio o en la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), para obtener permisos de tránsito y continuar su viaje hacia el norte. ©MSF/Yesika Ocampo

Alrededor de 30,000 personas migrantes se concentran a diario en Tapachula (Chiapas). Son población flotante, ya que miles de personas ingresan cada día por este punto en el sur de México y otros tantos lo abandonan hacia la frontera norte.

La población migrante es muy visible, se agrupa en plazas y parques, en las casas de cambio o en la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) para obtener permisos de tránsito y continuar su viaje hacia el norte.

Miguel Gil, psicólogo de MSF con 10 años de experiencia en proyectos de atención a personas migrantes, nos explica cuál es la situación en esta ciudad y cuál es la tarea de Médicos Sin Fronteras allá.

 

¿Qué hace Médicos Sin Fronteras (MSF) en Tapachula?

En un inicio, un experto en salud mental visitaba albergues y otras instituciones para pacientes víctimas de violencia extrema, tortura y tratos crueles e inhumanos que pudieran ser tratados en el Centro de Atención Integral (CAI), un espacio especializado para la atención de estos pacientes que MSF opera en la Ciudad de México.

Desde hace un año hemos ampliado las actividades, y además de la atención a víctimas de tortura o violencia extrema, también brindamos atención en salud mental para las personas migrantes y atención a víctimas de violencia sexual, principalmente. A través de este proyecto hemos asistido a 173 personas.

MSF brinda asistencia a la población migrante en Tapachula, Chiapas
Miguel Gil, psicólogo de MSF. ©MSF/Yesika Ocampo

 

¿Cuáles son las condiciones para las personas migrantes en la ciudad de Tapachula?

El municipio no tiene la capacidad suficiente para asistir a esta población, no se cuenta con espacios ni servicios básicos. Hay albergues de otras organizaciones, pero no tienen la capacidad para atender a tantas personas y existe una falta de acceso a la salud en general. En lo que respecta a personas migrantes que han sido víctimas de violencia y/o tortura somos la única organización que ofrece atención especializada.

Algunos migrantes rentan viviendas. En la ciudad hay zonas delimitadas de acuerdo con sus nacionalidades. La población migrante sigue siendo muy visible, está en todas partes del municipio, muchos de ellos viven en las calles.  La mayoría son de Haití y Honduras, recientemente ha crecido la población venezolana; éstos suelen avanzar más rápido por medio de pequeñas caravanas que buscan evitar detenciones y deportaciones.

 

¿Cuáles son los síntomas más comunes de sus pacientes?

La población que sufre violencia extrema presenta síntomas muy críticos. Los principales síntomas que asistimos son estrés postraumático, depresión aguda y ansiedad. Algunos de nuestros pacientes no tienen deseos de seguir viviendo. Tenemos pacientes que han sido víctimas de violación, otros han sido heridos con armas de fuego, fueron mutilados o presenciaron el asesinato de algún familiar. Para tratar de dimensionar un poco la severidad de estos síntomas podría decir que nunca había atendido a tantas personas con ideación suicida como aquí. Solo en el mes de agosto fueron tres casos, eso es demasiado.

A esto se añaden otros factores que agravan estos síntomas como la falta de acceso a la asistencia humanitaria, esto es algo que también les afecta emocionalmente. Los cambios en las políticas migratorias también impactan en la salud mental, así como la incertidumbre y el rechazo.

 

¿Cómo es el acceso a la salud?

El acceso a la salud de las personas migrantes no está garantizado. Mucho menos la salud mental. Todavía está muy restringido en los centros de salud y se discrimina a la población migrante frente a la población local. Tenemos casos de pacientes psiquiátricos que están en riesgo y el acceso a la salud pública para ellos no existe, incluso para la población local. El único Hospital Psiquiátrico está en Tuxtla Gutiérrez, a más de 4 horas de aquí. Pareciera que se atiende a todos sin necesidad de papeles, pero los centros de salud y albergues asignan un determinado número de consultas y hay determinados servicios o medicamentos que se les niegan por ser migrantes. 

Hay mujeres que necesitan control prenatal y no tienen acceso. Los hospitales tampoco se hacen cargo de los materiales de quirófano. Y hemos documentado casos de violencia obstétrica. Muchos pacientes nos han relatado que se les negó la atención o que no fueron tratados con respeto.

 

¿Cómo está conformado el equipo de MSF? ¿Qué otras actividades realizan?

Somos seis psicólogos, dos médicos, dos trabajadoras sociales, un agente de involucramiento comunitario psicosocial, una supervisora de salud mental y una responsable de equipo.

 

¿Qué hacen con los casos más complejos de pacientes que han sufrido tortura?

Los casos más complejos son enviados al Centro de Atención Integral que tenemos en la Ciudad de México, donde personal médico, psicológico, de fisioterapia y trabajo social brinda atención especializada multidisciplinar tanto apersonas migrantes, refugiadas como a  población mexicana que han sido víctimas de violencia extrema y tortura.

 

¿Qué representa para ti formar parte de este proyecto?

Poder poner mi granito de arena. Que el equipo se sienta motivado en un contexto con tantas necesidades. Lograr hacer referencias al sistema de salud y que los pacientes puedan tener acceso y garantizar su salud es lo más satisfactorio para mí. Atender a esta población que está en el olvido. Creo que, de las 30,000 personas migrantes de Tapachula, el 5% de ellos ha sufrido violencia extrema. Lo que esta población requiere de todos nosotros, en mi opinión, como seres humanos, como mexicanos que los recibimos, es empatía.

El último paciente que vi con intención suicida me dijo “te lo cuento a ti porque yo te veo como a un padre” y eso me afectó mucho. Son emociones muy fuertes.

Creo que hace falta sensibilizar a la población local, exponer historias de vida y testimonios. Saber quiénes son los que vienen, sus historias, reconocer que muchos de los padres, de los abuelos o bisabuelos, ciudadanos de Tapachula, fueron migrantes.

Desafortunadamente, continúan las crisis que obligan a las personas a salir de sus hogares y buscar refugio. Continúan la violencia y la crueldad que experimentan en sus países y en la ruta. A lo largo de los años, desde que llevamos el proyecto de atención de migrantes en México, la situación no ha mejorado, solamente se ha deteriorado. Los casos que nosotros atendemos de violencia extrema y tortura son solo la punta del iceberg.

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