Testimonios de pacientes de mordedura de serpiente

Arop Magut’s foot

Varios pacientes cuentan su testimonio sobre la mordedura de serpiente y las dificultades que pudieron sufrir antes de llegar al hospital de MSF.

Se estima que, cada año, 5,4 millones de personas son mordidas por serpientes. Hasta 2,7 millones resultan envenenadas, 100,000 fallecen por ello y 400,000 quedan desfiguradas o discapacitadas de por vida.

El envenenamiento por mordedura de serpiente afecta principalmente a la población rural pobre, incluidos trabajadores migrantes, agricultores y personas desplazadas que huyen de los conflictos o la violencia. Las toxinas matan a más personas que cualquier otra enfermedad en la lista de Enfermedades Tropicales Desatendidas de la OMS.
 
Hemos sido testigos del impacto devastador de las mordeduras de serpientes en las víctimas, sus familias y comunidades en muchos de los lugares donde trabajamos. Aparte de las víctimas mortales y las discapacidades graves, los sobrevivientes de mordeduras de serpientes suelen padecer estigma y discriminación, y muchas familias se ven obligadas a endeudarse en sus intentos de conseguir tratamiento. Algunos de nuestros pacientes nos compartieron sus historias.
 

Athian Akol Madut, 39 años. Tío de Awien Maguor, diez años. Originarios de Agache, a 3 horas a pie del hospital de Agok.

 
Mi sobrina fue mordida por una serpiente en el brazo en la noche mientras dormía. La tratamos como nos decían los miembros de la comunidad. Capturamos una rana, la cortamos en dos y la colocamos en la herida para evitar que el veneno se propagara. Le dimos huevo crudo para hacer que vomitara, pero no funcionó. Así que también le hicimos una poción hecha de semillas y hojas molidas, pero no vomitó. No mejoraba y la hinchazón seguía así que decidimos ir al hospital. Estaba mareada y no podía caminar, así que la traje sobre mi espalda. Tuve que parar para descansar porque Awien pesa, no es una niña pequeña. Taramos cinco horas en llegar al hospital. 
 
El médico me preguntó por qué nos demoramos tanto y le expliqué que vivíamos muy lejos y que no tenemos a nadie que nos pudiera ayudar. Le dieron el antídoto y marcaron la parte del cuerpo donde sufría la inflamación. Esta siguió propagándose hasta llegar al pecho. El médico me propuso operarla y firmé un documento para dar mi consentimiento. Gracias a esta operación, Awien está viva. Los primeros cinco días en el hospital los pasó inconsciente. Los médicos no se dieron nunca por vencidos. Awien ha sufrido muchas operaciones. Incluso entré en el quirófano varias veces para ver las heridas y acepté que la siguieran operando. Awien estaría muerta si no estuvieran aquí.
 
 

Teresa Aluoc Majok, madre de Aluk Manut 6 años. Originarias de Gogrial (a 150 kilómetros de Agok)

 
 
 
Mi hija estaba sentada jugando en el suelo fuera de nuestra casa. Comenzaba a oscurecer cuando una serpiente se acercó y le mordió en el pie.
 
Maté a la serpiente con un palo. No sé qué especie era, pero era marrón. Pudimos ver las dos marcas de los colmillos en el pie, la herida sangraba y las piernas empezaron a hinchársele hasta la cadera. Le dolía mucho y lloraba sin consuelo. Le dimos alcohol para el dolor. No hay un hospital en Gogrial donde podamos recibir tratamiento para esto, pero vecinos de la aldea nos informaron que podíamos ir a Agok. Tardamos una noche en llegar hasta aquí. En el hospital, mi hija recibió el antídoto y fue intervenida en la pierna. Dejé al resto de mis hijos en casa para venir hasta aquí con mi hija y mi bebé. Llevamos 20 días en el hospital. Hay muchas serpientes donde vivimos y este año han resultado heridas muchas personas.
 
 

Arop Magut, 49 años, de Abathok.

 
 
 
Estaba fuera cosechando el sorgo. Las lluvias habían inundado los campos y cuando estaba trabajando en el cultivo, sentí un dolor fuerte en la pierna: era una serpiente, estaba en el agua pero no la vi. Comenzó a dolerme mucho así que me fui a casa. Me acosté, tuve fiebre y me tomé paracetamol. La fiebre bajó pero el dolor continuó. Estaba preocupado porque la pierna seguía inflamándose y tenía miedo por mi vida. Era muy doloroso y no podía moverme. Mi casa está lejos de las demás y no podía ir a pedir ayuda. Después de cuatro días, mi madre fue a pedir ayuda y unos vecinos me llevaron en mi cama hasta la misma carretera. Un coche me llevó al hospital en Agok. Tardó dos horas y media en llegar hasta aquí. Ya he sufrido cinco operaciones y dicen que tendré más. Hay muchas serpientes donde vivo y hay muchos casos de mordeduras.
 
 
 

Nyandeng Goch, 60 años. De Wungdeng, a 4 horas de Agok.

 
 
Estaba durmiendo y me desperté cuando oí a las cabras. Eran en torno a medianoche. Acudí a ver por qué gemían y cuando abrí la puerta me mordió una serpiente. Fue una víbora bufadora. No la quería matar porque la tradición dice que nuestros antepasados viven en ellas. Si la matamos, moriré. Así que simplemente llevamos la serpiente fuera del corral usando un palo. Mi pie sangraba por las heridas que habían dejado los colmillos y me dolía. Cavamos un agujero en el suelo, metí el pie y estuve así dos horas. Dicen que esto ayuda. Finalmente decidí ir al hospital. Caminé ayudándome con un palo. Salimos a las 4 de la madrugada y llegamos a la salida del sol, a las 6:30. No me quedó otra que venir caminando. No tenemos medios de transporte. Durante la temporada de lluvias, muchas serpientes entran las casas. Había una cobra que solía entrar en casa y la maté antes de que me acabara mordiendo.
 
 

Alitt Kur Agoth, 50 años, de Mading, a 5 horas de Agok.

 
 
Estaba trabajando en los cultivos cuando me mordió una serpiente. No la vi porque el pasto estaba alto. Sentí mucho dolor pero regresé a la casa. Allí cortamos el lugar donde estaba la mordedura de serpiente con una cuchilla de afeitar y colocamos una piedra negra para sacar el veneno. Tomé una poción a base de semillas trituradas para vomitar el veneno, pero no funcionó, así que también traté de comer huevo crudo para provocarme el vómito. Entonces decidimos venir al hospital. Tardamos cinco horas en llegar allí.
 
 
 

Paulino Deng, cuñado de Arna Lual, 13 años.

 
 
 
Mi joven cuñada estaba jugando afuera de la casa de la vecina por la noche y pisó una serpiente en la oscuridad. Era una víbora bufadora. Le mordió y se escapó. Dos personas trajeron a Arna a casa y luego fuimos al cuartel militar donde nos subieron a un coche para traernos al hospital. Sin embargo, el vehículo se atascó en el barro en la carretera durante una hora y media. Sangraba y lloraba mucho y la pierna estaba muy hinchada. Tardamos otras dos horas en llegar al hospital. Donde vivimos hay muchas serpientes. Algunos entran en las casas porque hay mucha agua.
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