Yemen: “Hacemos nuestro mejor esfuerzo”

Elma Wong es una anestesista originaria de Birmingham. Hace poco regresó de su misión de seis meses en un hospital de trauma gestionado por MSF en Aden, Yemen.

Elma Wong es una anestesista originaria de Birmingham. Hace poco regresó de su misión de seis semanas en un hospital de trauma gestionado por MSF en Aden, Yemen. 
 
Estaba a la mitad de mi ronda por el quirófano, examinando a los pacientes, cuando me llamaron a la sala de urgencias. Dos niños habían sido llevados rápidamente a la sala después de quedar atrapados en medio de una explosión. Una niña de tres años y su hermano de 11 años. Fui directamente hacia la niña de tres años. Todavía recuerdo su rostro. Cuando cierro mis ojos, ella está ahí. Una pequeña y linda niña con cabello café y rizado. Sólo puedo describir la expresión de su rostro como una de terror. 
 
Intenté consolarla, con mi limitado árabe, preguntándole su nombre y su edad. Me miraba con la mirada perdida. Sus padres estaban a mi lado, respondiendo mis preguntas y reconfortando a su hija. 
 
Su nombre era Janet. 
 

Apresurándose al quirófano 

 
Sabía que la mirada perdida es una mala señal. Había perdido mucha sangre y estaba dirigiéndose a la inconsciencia. Apliqué presión en la bolsa de fluidos conectada a ella al mismo tiempo que evaluaba sus heridas. Su estómago y su espalda estaban envueltos en vendajes, y cuando los quité me horroricé. Ningún niño debería estar tan herido. Nos apresuramos a llevarla al quirófano. 
 
El cuerpo de Janet se rindió cuando comenzamos la cirugía. Comencé a reanimarla y pensaba, ‘no, aún no, por favor no te rindas’. Regresó. El día fue largo, cansado y emocionalmente desgastante. Estábamos en el quirófano realizando diversas cirugías, intentando estabilizarla. En la habitación contigua, su hermano estaba luchando su propia batalla. En algún punto de la tarde me pidieron que ayudara. Su corazón se detuvo y volvió a funcionar, pero no por mucho tiempo. Le dije adiós más tarde ese mismo día. 
 

Nada más que la guerra

 
Janet se quedó conmigo en la sala de cuidados intensivos durante los siguientes días. Me permití tener fe. Fe en que sobreviviría. Fe en que yo podría marcar la diferencia. Fe en que podría regresar a esta niña a sus padres en luto. Hice un trato personal: me quedaría junto a su cama y reaccionaría oportunamente a cualquier deterioro en su salud, estaría con ella durante las operaciones y daría absolutamente lo mejor de mí como doctora. Haría todo con tal de que sobreviviera. 
 
Janet sólo tiene tres años. Nació en esta guerra. No conoce nada más.  
 
Eventualmente debo despedirme de Janet. 
 

Dando el mejor esfuerzo

 
Esta es mi novena misión con MSF. Siempre hay diferentes desafíos y diferentes momentos desgarradores. Janet rompió mi corazón. He llorado mucho por esta pequeña y hermosa niña. Pero esta es la realidad a la que nos enfrentamos. Puedo decir que durante esos días que pasamos cuidándola, hicimos lo mejor que pudimos. Estoy muy orgullosa de haber sido parte del fuerte, valiente e implacable equipo de médicos y enfermeras que cuidaron de Janet. 
 
 
No pudimos curarla, pero estuvimos ahí incansablemente, haciendo nuestro mejor esfuerzo. MSF trabaja en este hospital desde antes de que comenzara la guerra. La mayoría de los casos que vemos son resultado de disparos, bombas y explosiones. Las heridas pueden ser simplemente devastadoras. 
 
Pero nuestros equipos siguen proporcionando a las personas un lugar en donde pueden conseguir atención médica gratuita y segura. Un lugar al que las familias pueden traer a sus seres queridos, al que los padres pueden traer a sus hijos. En medio de este conflicto, el hospital sigue dando su mejor esfuerzo. 
 

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